Redacción

Xeremia, flabiol y tamboril

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Al despuntar el alba, en la loma de una montaña, las ovejas pacen tranquilas buscando lo tiernos tallos de hierba que en ella crecen. El viento arremolina su dorado y tupido vello. El suave canto de los pájaros enriquece el nítido aire que se respira… de pronto, cortando la brisa, de entre los árboles del cercano bosque va llegando el brillante y alegre son de una cornamusa. El pastor, sentado en los lindes del bosque, mientras vigila su rebaño envuelve su soledad con las notas de una xeremia.

Esta estampa, tan bucólica y pastoril, se daba, hace unos cuantos años, en la isla de Mallorca. Aunque dicha imagen también podría ser la de una mañana cualquiera, de cualquier día en cualquier remoto país, perdida entre las más profundas raíces de nuestra civilización. La Xeremia es un instrumento musical de la familia de las cornamusas fuertemente arraigado en la cultura de la isla de Mallorca. Su sonido brillante y penetrante acompaña las fiestas populares de esta isla desde tiempos muy lejanos y ninguna celebración que se precie puede prescindir de él.

Desde hace unos cuatro mil años en los países del Mediterráneo y del sureste de Asia se vienen usando instrumentos musicales de aire hechos con dos tubos soplados al mismo tiempo por un solo soplador o boquilla. Las cornamusas se expandieron por el Mediterráneo y por toda Europa y han llegado hasta nuestros días como instrumento popular, como las cornamusas del Magreb o de Creta, la cabreta occitana, la zampogna italiana o la bodega occitana. En algunos lugares como instrumento militar, en Escocia y en Irlanda. En España están el boto aragonés, las gaitas asturiana y gallega y el sac de gemecs catalán, del cual proviene la xeremia mallorquina.

Ya en el siglo I, Suetoni, historiador de los césares de Roma, nos cuenta que Nerón prometió que si mantenía el poder haría unos juegos durante los cuales habría una audición de órgano hidráulico, de choraulam y de utricularium; este último nombre significa odre de cuero y al parecer hace una clara mención a la xeremia. Dion Crisóstom nos aclara aun más las dudas al decir que Nerón “sabía tocar el tubo con su boca y como apretar el odre debajo de su brazo”.

Xeremia

Xeremia

Posiblemente en tiempos de la dominación mora ya había xeremies en Mallorca, teniendo en cuenta que en los siglos XI y XII tuvo su gran apogeo este instrumento en el mundo islámico. Ésta xeremia de origen árabe debió desaparecer con la conquista catalana ya que al parecer los catalanes trajeron su propia cornamusa a la isla. Según la Gran Enciclopedia Catalana (ver el artículo: cornamusa) en el siglo XII en Cataluña existía la cornamusa conocida también como sac de gemecs, catarineta o borrega que, junto a la tenora, el flabiol y el tamborí, se han venido usando hasta nuestros días. Por lo tanto parece probable que con la llegada de los catalanes, llegó con ellos el sac de gemecs, adoptando a lo largo del tiempo el nombre de xeremia o xeremies.

Ya en los tiempos del Reino de Mallorca había en la corte un xeremier encargado de alegrar la vida y las fiestas del castillo. Para mantener y mejorar su preparación musical el rey se encargaba de mandarle a estudiar a tierras lejanas. Existen documentos en los que se destaca el envío de xeremiers, por largas temporadas, a Cataluña, Aragón, Navarra, Tortosa e incluso mas lejos aún, llegando hasta la región de Flandes, Alemania y hasta Italia entre otros. Así se conseguía mantener un buen nivel musical entre los músicos de la corte.

Con el paso del tiempo este instrumento, otrora cortesano, acabó siendo un instrumento mayormente popular, desapareciendo de la vida del castillo y de la ciudad, quedando más bien en manos de pastores que yendo de día y noche tras su rebaño acompañaban su soledad con la música de la xeremia o bien del flabiol, dejando oír su sonido entre las montañas. No hace aún muchos años se podía escuchar el sonido de este instrumento sonar por entre los montes, siendo su canción, a veces, contestada por otro pastor y manteniendo así una melódica conversación en la distancia.

Con el tiempo el xeremier y el flabioler acabaron uniéndose para formar la colla de xeremiers. Así al unir melodía y percusión se vieron capacitados para interpretar cualquier tipo de melodía bailable. De esta manera se incorporaron éstos instrumentos a todo tipo de fiestas, bailes, procesiones y actos religiosos.

