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Ruta de los Faros por la costa oriental de Cantabria

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La Ruta de los Faros nos recuerda a aquellos antiguos marineros que faenaban en el litoral cántabro tenían en los faros la guía que les orientaba y el punto centelleante que les sujetaba a la tierra, al hogar, la luz de los días de tormenta y las noches sin luna.

Los barcos de Castro Urdiales, Santoña, Laredo o Santander, buscaban las referencias lumínicas de estas torres situadas en acantilados o en las entradas de las bahías para saber que estaban en casa o, cuando menos, evitar los abruptos acantilados y saber dónde estaba el refugio.

Nuestra ruta de los faros nos lleva hacia el oriente de Cantabria, entre Castro Urdiales y la localidad de Ajo, donde nos encontramos cuatro construcciones que, debido a las nuevas técnicas de navegación han perdido su función original, pero que se mantienen como testigos de leyendas e historias de marinos y de pescadores.

Faro de Castro Urdiales. Castillo de Santa Ana
Aquí da comienzo la ruta de los faros, aquí se encuentra este situado junto a la iglesia de Sta. María y frecuentemente ha sido considerado antigua fortaleza de los templarios, aunque no existe evidencia de que fuera tal. El castillo de Santa Ana sostiene la linterna que se iluminó por primera vez en 1853 con una característica de luz fija y un alcance de 13 millas. La lámpara de aceite original dio paso a la lámpara de petróleo que prestó servicio hasta 1919. En 1927 se remodeló el torreón y se instaló una nueva linterna. Posteriormente se instaló la linterna del antiguo faro de Adra.

Ruta de los faros de Cantabria

Ruta de los faros de Cantabria

La vivienda y la torre del Faro de Castro Urdiales se levantan sobre la terraza de la antigua fortaleza de Santa Ana, cuya capilla sirve de alojamiento a la sala de motores y taller. El recinto amurallado desde donde se defendía la plaza, tiene acceso por una única puerta que da a unas escaleras y a un pequeño trozo de terreno por la parte del mar. Los muchos años en que lleva esta linterna funcionando como faro, han conformado una imagen tradicional del pueblo con la dársena del puerto, la iglesia gótica de Santa María y el faro sobre el castillo, que forma ya parte del acervo cultural de esta villa.

Faro del Caballo en el monte Buciero
Aunque, en la actualidad este faro está fuera de servicio, la espectacularidad del lugar donde está ubicado merece una visita. Para acceder al Faro del Caballo, el farero y su familia tenían que descender por 683 peldaños escavados en la roca de un abrupto acantilado. Desde el Faro al mar hay otros 111 peldaños, que dan directamente a un pequeño atraque. El Faro del Caballo se halla en las escarpadas paredes del monte Buciero, en el término municipal de Santoña, interesante localidad a visitar de nuestra ruta de los faros.

Faro de El Pescador
Este faro se halla en la falda del mismo monte de El Buciero, en cuya cima se conservan los restos de una torre de vigía donde se encendían fuegos. Este faro sustituyó en 1859 a otro que se estaba construyendo en la punta del Fraile, en la misma ría de Santoña y que no marcaba bien la costa. El Pescador se encendió por primera vez en 1864 con una lámpara de aceite de oliva y 17 millas de alcance. En 1883 se instaló una lámpara de parafina y petróleo que funcionó hasta 1926, cuando entro en servicio una nueva óptica y una instalación de acetileno. En 1915 un ciclón destruyó el edificio y durante la Guerra Civil el faro permaneció apagado, como tantos otros de la cornisa cantábrica. Continúa la ruta de los faros con destino al Cabo de Ajo.

Faro del Cabo de Ajo
Situado en la misma punta del cabo de Ajo, sobre una peña desde la que se divisan unas vistas espectaculares, este faro se construyó en 1930. Fue el empeño del ayuntamiento de Bareyo, en cuyo municipio se halla la localidad de Ajo, el que, fundándose en tres naufragios consecutivos en los arrecifes del cabo, el que al final consiguió que se construyera este faro con un alcance de 15 millas y una apariencia de grupos de 3 ocultaciones. En 1962 se electrificó con una lámpara incandescente, conservando la característica y el alcance que tenía. 63 metros de altura separan este faro del mar, sobre un abrupto acantilado, boche de oro de esta espectacular Ruta de los Faros.

 

 

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