Enrique Sancho

Destino Francia, por la ruta del champán

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Al este de París, la región de Champagne-Ardennes es una amalgama de paisajes e historia. Una región sabrosa y chispeante en la que la historia de Francia ha dejado un buen número de testimonios y en la que la naturaleza sabe ofrecerse cálida y grandiosa. Todo, bajo el signo del más grande de los vinos que, como cada año, se hace protagonista de la Navidad.

Hay dos tumbas muy visitadas en la región francesa de Champagne-Ardenne al este de París. Una está en Colombey-les-deux-Eglises, en su cementerio municipal, y pertenece a uno de los hombres que mayor gloria dio a Francia: el general Charles de Gaulle. La otra está un tanto escondida en la remota abadía de Hautvillers, cerca de Reims, y hace compañía a Santa Helena, la madre de Constantino el Grande que descubrió la Santa Cruz en Jerusalén. Es la sepultura de Dom Pierre Perignon, un abad benedictino que no se distinguió por su santidad, sino por haber descubierto “por casualidad” el que muchos consideran el rey de los vinos: el champán, sinónimo de celebración, de bienestar, de placer.

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Entre Reims y Troyes discurre la Ruta Turística del Champán. Durante todo el año hay más de 50 productores que acogen al visitante y le muestran los secretos de la elaboración. Todos ellos relatan, con pequeñas variantes, la anécdota en la que el abate Dom Pierre Perignon avisaba a sus cofrades de que había descubierto accidentalmente un vino con espuma. “Bajad hermanos -gritó alborozado- hay un vino que tiene estrellitas”, al ver en la cava botellas rotas producidas por una segunda fermentación ocurrida en la primavera.

Aquí se puede descubrir la mágica alquimia del vino de los reyes en las bodegas de Moët & Chandon, Mercier, Drappier, G.H Mumm & Cie, Piper-Heidsieck, Vranken Pommery, Veuve-Clicquot Ponsardin… -gigantescas catedrales subterráneas- y degustar los caldos de la región (no sólo champán) que asombran el paladar y todos los sentidos. Los viticultores, que actúan como guías espontáneos, cuentan todos los secretos de las tres cepas mejor adaptadas al suelo y al clima: el Pinot Noir, famoso por dar cuerpo a los vinos; el Pinot Meunier, buscado por su sabor afrutado y su aptitud a acelerar el proceso de maduración, y el Chardonnay con racimos blancos y una finura excepcional.

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Como el champán, la estancia en Champagne-Ardenne tiene siempre la alegría de sus burbujas, el placer de sus sabores y el disfrute de sus aromas. El patrimonio cultural y artístico de Champagne-Ardenne es inmenso: castillos, catedrales, iglesias, ciudades medievales como Troyes que aún conservan sus fachadas con entramado de madera y fortalezas, tan impresionantes como imponentes, o la ciudad fortificada de Langres, patria de Diderot el fundador de la Enciclopedia, que mantiene bellas casas renacentistas ceñidas por cuatro kilómetros de murallas.

La ciudad de los reyes
Parece como si esta región estuviese acostumbrada a los milagros. Bastante antes de que el vino se transformase en estrellas, el poder divino se estableció en Reims. Ocurrió en 496, durante el bautismo de Clovis, Rey de los Francos. Este hecho ha marcado a la ciudad, que se ha convertido en el lugar de coronación de los reyes de Francia.

Y, a pesar de que Reims fue en gran parte destruida durante la Primera Guerra Mundial, ha sabido mantener la grandiosidad de aquellos tiempos gloriosos. No en vano, la UNESCO ha inscrito cuatro monumentos a su lista del patrimonio mundial: la Catedral, el Palacio del Tau, la Basílica y la antigua Abadía Románica de Saint-Rémi, reconvertida en museo de arte y arqueología.

Abandonando Reims se penetra en las tierras vinícolas del cercano Valle del Marne, donde parece brotar el champán por todas partes. Las lujosas mansiones y las iglesias de la zona han crecido al ritmo de las burbujas. La localidad de Epernay se considera la capital del champaña, ya que en su avenida principal se alinean las sedes de las compañías más importantes. Un museo dedicado a la elaboración del célebre espumoso aporta los datos históricos más destacados.

Para tener un punto de vista diferente, vale la pena realizar un breve crucero por el río Marne. Las cepas que tapizan los viñedos se deslizan dulcemente a ambas orillas del río. En las alturas, la fortaleza de Boursault deja ver sus torreones. Vista desde arriba, la región también es extraordinaria. Las parcelas estriadas de los viñedos aparecen más claramente y los castillos ocultos en los bosques hacen por fin su aparición. Algunos afortunados los espían a bordo de globos aerostáticos que realizan una ruta singular.

El camino hacia Châlons-en-Champagne, capital de toda la región, está marcado por la dolorosa historia de estas tierras amplias que contemplaron encarnizadas batallas en las dos Guerras Mundiales. Cráteres de obús, vestigios de trincheras, memoriales y cementerios recuerdan este triste pasado. Châlons-en-Champagne ha conservado el encanto discreto de una ciudad de provincia. Las casas de entramado de madera se codean con viviendas más burguesas hechas de yeso y ladrillos rojos.

La ciudad medieval de Troyes es la perla de la región. La antigua muralla que la limitaba tenía la curiosa forma de un tapón de champán, lo que fue toda una premonición, ya que todavía no se había inventado. La urbe ha conservado sus casas del siglo XVI, una arquitectura de entramado de madera típica de la campiña champanesa.

Un proceso muy esmerado
Al sur de Troyes se encuentra Côte des Bar que debe su reputación al champán que aquí se produce. Los viñedos cubren las laderas de relieve accidentado. Los visitantes descubren esta tierra de aldeas floridas a lo largo de la Ruta del Champagne. Sea cual sea la estación del año, siempre hay una lección que aprender que los viticultores ofrecen con gusto. Una visita a la bodega, seguida de la correspondiente cata, es por tanto ineludible.

Dentro de la bodega, lo primero que se comenta es que gran parte de la uva empleada es negra, Pinot Noir concretamente, que es prensada en los anchos lagares con suma delicadeza para obtener un mosto blanco, sin teñirse del rojo de la piel. Las completas explicaciones continúan por la vieja bodega, donde se siguen los procesos de elaboración hasta que las botellas llegan a depositarse en un laberinto de túneles.

Al salir de la bodega los extensos paisajes esperan al viajero. En toda la región la historia y la naturaleza se entremezclan, el arte de vivir y la gastronomía conforman una filosofía en la que el champán no es ajeno. Como las burbujas que suben por la copa, un recorrido por estas tierras es siempre sabroso y chispeante.

Más información
ATOUT FRANCE España
C/ Serrano, 16 – 3º Izq. – 28001 Madrid
C/ Fontanella, 21-23 – 4º 3ª – 08010 Barcelona
es.franceguide.com
www.tourisme-champagne-ardenne.com

 

 

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