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Muchas comidas
tienen su origen en un antiguo rito, una recomendación
o un precepto y tal sucede con el potaje. Para los franceses, auténticos creadores del término, es el
resultado de cocer carnes y
añadir al caldo legumbres y
tubérculos. Pero, en España,
la palabra potaje hace referencia, por excelencia, a un guiso de abstinencia,
aunque se suele utilizar despectivamente para definir aquellos platos que
contienen muchos ingredientes.
El español y
cuaresmal potaje debió de nacer
en el medioevo, cuando se extendió por España el consumo de bacalao
en salazón. Así, haciendo uso, como base, de bacalao, garbanzos,
judías blancas y acelgas, a la que se añadía el aliño característico, debieron de
crear aquellas antepasadas que, tal vez, respondían a los nombres de
Menga,
Oria, Muñadona,
Roma,
Olalla, Zahara o
Aixa, este magnífico plato con el cual era posible cumplir el precepto
de abstinencia de comer carne en los primaverales días de la cuaresma,
legándonos este plato que, hoy, se degusta con tanto placer.
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Fácil de confeccionar y muy sano, tan sólo mantiene, como regla
general para la cocción de las
legumbres, la obligación de poner las secas a remojar unas horas
antes para cocerlas después a fuego lento |
Las preparaciones más sencillas de las
sopas y potajes de vigilia consistían en cocer en bastante agua con un poco
de sal las legumbres secas o
frescas. De hecho, se distinguen potajes de
nabos, de guisantes, de espinacas, de zanahorias,
de habas y de calabaza. Una vez bien cocidas, según el modo y tiempo que a cada
legumbre conviene, se calaba la
sopa con el caldo de la cocción, para añadir a cálculo, en el momento
de servir, un buen trozo de manteca
de vaca, para la alta cocina, o bien un par de cucharadas de aceite
refrito de antemano, para los que no era de agrado la
manteca. Aunque esta última también fue denostada, en ocasiones, por
aquellos que mantenían que la
manteca de vaca no era vigilia, y lo es, igual que la
leche que se utiliza para su fabricación.
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Este magnífico plato con el cual era posible cumplir el precepto de
abstinencia de comer carne en los primaverales días de la cuaresma,
legándonos este plato que, hoy, se degusta con tanto placer |
Fácil de confeccionar y muy sano, tan sólo mantiene, como regla general
para la cocción de las legumbres,
la obligación de poner las secas a remojar unas horas antes para cocerlas
después a fuego lento. Por su parte, las
legumbres frescas, blancas o verdes, bien lavadas, se cuecen
rápidamente con agua abundante, fuerte fuego y sobra de sal. Así, las
verdes acentúan y conservan su color y, el resto, no pierden el sabor, ni
la rigidez, ni la lozanía.
La receta:
1/2 kg. de garbanzos,
1/4 kg. de espinacas,
Bacalao desalado,
150 gr. de zanahorias,
2 cebollas,
1 tomate,
2 huevos duros,
Aceite,
Ajo,
Laurel,
Pimentón,
Perejil y
sal .
Se cuecen los garbanzos en una olla, con la zanahoria y el
bacalao. Cuando comience a cocer, echar un poquito de aceite. En otra olla
preparar las espinacas y en otro recipiente se ponen a cocer los huevos. En una
sartén aparte freir el pimentón, el tomate y la cebolla picada muy finita.
Echar las espinacas y el refrito en los garbanzos. Al servir, trocear los
huevos duros.
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