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Esta Ruta, como las que vendrán después, es más una visita para ensalzar
los sentidos que un estudio sobre la corriente artística del modernismo. Parte de los
edificios son incluidos por mera apreciación mía, a veces no he podido constatar mis
propios datos con otras opiniones o escritos; puedo ser rebatido y tal vez existan
omisiones, pero de lo que no hay duda es que vamos a emprender una serie de rutas de gran
contenido estético.
El primero de
nuestros periplos comienza en la castiza Plaza de Paja, en pleno Madrid de los Austrias.
En el número 2 vemos una de las obras de uno de los arquitectos fundamentales del
modernismo madrileño. , Valentín Roca Carbonell, que será nuestro asiduo acompañante
en nuestro deambular de hoy. Por desgracia no tengo referencias de su vida y milagros más
allá que parece ser que fue acogido bajo el mecenazgo de la Duquesa de Fernán Núñez,
que le hará diversos encargos. El de la Plaza de la Paja, 2, es un edificio de
líneas sencillas, dónde destacan algunos elementos curvos, sobre todo en los remates del
coronamiento. El año de su realización fue 1.914.

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La Botica de la Reina Madre, creación de Jesús Carrasco
Encina (1.913), que es, junto con Roca y algún que otro más, uno de los escasos
arquitectos esencialmente modernistas que trabajan en Madrid. Carrasco crea un modernismo
muy personal, ninguno de sus diseños se parece a otro. En este caso, encontramos un
edificio algo estrecho, de poco fachada, basado en unos miradores que parecen llenarlo
todo
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Bajamos la Costanilla de San Andrés, atravesamos la calle Segovia,
tomamos la del Rollo y llegamos a la Plaza de la Villa y la calle Mayor, que seguimos
dirección a la Puerta del Sol; en el número 59, encontramos la Botica de la
Reina Madre, creación de Jesús Carrasco Encina (1.913), que es, junto con Roca y
algún que otro más, uno de los escasos arquitectos esencialmente modernistas que
trabajan en Madrid. Carrasco crea un modernismo muy personal, ninguno de sus diseños se
parece a otro. En este caso, encontramos un edificio algo estrecho, de poco fachada,
basado en unos miradores que parecen llenarlo todo.
Un poco más adelante está la calle Conde de
Miranda, que termina en la Plaza del Conde de Barajas. En el número 6 observamos la
segunda obra de Valentín Roca en esta ruta. Se trata de las Viviendas Duquesa Fernán
Núñez (1.911), el menos modernista de los edificios que de él conozco.
Estamos ante el preámbulo de una Manzana Roca (si hacemos un paralelismo
con la muy famosa Manzana Raspall), porque unos metros más allá, tomando Maestro
Victoria, encontramos 3 obras correlativas de este extraordinario arquitecto: Viviendas
Cava de San Miguel, Viviendas Cava de San Miguel y Viviendas Cava de San Miguel, 4
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Estamos ante el preámbulo de una Manzana Roca (si
hacemos un paralelismo con la muy famosa Manzana Raspall), porque unos metros más allá,
tomando Maestro Victoria, encontramos 3 obras correlativas de este extraordinario
arquitecto: Viviendas Cava de San Miguel, Viviendas Cava de San Miguel y Viviendas Cava
de San Miguel, 4. Las tres tan parecidas tras un primer golpe de vista (tonos
pastel, blancos para enmarcar, decoración floral, miradores, dinteles curvos) y, después
de avizorarlos con un poco más de tiempo, tan diferentes. La disposición de los
elementos, la diferente forma de interpretar los miradores, el ritmo floral o de los
elementos curvos
Merece la pena dedicar el tiempo necesario para la observación del
conjunto, junto y separado y deleitarse con él. Antes de reiniciar el camino, reseñar
que esta composición genial fue un encargo del mecenas de Roca, la Duquesa de
Fernán-Núñez, y son realizados entre 1.905 y 1911. Recordaremos, además, dos cosas: No
vamos a ver más de Roca en el par de rutas madrileñas diseñadas para www.revistaiberica.com
, y que jamás veremos en Madrid una sucesión de más de dos edificios modernistas. La
Cava de San Miguel es un caso único en la capital.
José López Sallaberry es uno de los arquitectos más
importantes de Madrid de principios de siglo. No es modernista, proyecta sin estilo
definido, de acuerdo al encargo que tenga entre manos, y su creatividad fue objeto de
varios premios a lo largo de su carrera. En Mayor, 5, tenemos, por tanto, su única obra
modernista, la Casa Ruiz de Velasco (1.906), que es el resultado de la modificación de
una fachada anterior. La obra no carece de los elementos modernistas al uso: flores,
curvas, nervaduras entrelazadas, vanos asimétricos, etc. Este es un edificio que no se
puede dejar de ver, a pesar de la mutación de la planta baja tras la instalación allí
de una sucursal bancaria.
