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Recuerdos de la Batalla de Trafalgar

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“Trafalgar Square”, en el corazón de Londres es uno de los reclamos turísticos más importantes de la capital mientras en la costa gaditana, escenario de la batalla, apenas alguna lápida recuerda una contienda que significó el fin del poderío español en el mundo y el comienzo del imperio británico.

Desde aquel 21 de octubre de 1805, el Reino Unido celebra anualmente la victoria pero en la franja costera donde hace 200 años se libró la batalla, se extiende una playa de arena fina, blanca y luminosa en la que destaca el Faro y que está en el centro de la conocida como “La Costa de la Luz”. Un remanso de paz para el siglo XXI, testigo mudo de lo que fue una guerra que cambió el reparto del poder en Europa.

El Panteón de Marinos Ilustres y el Museo Naval de San Fernando, en la Bahía de Cádiz, una placa dedicada a Gravina en la plaza de la catedral de Cádiz –general al mando del buque insignia español- y poco más, eran hasta ahora, los únicos testigos de la contienda.

La humanidad del pueblo de Cádiz con los cerca de 4.000 heridos, sin distinguir nacionalidad, tampoco figura más allá de los libros de Historia para que el gran público lo recuerde.

Pero la cercanía del 200 aniversario, que se cumplió en el 2005, ha rescatado del olvido la batalla y han surgido varias iniciativas para revisar y conmemorar –que no festejar- este capítulo clave en la decadencia de España y de una ciudad como Cádiz: ilustrada, cosmopolita y rodeada de mar.

faro

“Cabo Trafalgar”
La primera referencia de relevancia ha sido la publicación de “Cabo Trafalgar” de Arturo Pérez Reverte, académico de la Lengua y uno de los escritores más populares de España, con obras traducidas a más de 25 idiomas y vendidas en más de 50 países. El relato naval ha despertado tal interés que el día de su presentación iba ya por la cuarta edición.

La novela sale al mercado como un homenaje a la dignidad y a la decencia con la que la gente, los españoles, siempre actúan ante las tragedias, demostrando una ejemplaridad –según el autor- muy superior a la de sus gobernantes.

Pérez Reverte –en declaraciones al diario El País- recuerda cómo en aquella fecha, España tenía los mejores barcos del mundo y unos oficiales de marina ilustres, científicos reconocidos, “astrónomos, matemáticos, ingenieros, respetados en toda Europa por sus tratados científicos (…) pero en cambio no teníamos tripulaciones. Así que se llenaron los barcos de pobre gente y se los envió a una escabechina. Fue una monstruosidad”.

El autor, experto en la Marina del siglo XVIII, califica de “espeluznante” el consejo de guerra en el que los españoles manifestaron muy inteligentemente, conocedores del clima y de las circunstancias, que no había que salir a puerto…cosa que finalmente hicieron a instancias de los franceses para que estos no les tacharan de cobardes exponiendo así la vida de muchos soldados de tierra y hasta campesinos reclutados a la fuerza.

La derrota de la flota franco-española supuso también el fin de las aspiraciones napoleónicas por conquistar Inglaterra, aunque Nelson muriera tiroteado desde un navío francés.

Congresos y ceremonias
El Ayuntamiento de Cádiz, de donde zarparon los barcos y el de Barbate, municipio frente al que se libró la batalla, forman parte de comisiones para conmemorar la batalla.

Una exposición con recuerdos de la contienda servirá de puente para tener más presente lo que ocurrió. En ella podrán contemplarse cartas marinas, maquetas de barcos, uniformes, cañones, grabados, documentos, recortes de periódicos y otros objetos de la época.

En principio hay previstos tres congresos internacionales, uno de ellos sobre Historia de la Medicina tomando como referencia el hecho de que tras la batalla, Cádiz se convirtió en un inmenso hospital. Hay que recordar que la contienda y el temporal que horas después zarandeó a los buques y a sus tripulantes, acabó con la vida de 4.000 hombres y dejó heridos a otros 3.800.

Otro encuentro versará sobre la Historia Militar, porque Trafalgar es un episodio imprescindible para entender su evolución y un tercer congreso, de carácter geopolítico, analizará las consecuencias de la confrontación con la concurrencia de expertos en Economía y en Derecho Internacional.

El capítulo de actos contempla tres ceremonias: una parada naval en la que veleros de Inglaterra, Francia y España derramarán un manto de flores sobre las aguas del Atlántico, una ceremonia con los máximos representantes de la iglesia católica en Cádiz y de la anglicana, la mayoritaria entre los ingleses, y el hermanamiento de Cádiz con Plymouth y Portsmouth, puertos de los que partieron los buques dirigidos por Nelson.

Varios escultores están trabajando en propuestas para diseñar el monumento a los caídos que se inaugurará en Cádiz o en la ensenada de Barbate y hasta el Colegio de Arquitectos de Cádiz aprovecha el bicentenario para reclamar el litoral gaditano como espacio público y como mirador, porque en aquella fecha la gente acudió a las costas, como si se tratara de una grada, para presenciar la batalla que cambió el rumbo de la Historia.

En la Comisión del bicentenario también participan la Universidad de Cádiz, la delegación provincial de Turismo, la Real Academia Hispanoamericana, la Real Academia de Medicina y Cirugía y el Ministerio de Defensa, entre otras instituciones.

Rescatar los barcos
Otro de los frentes del bicentenario serán los trabajos del Centro Andaluz de Arqueología Subacuática, con sede en la capital gaditana, que lleva desde el año 2000 revisando documentación sobre los barcos hundidos en la batalla. Una fase que concluyó en mayo y que dio paso al rastreo y a la localización de pecios con radares. En julio comenzó la etapa de extracción y estudio.

Los trabajos se centran sobre una franja costera de 155 kilómetros y la Nautical Foundation y la revista National Geographic se han comprometido a financiar parte de las prospecciones.

Proyección internacional
La cercanía del bicentenario ha despertado el debate sobre la necesidad de conmemorar un capítulo tan trágico de la historia de España, pero desde instancias académicas se apuesta por conmemorar un hecho con vistas a profundizar en las relaciones internacionales y a aumentar la proyección de Cádiz. Una ciudad de la que en 1800 el poeta inglés Lord Byron dijo “¡Oh Cádiz, tu eres el primer lugar del mundo¡”.

La Costa de la Luz
La costa oeste de la provincia de Cádiz, escenario de la batalla, es una playa inmensa de arena dorada y fina sólo interrumpida por pequeñas calas, acantilados, dunas que desembocan en el mar y tres parques naturales: el del Estrecho de Gibraltar, el del Pinar de la Breña y las Marismas del Barbate y el de la Bahía de Cádiz.

Más conocida como “Costa de la Luz” es uno de los destinos turísticos más cotizados porque, entre otros motivos, su valor estratégico la salvó en los años 60 de las construcciones que colmataron algunos enclaves del litoral español.
Cádiz, la capital de la provincia, es la ciudad más antigua de Occidente y un islote rodeado de mar sólo unido a tierra por un puente y una manga de tierra. Unas características que han preservado su peculiar trazado urbanístico, su aire colonial…el destino obligado de los escritores románticos, disputada por los piratas, parada y fonda de los viajeros desde hace más de 3.000 años.

 

 

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