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 José Luis Lago García

Torreira y Aveiro. Pesca con tractores entre dunas atlánticas portuguesas

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En tu escapada portuguesa no todo tiene que ser Lisboa o el Algarve. Entre la capital, y el norte del país se distribuyen una continuación de lugares costeros que merecen la visita, tal es el caso de Torreira y Aveiro. El pueblo de Torreira se enmarca en unos parajes naturales rodeados por una considerable ría y el océano Atlántico, que es detenido por arenales infinitos salvaguardados por dunas increíbles. Unos parajes que dibujan un entorno puramente marinero, que parecen decorados a propósito con las embarcaciones de tradición milenaria que aparecen varadas por todos los rincones. Pero lo más increíble: aún es posible en estas costas contemplar artes de pesca que se resisten a extinguirse.

Cada día quedan menos pueblos marineros genuinos en la península Ibérica. Torreira, una villa portuguesa situada a unos 40 kilómetros al sur de Oporto, conserva aún la esencia añeja de costumbres milenarias.

En las dunas de su extenso arenal urbano se practica aún la pesca conocida como Xávega, un tipo de redada desaparecida hace décadas de algunos pueblos costeros españoles. Esta técnica de pesca, realizada en la orilla, consiste básicamente en extender una red desde una barca que se aleja un kilómetro de la ribera. Al cabo de una hora, se recoge la red desde la misma playa, acercándola lentamente hasta el litoral.

Lamentablemente, para el goce del turista, desde hace pocos años esta arte pesquera que se remonta a la Biblia ya no se realiza con bueyes, cuyas siluetas, y empujes de la red hacia el arenal dibujaban una estampa pintoresca y primitiva, que encandilaba por su singularidad y autenticidad. No hace tantos años era posible contemplar el espectáculo de los bueyes empujando con su brutal empuje la red a la orilla, arañando con sus patas la arena de la extensa playa

A pesar de la desaparición los bueyes como fuerza de arrastre en la costa, también es curioso ver a los tractores moverse con soltura entre largos arenales para mover la barca o desplazar con sus enormes ruedas las voluminosas redes de medio kilómetro. Aunque no es un espectáculo, lo cierto es que este lance es sorprendente y curioso.

¿Por qué sobrevive este tipo de pesca? Se conserva aún por una necesidad histórica, ya que se realizaba en poblaciones sin puertos, donde las barcas varaban en la arena de la playa. Sigue sin construirse el puerto de abrigo pesquero en Torreira, por lo que, para asombro de todos, pervive aún la xávega. La sabiduría popular, basada en la adaptación al medio, hizo que se diseñaran un tipo de embarcaciones cuyas formas son las idóneas para soportar la furia de unas olas de gran dureza. Hasta que estos botes sortean las rompientes ondas de la orilla, se producen unos duros embistes de mar que balancean vertiginosamente estas barcas, y cuya inestabilidad sobrecoge al viajero, que observa inevitablemente este reto con un nudo en el estómago.

La colorida barca de pesca se adentra un kilómetro costa adentro para extender la red en forma de círculo, como si fuera una gigante bolsa. Al cabo de una hora los cabos se atan a dos tractores que, separados entre sí, van tirando desde su motor auxiliar la pesada malla que parece resistirse a arrancarse del fondo marino.

Lo más excitante es ver la llegada de los peces, que aún vivos, revolotean con furia al salir de su líquido medio, desesperados ante su inevitable muerte. En la misma orilla se contempla “in situ” una estampa inédita, que recuerda más bien a los documentales de pesca, cuando en sus imágenes se muestra la pesca en alta mar y llegan a cubierta los peces de la red recién salidos del agua.

La descarga de cientos de pescados a la orilla que en su desesperación agitan su cuerpo sin descanso, produce una curiosa escena en la que miles de gotas y escamas saltan al aire en los incesantes azotes de los incontables peces

Uno de los condicionantes que tienes que tener en cuenta si visitas Torreira es que la pesca únicamente se realiza con determinadas condiciones de mar, cuando el oleaje es más tranquilo. Por esto que no hay horarios concretos, ni fechas, pero lógicamente se efectúa con más frecuencia en los meses que comprenden de primavera a otoño, cuando la marejadilla es menos virulenta. José, el patrón de una de las cuadrillas calcula que únicamente se suelen pescar unos 150 días al año.

La ría de Aveiro
El pueblo de Torreira se sitúa en la parte central de una alargada y estrecha península. Mientras la parte oeste recibe el oleaje del Atlántico, en el lado opuesto reposa una tranquila y bella ría, la de Aveiro, que supone el contrapunto al rugido atlántico con aguas prácticamente inmóviles. Un kilómetro separa ambos extremos, lo que permite al viajero disfrutar en cada una de las dos puntas de la avenida principal de Torreira de dos ambientes marítimos tan distintos: ría y océano, distanciadas en apenas unos pasos.

