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Azulejos para San Francisco

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Los frescos de Giotto en Asís, reproducidos en cerámica en la parroquia de Talavera La Nueva. Así son los azulejos para San Francisco.

La renuncia a los bienes terrenos. San Francisco y los pajarillos. El milagro de la fuente. Francisco ante el papa Honorio III. La muerte del caballero de Celano. La aparición en el capítulo de Arlés. San Francisco recibido por las clarisas. Los estigmas de San Francisco. Estos son solo algunos de los títulos de la serie de frescos de Giotto sobre la vida de San Francisco de Asís.

Son también algunas de las reproducciones en cerámica que podemos encontrar en la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción de Talavera La Nueva, un pequeño pueblo de Toledo junto a la más populosa Talavera de la Reina.

Un homenaje a San Francisco

Allá por 1999, Juan Sánchez Mayoral, párroco de Alberche y de Talaverilla, comenzó a darle vueltas a la idea de rendir un pequeño homenaje a San Francisco. Aunque patrón del pueblo, la única iglesia asociada a la parroquia de Alberche tiene, sin embargo, como advocación a la Asunción. Y San Francisco se merecía algo más. Así que, tras unas cuantas idas y venidas, inquietudes arquitectónicas y deseos de originalidad, surgió la idea:

“Le comenté a la junta parroquial la posibilidad de reproducir las pinturas de Giotto en los laterales de la iglesia. Talavera es famosa por su cerámica y las imágenes de Asís por su belleza. Me dijeron que sí, que comenzara a moverme y a través de un amigo, franciscano en Italia, solicité todos los papeles, fotografías de los mosaicos, los permisos… Me puse en contacto con un artesano de aquí y empezamos a trabajar. Y menos mal que San Francisco me ha echado unos cables”, comenta Juan.

Porque la tarea de reproducir los frescos no era ni vaga ni gratuita. Para solucionar lo uno y lo otro removió Roma con Santiago y ahora, a posteriori, puede hablarse del empeño del párroco, de la maestría del artesano Luis González Santamaría y de la colaboración del pueblo y de algunas instituciones.

Dejarlo terminado

La intención de Juan, en un principio, era reproducir un fresco al año. No había fondos para más. Pero el párroco pensó que, una vez puestos en la tarea –por cuyo empeño más de uno lo tildó de loco–, mejor era acelerar el ritmo y dejarlo todo terminado que esperar continuaciones venideras. Así que los artesanos empezaron con la tarea de copiar los ocho mosaicos elegidos para las paredes del templo mientras Juan se movía en busca de subvenciones.

El proceso de realización de los murales ha sido muy laborioso: “Cuando se tuvo en el taller el material fotográfico de las escenas de Giotto, se colocó una plancha de azulejos sobre una superficie del tamaño real del mural, cuatro metros de alto por tres de ancho de media. Cubierta con una capa de pintura especial blanca, se ampliaron las imágenes a esas dimensiones, para luego ir calcando, punzón en mano, las siluetas en los azulejos. Ya con las líneas de contorno, se pintó hasta tres veces cada mural y se metió al horno”, explica Juan.

Tres meses puede durar todo el proceso para una réplica de las más grandes. Un mes o dos para cualquiera de tamaño mediano. Hay que tener en cuenta, además, la cantidad de personajes que aparecen reflejados.

Se reproduce minuciosamente cada pintura, desde las arrugas de la cara hasta los pliegues de la ropa, con brillos, matices y escalas de color. Cuanto más detallado, por otro lado, y lógicamente, más cara la pieza. La financiación de los murales ha sido otra cuestión

“He intentado moverme lo más posible y me he puesto colorado muchas veces, pidiendo aquí y allá. Pero al final he conseguido ayudas del Ayuntamiento, que nos ha regalado un mural; la parroquia, que ha financiado dos; la Junta de Municipios de Castilla-La Mancha, la mitad de otro; la Diputación otro; el artesano, otro más; una cooperativa agraria del pueblo, que lleva por nombre San Francisco de Asís, uno más; una familia de aquí también; yo he aportado para otro de los diez murales”. Todavía tenemos que hacer más colectas y nos hemos metido en un crédito porque nos faltan alrededor de ocho millones, pero nos teníamos que implicar todos y es los que hemos hecho”, explica el párroco cuando habla de los diez murales. Entre ellos, el Magníficat y el Canto de las Criaturas, cuyo autor es San Francisco.

Además de las escenas laterales, un precioso arco de grecas originales, también sobre azulejo, bajo el coro, une uno y otro lado de la iglesia. Un medallón de San Francisco, dos imágenes de Asís y de Talaverilla, el símbolo de la orden franciscana y otro medallón, de Santa Clara –fundadora de la sección femenina de la orden franciscana–, completan la decoración del arco. Imágenes de las dos ciudades que, lógicamente en contacto debido al proyecto, se hermanaron espiritualmente el pasado 21 de septiembre. “Viajamos a Italia más de la mitad del pueblo. Nos acogieron estupendamente, en el Salón Papal del Sacro Convento, que sólo se abre para recibir al Papa o cuando hay una reunión importante de los franciscanos, para elegir a su general. El alcalde de nuestro pueblo regaló al custodio de la Basílica el bastón de mando y la llave de Talaverilla y una reproducción a escala del arco con los medallones. El custodio, Vincenzo Coli, nos entregó a su vez una de las lamparillas que se intercambiaron los dirigentes de las distintas iglesias reunidos en Asís en un encuentro ecuménico de hace años. También tenemos una reliquia autentificada de los huesos del santo, que pondremos en el altar”. Coli les devolverá la visita cuando esté finalizado el proyecto.

Pero para Juan la obra no ha terminado. Delante del altar mayor, bajo dos púlpitos con tallas de la Inmaculada Concepción y de San Francisco, el párroco va a instalar dos imágenes que reproduzcan el Antiguo y Nuevo Testamento: la Entrega de las Tablas de la Ley a Moisés en el Sinaí, para el primero; el Sermón de las Bienaventuranzas, representativo del segundo. En el presbiterio, también sin decorar hasta ahora, se mostrarán igualmente en azulejo seis estampas de la vida de Cristo: un Nacimiento (San Francisco fue el creador de los belenes), Jesús con los doctores en el templo, la Eucaristía representada con la Multiplicación de los Panes y con la Cena de los Apóstoles, la Crucifixión, la Resurrección y en la última la plenitud de Iglesia, la llegada del Espíritu Santo.

Aun cuando se inspirarán en pintores clásicos, los trazos de Giotto no se reflejarán en esta ocasión. El retablo central, por otro lado, estará rodeado de otro arco de greca que se elevará sobre el pasillo superior del mismo con el fin de instalar en el espacio intermedio el Cristo de San Damián. ¿San Damián? Otra feliz ocurrencia del párroco, ya que se trata de un Cristo muy venerado por los franciscanos: estando orando San Francisco en la iglesia de San Damián, esta se venía abajo y, según reza la tradición, el santo encomendó al franciscano su reconstrucción.

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