Los antiguos vinos de La
Mancha, aquéllos de fama poco gratificante que adquirían a granel otras
denominaciones y era puesto en el mercado sin referencia alguna, nada tienen que ver con
los que se elaboran en la actualidad bajo la Denominación de Origen. La puesta en
marcha del Consejo Regulador significó el inicio de una andadura que pretendía
dignificar un producto tan peculiar como desconocido por el consumidor. Perseguir
claramente tal objetivo, la valiente apuesta de la administración regional por apoyar
decididamente esta industria y el esfuerzo de los productores manchegos para acondicionar
tecnológicamente su industria han sido, en gran parte, los factores que han permitido que
el vino de La Mancha alcance, en la actualidad, altas cotas de penetración en el
mercado nacional e internacional y galardones en muchos de los más prestigiosos concursos
nacionales e internacionales.
En esta denominación, se producen vinos blancos, rosados, tintos y
espumosos. Los vinos manchegos blancos se elaboran con uva de los tipos airen, pardilla,
viura o macabeo, chardonnays y sauvignon blanco, mientras que
para los tintos se utilizan los tipos cencibel o tempranillo, garnacha,
cabernet sauvignon, moravia y merlot. No obstante, las más usuales
son la blanca airen y la tinta cencibel. La graduación media es de diez por
ciento a catorce por ciento en blancos y rosados; y de once por ciento a quince por ciento
en tintos, si bien, en su mayor parte, se sitúan todas las clases entre los doce y los
trece grados, mientras que los espumosos oscilan entre los diez y los trece grados.
Hacía un sólido futuro
Los actuales caldos manchegos se presentan de muy diferentes modos. La
aplicación de Vino Nuevo se da a los vinos blancos, rosados y tintos que
son embotellados nueve meses después de su elaboración. La titulación de Cosecha
o Vendimia lo reciben los vinos que han sido elaborados en el año que se
indica en la etiqueta, mientras que Crianza, Reserva y Gran
Reserva identifica a aquellos que han sido sometidos a un adecuado envejecimiento.
Hoy, La Mancha no sólo
es la Denominación de Origen de Vino
que más tierra dedica al viñedo, sino que atiende a unos veintidós mil productores de
uva. Por ello, todo hace prever que, a principios del próximo milenio, será también la
que más vino embotellado venda y la que realice mayores exportaciones en España,
pues, sin duda, los vinos manchegos están en consonancia con los gustos y las tendencias
del mercado actual y su óptima relación calidad-precio les hace muy competitivos no
sólo en el mercado nacional, sino también en el internacional, especialmente en la Comunidad
Europea.
Dentro del innovador espíritu de los bodegueros de La Mancha,
tal vez habría que consdierar algunos factores que redundarían en un futuro más
sólido. Entre ellos, un esmerado cuidado en Crianzas y Reservas
y una mayor elaboración de vinos con coupage que permitirán a sus productos estar
en unas más actuales tendencias en el complejo mundo vitivinícola. Y, por supuesto, una
clara diferenciación entre los vinos más económicos y los de calidad superior, de tal
modo que sea posible solicitar uno de estos caldos no sólo en una económica comida de
menú sino también ante un almuerzo o cena de lujo. Apuntes que no deben obviar un
merecido brindis por los nuevos vinos de La Mancha, esos vinos renovados con fuerte
personalidad, gran calidad y justo precio.
Históricas visitas al zaque
Ya el hispano-romano Columela, al hacer detallada descripción
de los vinos de Hispania, mencionó los que se elaboraban en la región
centro. Aquellas vides manchegas, tan diferentes a las de hoy, tal vez fueron plantadas
por fenicios o cartagineses y sus favores hicieron afirmar a Plinio, muy
acertadamente, que el vino es la sangre de la tierra.
La orden cisterciense, de gran influencia en la cultura medieval,
trató de reproducir en sus construcciones monacales la economía de la salvación
y, con ella, aproximarse, en este mundo, a la promesa hecha por Cristo de beber con
los suyos el vino nuevo en el Reino del Padre. Gracias a ello, las abadias
cistercienses y, por ende, las órdenes militares levantaron sus edificios y cultivaron
sus campos como un adelanto a los gozos de la Jerusalén celestial. Los
conocimientos desarrollados por los monjes para elaborar vinos fueron imitados,
posteriormente, por particulares, a los que se debe la creación de la cuba de madera para
la conservación de sus caldos. Originaria en Europa, La Mancha, al igual
que la vieja Roma y la antigua Grecia, mantuvo sus mostos reposando en
tinajas de barro.
Los vinos medievales manchegos eran, generalmente, blancos, aunque
también se elaboraban tintos y, por supuesto, el famoso tinto aloque, motivo de
inspiración para el sevillano Baltasar de Alcázar, quién escribió en su "Cena
jocosa":
Pero cenemos, Inés,
si te parece, primero.
a mesa tenemos puesta,
lo que se ha de cenar junto,
las tazas del vino a punto,
falta comenzar la fiesta.
Comience el vinillo nuevo,
y échole la bendición;
yo tengo por devoción
de santiguar lo que bebo.
Franco fue, Inés, esta toque;
pero arrójame la bota
de aqueste vinillo aloque.
El viñedo manchego, bajo
dominio musulmán hasta el siglo XII, sufrió una gran expansión tras la Reconquista
castellana. La militarización de la comarca, por influencia de las distintas órdenes
militares y los señoríos establecidos en ella, fomentó un desarrollo que se vio
favorecido por la adopción del contrato ad plantatum. Mediante este acuerdo, el
propietario cedía a un pequeño agricultor una parcela para que pudiese plantarla de cepa
y, cuando este viñedo estaba en edad productiva, la tierra se dividía en dos partes
iguales: una se adjudicaba al plantador y otra, al dueño original de la parcela.
El castellano-manchego Alonso de Herrera, en su "Agricultura
General" publicada en 1513, describe cómo era el viñedo de esta región y las
uvas que más se utilizaban, como por ejemplo, la lairenes, que corresponde a la
tan común, producida en esta región, airen. El establecimiento de Madrid
como capital de los Reinos de España, nombramiento hecho por Felipe II en
1561, también benefició a la comarca, pues aquélla pronto se constituyó en el primer y
mejor cliente de los vinos de La Mancha, alcanzando alta fama el de algunas zonas
de la región, como sucedió con el de Yepes, cantado ya en las coplas de Jorge
Manrique.
Y la construcción del ferrocarril facilitó la expansión de estos
caldos por todo el territorio nacional a partir de 1855. Aunque, el viñedo manchego, al
igual que todos los de Europa, se vio afectado por la terrible plaga de la
filoxera, aunque es cierto que, en esta región, fue donde más tarde (en 1911) enfermaron
las plantaciones.
Mas, si algunos vinos del mundo han tenido un cantor, los de La
Mancha no han merecido menos y han sido mil veces glosados por el genio de la
literatura universal Miguel de Cervantes en su inmortal obra El Ingenioso
Hidalgo Don Quijote de La Mancha, donde son muchas y variadas las citas al
vino de esta tierra. Sirva como ejemplo aquélla que dice:
"ya te entiendo Sancho - le
respondió don Quijote -; que bien se me trasluce que las visitas al zaque piden más
recompensas de sueño que de música".