Durante el recorrido por las marismas que componen la ría de Aveiro, se pueden ver en muchas orillas los curiosos y llamativos barcos llamados moliceiros. Estos veleros, planos y alargados, eran embarcaciones de transporte con las que se recogía el moliço, un alga de esta zona marismeña que se utilizaba como abono agrícola. Estas naves, pueden llegar a medir hasta 13 metros, y destacan por sus colores chillones y la forma curva de su proa elevada. Una silueta curiosa, que puede recordar a los navíos vikingos o canoas de los indios, pero lo que es indudable es que su estilo procede de una antigüedad milenaria.

En las orillas de la ría varan estas embarcaciones de diseño antiquísimo denominadas moliceiras, curiosas en su diseño y decoración, se utilizaban para transportar las algas recogidas en los fondos de estas marismas para su posterior uso como abono agrícola

Estas curiosas y bellas naves, de cierto volumen y longitud, dan una personalidad propia y colorido a estas aguas, deslizándose como un elemento de fábula fantástica con sus velas blancas al viento. Es importante que te fijes en sus singulares dibujos pintados en sus extremos, auténticas pinturas artísticas populares que, en forma de cuadros plásticos, ornamentan la embarcación. Las estampas que se plasman en los extremos suelen estar basadas en lemas satíricos, religiosas, incluso con intencionalidad de picaresca sexual, en los que cabe cualquier otro tipo de ocurrencia popular y espontánea, que muestran los sentimientos ocultos de sus patrones y protagonistas anónimos de la ría de Aveiro.

Es imprescindible acercarse hasta el puerto de barcas tradicionales de Torreira, en la parte de la ría, para contemplar una auténtica exposición viviente de todo tipo de embarcaciones tradicionales pintadas con estridentes colores. Los reflejos de la ría de Aveiro dibujan un paisaje que inspiró a pintores, poetas y fados, embaucados con la mágica combinación de elementos naturales de estos parajes que entremezclan luz, agua u ondas del agua movidas por la brisa, reforzados por las pinceladas de los matices coloristas de las barcas.

Actualmente estas grandes barcas moliceiras únicamente cumplen una función decorativa, y se conservan o navegan únicamente con fines culturales y de mantenimiento de las tradiciones. Su día grande llega con la fiesta de San Paio de Torreira, sobre el 8 de septiembre, fecha en que se realiza la tradicional romería por la ría con estos veleros de casi 15 metros que embellecen estas tranquilas aguas con sus caprichosas curvas y sus velas hinchadas por el viento que evocan una silueta anacrónica. De recuerdo, puedes comprar réplicas en miniatura de estos barcos moliceiros en la Oficina de Turismo de Torreira, realizadas por un artesano local.

No puedes dejar de bordear la ría y llegar hasta el final de la estrecha península, siguiendo la carretera que acaba en Sao Jacinto

Además de contemplar las bellas imágenes y coloridos de la ría, llegarás hasta una Reserva Natural donde realizar un recorrido de senderismo señalizado, por el que recorrer parajes idílicos rodeados por marismas o elevadas dunas de arena que rodean a la gigantesca playa, encantos naturales vigilados por multitud de aves migratorias y rapaces.

Uno de los atractivos de este litoral atlántico son sus extensos arenales que invitan a realizar tranquilos paseos, o pescar con caña, sintiendo la fuerza del poderoso atlántico.

En Sao Jacinto también hay un coqueto puerto, y buenas playas con extensos arenales, pero desde su dársena puedes llegar en barco de pasajeros a la playa de Barra por pocos euros, y desde allí volver a Sao Jacinto, por lo que habrás recorrido una parte de la ría. Si quieres ir más allá, llegarás hasta la misma ciudad de Aveiro en una media hora, combinando el viaje marítimo con un autobús que parte desde Barra hasta la ciudad de los canales.

Aveiro: “La Venecia portuguesa”
Si la tranquilidad y el entorno marítimo y pesquero está asegurado en Torreira, merece también la pena una visita a la ciudad de Aveiro, una de las más importantes del país, y cuyos canales que atraviesan la ciudad hicieron que se la bautizara como la Venecia del Atlántico.

Y es que además de que los canales se adentran por parte de la ciudad, también influye en este apodo la presencia por estos canales de los barcos moliceiros, cuyas proas curvadas recuerdan en parte a las célebres góndolas venecianas. Por supuesto que la comparación es exagerada, ya que la monumentalidad de la ciudad italiana es irrepetible. No obstante, Aveiro tiene su encanto y personalidad propia, y se pueden realizar recorridos por los canales en rutas turísticas con barcos, incluso en auténticos moliceiros readaptados a fines turísticos. La ciudad respira un ambiente universitario, que le da cierto dinamismo y ambiente cultural, pero también puede ser interesante visitar las viejas salinas convertidas en museo.

Otra particularidad de esta ciudad es la estación de tren, decorada con bellos cuadros pintados sobre paneles de azulejos en tonos blancos y azules. En estas pinturas se representan motivos y costumbres de la ciudad y merece la pena contemplar este edificio, que es un auténtico museo expuesto junto a la vía.