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Una vez más, vamos hasta la calle Mayor, y tomamos la dirección hacia la Puerta del Sol.
Cerca de ésta, en los números 16-18, encontramos un nuevo hito de nuestro propósito, la
Antigua Compañía Colonial (1.908), edificación majestuosa y elegante.
A
destacar, la excelente utilización de las formas curvas en los vanos y el coronamiento de
las dos filas de miradores. El portal, en un lado de un edificio tan grande, da la
sensación de una asimetría muy fuerte, efecto pretendido y muy bien solucionado por los
arquitectos que firman el proyecto, los hermanos Miguel y Pedro Mathet, que se mueven en
su primera época, sobre todo éste último, claramente en los perfiles estilísticos del
modernismo, rasgos creativos que se irían difuminando con el tiempo en otras tendencias.
Ya veremos algo más de Pedro Mathet en la segunda ruta por Madrid.
José López Sallaberry es uno de los
arquitectos más importantes de Madrid de principios de siglo. No es modernista, proyecta
sin estilo definido, de acuerdo al encargo que tenga entre manos, y su creatividad fue
objeto de varios premios a lo largo de su carrera. En Mayor, 5, tenemos, por tanto, su
única obra modernista, la Casa Ruiz de Velasco (1.906), que es el
resultado de la modificación de una fachada anterior. La obra no carece de los elementos
modernistas al uso: flores, curvas, nervaduras entrelazadas, vanos asimétricos, etc. Este
es un edificio que no se puede dejar de ver, a pesar de la mutación de la planta baja
tras la instalación allí de una sucursal bancaria. Un elemento que conviene destacar,
por su rareza, es la adaptación de la primera planta para escaparate; el resultado es de
una gran armonía y belleza.
Un poco más
allá, en la calle Silva, 25, encontramos la Iglesia de la Buena Dicha, creación de
1.916-7 de Francisco García Nava, otro arquitecto no modernista, pero que aquí se deja
influir por éste en los elementos decorativos de la fachada, sobre todo por las líneas
curvas predominantes y por las influencias medievales en la composición
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Por fin, llegamos a la Puerta del Sol.
Vamos a hacer una prolongación de la ruta para ver elementos modernistas en edificios que
no llegan a serlo. Por Preciados llegamos a Callao. El Cine Callao, proyectado por Luis Gutiérrez Soto
en 1.926, tiene una importante decoración art decó y reminiscencias modernistas en esta
especia de medio torre, como un pequeño templete, que remata la semiesquina del conjunto.
Desde mi punto de vista, este edificio está más cercano al noucentisme (novecentismo) que al modernismo, claro
ejemplo de transición de éste al racionalismo.
Un poco más allá, en la calle Silva, 25, encontramos la Iglesia de
la Buena Dicha, creación de 1.916-7 de Francisco García Nava, otro arquitecto no
modernista, pero que aquí se deja influir por éste en los elementos decorativos de la
fachada, sobre todo por las líneas curvas predominantes y por las influencias medievales
en la composición.
Descabalgados un tanto del foco principal de
nuestra ruta, se pueden tomar 2 opciones: volver sobre nuestros pasos, ir a la Puerta del
Sol y tomar la Carrera de San Jerónimo y la calle de la Cruz hasta su número 16, o
llegar hasta aquí a través de la Gran Vía, donde apreciaremos un compendio de la
arquitectura madrileña de los primeros 25-30 años del siglo XX, y aunque se pueda
lamentar la ausencia de edificios modernistas en todo el tramo que realizaremos, tenemos,
en cambio, la fortuna de apreciar buena parte de las firmas fundamentales de la época,
incluido Antonio Palacio Ramilo (por partida doble), gallego de origen, pero, sin duda, la
referencia arquitectónica del Madrid de entonces. Esta opción seguiría, por ejemplo,
por Virgen de Peligros, Plaza de Canalejas, Calle de la Cruz, 16, precioso edificio de
viviendas en regular estado de conservación, que será uno de los descubrimientos de la
ruta. Localizado en guías y libros editados sobre el tema de nuestro periplo, y de
arquitectura en general, desconozco su arquitecto y año de realización. Consta de
abundante decoración floral entorno a cada uno de sus vanos, protegidos por frontones
curvos. La rejería es moderada, pero indudablemente modernista. Deleitémonos con la
contemplación de este gran desconocido y regocijémonos por su entorno, que está
restaurándose, cuando hasta hace muy poco era uno de los más degradados de Madrid. Tal
vez, con suerte, pronto le toque el turno de mejora al objeto de nuestra observación.
