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La advocación
a Santa María está muy presente en las iglesias de Cantabria, y entre
ellas destacan las cuatro grandes iglesias góticas de Castro Urdiales,
Laredo, Santoña y San Vicente de la Barquera, la pequeña iglesia
románica de Santa María de Bareyo y las dos iglesias lebaniegas de
Lebeña y Piasca.
redacción
© revistaiberica
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La
Iglesia de Santa María de
Castro Urdiales es el edificio religioso más típicamente gótico de
Cantabria, ya que sigue al pie de la letra todas las características
constructivas del gótico clásico. Se trata de un templo de grandes
dimensiones, esbeltos y de un gótico muy uniforme porque se levanta
íntegramente en el siglo XIII y prácticamente no tiene añadidos. En su
interior se conservan magníficas tallas del siglo XIII al siglo XVII y una
gran colección de obras de orfebrería del último gótico. Entre las pinturas
que alberga destaca un cuadro de Cristo crucificado en Zurbarán.
En pleno arrabal y puebla vieja de Laredo se encuentra la magnífica iglesia
gótica de Santa María de la Asunción. Se trata del templo más importante de
Laredo y una de las más importantes del gótico cántabro. En su interior en
el ábside de la nave de Belén, la iglesia acoge un retablo cuyas imágenes
constituyen una de las mejores muestras de escultura policromada gótica que
se conservan en Cantabria.
La villa de Santoña surgió en torno a Santa María de Puerto, poderoso
monasterio que llegó a controlar buena parte de las instituciones religiosas
de la zona, del cual ha sobrevivido su hermosa iglesia, un tesoro que liga
elementos románicos, tardogóticos y clasicistas. Declarado Monumento
Nacional de Interés Histórico-Artístico. La obra principal transcurre desde
el siglo IX hasta el XII. Su estilo no está muy definido, siendo lo más
acertado enclavarla durante la transición del románico al gótico pues posee
elementos de ambos estilos. Destaca por encima de todo la pila bautismal
románica de una sola pieza, sus capiteles decorados y la puerta sur. El
crucero es una de las obras más bellas del gótico en Cantabria. Así mismo,
son importantes sus retablos (uno de ellos en policromía), la talla gótica
de la Virgen y el órgano neumático del coro.
Santa María de Bareyo, se ubica en la localidad del mismo nombre, se trata
de una joya en piedra y uno de los mejores exponentes del románico costero
de Cantabria. Construida en el siglo XII, consta de una sola nave y conserva
de su primitiva construcción el ábside, presbítero, crucero y la linterna.
Uno de sus elementos más destacados de esta iglesia es su original pila
bautismal, que está colocada sobre dos leones, y decorada con palmas y
entrelazos. Su realización también data de finales del siglo XII o
principios del XIII.
En San Vicente de la Barquera encontramos la iglesia de Santa María de los
Ángeles que fue mandada construir por el rey Alfonso VIII, siguiendo el
estilo gótico borgoñón. Las obras se prolongaron a lo largo de los siglos
XIII, XIV y XV, y sufrió una notable ampliación a principios del XVI. En
1521 se construyó la capilla de San Antonio, propiedad de la familia Corro,
en la que se hallan enterrados varios miembros de este linaje, destacando el
sepulcro del Inquisidor Antonio Corro, canónigo de la catedral de Sevilla,
uno de los mejores ejemplos de escultura renacentista española.
La iglesia de
Santa María de Lebeña, ubicada en Liébana en la salida de la
gran garganta del Deva, el Desfiladero de la Hermida, es un pequeño edificio
prerromáico, de estilo mozárabe. Su construcción data de principios del
siglo X. Es un templo rectangular, con tres naves, algo más ancha la
central. Los pilares soportan arcos de herradura de estilo mozárabe, que se
apoyan sobre capiteles corintios.
En el pueblo de Piasca, en pleno valle de Liébana en el municipio de Cabezón
de Liébana, se encuentra Santa María de Piasca. La actual iglesia de tres
naves es lo único que queda del viejo monasterio que funcionaba a principios
del siglo X, en la época de la repoblación cristiana en estas tierras. De
estilo románico, destaca el arco sobre la puerta principal, donde están
talladas las imágenes de San Pedro y San Pablo, ejemplos de la escultura
románica montañesa.
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