Un paso por la ría de Aveiro es todo un homenaje al mundo marinero y pesquero en el que Portugal puede presumir de valientes y emprendedores descubridores con los que colonizó varios continentes. Por esto que merece la pena una visita al Museo Marítmo de Ílhavo, situado a unos 5 kilómetros al sur de Aveiro. (Ampliación en sección datos prácticos).

Dónde Dormir
HOTEL JARDINS DA RIA ****
Muranzel-3870-301 TORREIRA
Tel.- 00 351 234 860 720

Un lugar ideal para el descanso y la tranquilidad. Ubicado a pocos metros de la ría, y próximo a las dunas y el Atlántico, el hotel Jardins da Ria, con categoría de 4 estrellas, dispone de todas las comodidades para la perfecta estancia, en un entorno natural y silencioso. Sus habitaciones dispuestas en aparthotel, permiten seleccionar habitaciones dobles, pero sobre todo pequeños apartamentos de una o dos habitaciones, decorados de manera vanguardista y moderna. En estas suites de dos ambientes se dispone de una cocina perfectamente equipada con tecnología moderna como vitrocerámica, nevera, congelador y lavadora, así como televisión por satélite.

Yantar
La cocina de la zona está lógicamente influenciada por los pescados que se arrancan al Atlántico y a la ría de Aveiro. El plato típico de estos pueblos marítimos son las anguilas, pescadas en la ría y que se preparan guisadas, fritas o en escabeche. La creciente dimensión turística de Torreira congrega a unos cuantos restaurantes en el pueblo, pero tampoco los hay a docenas. También, unos kilómetros al norte, puedes acercarte hasta el pueblo costero de Furadouro, donde se preparan en los restaurantes junto al paseo marítimo todo tipo de pescados a la brasa (se asan en plena calle) como calamares (chocos), lubina (robalo), merluza o sardinas. Por si acaso, pregunta qué ofrecen como en ese día como “platos del día”, ya que seguramente ahorrarás en tu factura final. Pidiendo una sopa o caldo de primero, (sobre 1-2 euros) y uno de estos platos del día de segundo (entre 4 a 6 euros), seguro que quedas saciado pagando menos. Y si eres aficionado a la pesca con caña, también puedes probar suerte con cañas largas de surfcastig e intentar capturar lubinas, hay muchos aficionados, eso sí, infórmate de los permisos que son necesarios.

Museo Marítimo de Ilhavo
(Cierra lunes) Tel: 00 351 234 329 990

Este centro cultural se ubica en un edificio de moderna arquitectura premiado por su línea contemporánea, y recoge reproducciones de las embarcaciones más representativas de la comarca. Destaca la fiel imitación de la enorme y antigua nave bacaladera “Faina mayor” que ocupa una inmensa sala, y que se utilizaba para la pesca del bacalao en alta mar y lejanas latitudes.

Otra de sus salas destacadas se dedica a la ría, mostrando con todo su esplendor varias de las embarcaciones genuinas de estas marismas, como los enormes moliceiros. Las barcas se exponen como nuevas, ya que no están afectadas por la humedad del agua y parecen recién salidas del astillero.

Otra característica es que en este edificio interior se extienden en las embarcaciones las enormes velas que desplazan a estas barcazas, ya que las que están atracadas en la ría, aunque visibles y accesibles, lógicamente tienen recogido el velamen. Además, el uso de tecnologías audiovisuales nos acerca y aclara otros matices de este generoso entorno marítimo. También se puede contemplar la representación de un pequeño astillero artesanal. Otras secciones del museo la componen reproducciones de maquetas con todo tipo de barcos, instrumentos náuticos o aparejos de pesca relacionados con estos marineros portugueses.

Por último, una extensa colección de conchas de mariscos nos acerca a la riqueza y variedad de la naturaleza marina. El mismo Museo Marítimo gestiona otra curiosa visita, a unos 5 Km. que tampoco puede faltar para los amantes del mar. Seguro que en tu paso por los puertos pesqueros o mercantes te han quedado ganas de conocer cómo es un gran barco por dentro.

El Navío-Museo Santo André, destinado para su visita cultural, es un inmenso arrastrero pesquero de nada menos que 71 metros con el que se pescaba bacalao. Se construyó en Holanda en 1948 y pescó hasta 1997. Además de poder pasear por la inmensa cubierta y subir y bajar por las escalerillas por los distintos niveles de esta considerable nave, como los viejos lobos de mar, lo mejor está en sus entrañas. Lo que en tiempos eran enormes depósitos de sal y el congelador para toneladas de pescado, ahora están reconvertidas en salas de proyección y exposición que honra a los heroicos marineros portugueses que pescaban en lejanas y gélidas aguas. También es curioso ver los estrechos y pequeños camarotes donde tenían que convivir durante meses estos pescadores, un auténtico “Gran Hermano” donde sus curtidos protagonistas no se podían escapar. Para llegar al museo, pregunta para acceder a la parte de la ría donde reposa este monumento marítimo de acero. Una ventaja para localizarlo es que el barco es tan grande, que se ve a lo lejos. Por último, la entrada a esta nave es gratuita.

 

 

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