Continuamos hasta el final de la calle de
la Cruz, para enfilar la calle del Ángel y arribar a la Plaza homónima.Allí
esta el Hotel Reina Victoria, cuya mole invade también la inmediata Plaza de Santa Ana.
Es obra de 1.919 del peculiar Jesús Carrasco Encina, del que ya hablamos cuando vimos la
Botica de la Reina Madre, segundo hito de esta ruta. Aquí, en este antiguo hotel de
viajeros, Carrasco parece querer darnos una composición de tipología marítima, en donde
los miradores por doquier serían el suave oleaje y la torre-faro, alzada sobre el mar del
edificio y el océano de la ciudad, la luz que lleva a buen puerto. La originalidad, la
exclusividad, de Carrasco queda patente una vez más.
Atravesamos la Plaza de Santa Ana para
continuar por Huertas hasta la Plaza de Matute. El modernismo catalán es un arte total,
es una combinación de todas las artes que, muchas veces quedan plasmadas en el conjunto
de un edificio. En base a este concepto, todas las partes de una construcción tienen
vital importancia, desde la base hasta el coronamiento, teoría que rara vez se da en
Madrid, en particular, y en el resto de la España no catalana en particular. La , en la
citada Plaza de Matute, 10, encaja perfectamente en el precepto anterior. Por la
concepción de su fachada, es uno de los edificios más catalanes de Madrid, pero el
remate es un terraza-jardín, que nos hace añorar las chimeneas de la Casa Milá (La
Pedrera), o cualquier coronamiento del modernismo catalán. Eduardo Reynals (1.906), su
arquitecto, tampoco es modernista. El estilo de esta casa responde al dictado del dueño,
de quién hace el encargo, el ingeniero Pérez Villaamil. Curiosamente, la única obra
modernista que tengo catalogada de Reynals, además de ésta, está en Santander (Mercado
de la Esperanza), proyecto compartido con Juan Moya. Para incondicionales de Reynals, no
dejad de visitar el primer tramo de la Gran Vía (números 7, 12-14) y el Hotel Roma (nº
18).
Atravesamos la Plaza de Santa Ana para
continuar por Huertas hasta la Plaza de Matute. El modernismo catalán es un arte total,
es una combinación de todas las artes que, muchas veces quedan plasmadas en el conjunto
de un edificio. En base a este concepto, todas las partes de una construcción tienen
vital importancia, desde la base hasta el coronamiento, teoría que rara vez se da en
Madrid, en particular, y en el resto de la España no catalana en particular. La , en la
citada Plaza de Matute, 10, encaja perfectamente en el precepto anterior. Por la
concepción de su fachada, es uno de los edificios más catalanes de Madrid, pero el
remate es un terraza-jardín, que nos hace añorar las chimeneas de la Casa Milá (La
Pedrera), o cualquier coronamiento del modernismo catalán. Eduardo Reynals (1.906), su
arquitecto, tampoco es modernista. El estilo de esta casa responde al dictado del dueño,
de quién hace el encargo, el ingeniero Pérez Villaamil. Curiosamente, la única obra
modernista que tengo catalogada de Reynals, además de ésta, está en Santander (Mercado
de la Esperanza), proyecto compartido con Juan Moya. Para incondicionales de Reynals, no
dejad de visitar el primer tramo de la Gran Vía (números 7, 12-14) y el Hotel Roma (nº
18).
Una vez hecha la preceptiva y pormenorizada observación de este edificio, tomamos la
calle Echegaray hasta la calle Atocha, que andaremos hasta el número 47. De Atocha, 47,
podemos decir cosas muy parecidas a las citadas en Cruz, 16. De filiación desconocida,
mantiene muchas de las características de éste, aunque con una mejor conservación
exterior. El portero del edificio no supo decirme nada más que era lugar antiguo. Ante la
falta de argumentos que narrar en esta nuestra penúltima visita, aún nos queda lo más
importante: el deleite de su contemplación.Una vez saciada la vista, emprendemos el
camino hacia el fin de nuestra primera ruta. Para ello, nos dirigimos hasta Antón
Martín, para enseguida tomar la calle Santa Isabel. A la altura del número 7, está el
Cine Doré, muestra de modernismo tardío (1.922-3) del arquitecto Críspulo Moro Cabeza.
Agradezcamos su reciente y afortunada restauración para realizar nuestro último deleite
del día.
* Ricardo Muñoz es licenciado en Historia.
Actualmente se
encuentra realizando un estudio para catalogar los edificios modernistas españoles.
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