A principios de este siglo empezó la decadencia de estos instrumentos llegando a quedar apenas unas siete u ocho colles que participaban sobretodo en los pasacalles de las fiestas de pueblo. Con la aparición de las verbenas, de las gramolas, el cine, la radio y la televisión, la invasión cultural por parte de los estados más poderosos hizo que la gente ya no tuviera suficiente con Jotas y Boleros. La demanda de valses, polcas, mazurcas, rumbas… evidenció la falta de recursos musicales de la colla de xeremiers. La xeremia quedó estancada en su antiguo repertorio musical, ampliándolo muy poco: el himno republicano durante la República, la marcha real durante la Dictadura, el “Que viva España” en las barbacoas y en los hoteles para entretener a los turistas… y poco más. Se llegaron a situaciones en que el xeremier vendió su instrumento a algún turista alemán ansioso de obtener tan exótico souvenir, teniendo que comprar posteriormente una gaita, ya que no había constructores de xeremies.

El resurgimiento
A mediados de los años setenta surgió un grupo de personas preocupados por lo que parecía una inminente pérdida de éste instrumento. Se pusieron a trabajar para poder recobrarlo y evitar lo que habría sido una pérdida incalculable para el patrimonio cultural mallorquín.

Rebuscando entre los viejos instrumentos que aún existían, investigando como eran los ya desaparecidos, midiendo, estudiando y también experimentando con nuevas posibilidades sonoras y como no, también con nuevos materiales, consiguieron recuperar la xeremia, el flabiol y el tamborí, empezando poco a poco, a construir nuevos instrumentos. Todo ello acompañado de un minucioso trabajo de recuperación de viejas canciones y melodías, pudiendo devolver así al pueblo un gran tesoro de su arte popular.

Actualmente es más fácil conseguir unas xeremies ya que se han formado nuevos constructores, pero al ser un instrumento de construcción totalmente artesanal y que solo se construye bajo pedido, lo normal es tener que esperar unos meses para conseguir una. Pero hoy en día también se pueden conseguir flabiols y xeremies construidas por maestros luthiers fuera de Mallorca. Hay buenos constructores en Cataluña y también en Galicia (constructores de gaitas con el diseño apropiado de una xeremia).

Por otra parte es curioso observar como ha variado el sistema de enseñanza, antiguamente era un viejo xeremier que enseñaba a un joven alumno, de manera oral y procurando enseñarle lo más mínimo (incluso había algún maestro que procuraba enseñar mal a su alumno) para así evitar que el alumno pudiera aventajarle. Hoy en día existen varias escuelas de xeremiers. La primera escuela apoyada por un ayuntamiento fue la de Sant Llorenç des Cardassar, con Rafael Bauçà y Teodor Salvà como maestros. Actualmente están las escuelas de Artà, Petra y Sant Joan entre otras, aunque cabe destacar la escuela de Palma por su gran número de alumnos. De este modo, cabe señalar la buena salud con que cuenta este instrumento en la actualidad. A lo largo de estos últimos años han ido surgiendo un gran número de aficionados y aficionadas, intérpretes, nuevos maestros y constructores xeremiers, siendo ello un garante de la perdurabilidad de nuestra tradición y nuestra identidad como pueblo.

Los Intérpretes
Al intérprete de la xeremia se le denomina xeremier y siempre forma pareja con un flabioler que hace sonar el flabiol (pequeño flautín) con una sola mano (la izquierda), mientras que con su mano derecha percute el tamboril (sostenido con una correa entre sus dedos índice y pulgar de su mano izquierda). Ambos son los que conforman la colla (dúo) de xeremiers.

Así es una xeremia
La xeremia se compone básicamente de un recipiente de piel (también puede ser de otro material) donde se acumula el aire, denominado Sac o Sarró. De él salen dos orificios: el Bufador, que es la pieza que sirve para insuflarle aire (permitiendo así hinchar el sarró), desde aquí el aire es distribuido, por una parte hacia el Grall y por otra hacia el Braguer, que es la pieza encargada de llevar el aire hacia la Trompa y hacia los Bordons cuando se trata de una Xeremia de Tres Bordons.

Las “Xeremies Tradicionales” no tienen bordons, solo tienen tres Fillols (bordons mudos, sin sonido) como adorno. Para embellecer el instrumento están los ornamentos, cuya funcionalidad es totalmente nula, hablando desde un punto de vista práctico, si bien hay que decir que mejoran la estética del instrumento vistiéndolo. Entre los mejores maestros luthiers cabe destacar a Joan Morey por sus estudios sobre la construcción, la interpretación y la recopilación de melodías casi olvidadas de este instrumento.

Por Antoni Genovart. Forma parte del Grup de Sant Llorenç, junto con Margalida Galmés, Damià Arnau Pont y Rafael Bauçà. Este último, junto con Tedodor Salva, es maestro de la Escola Municipal de Xeremiers, Flaviol y Tamborí de Palma.
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