|
Con nombre propio
Carne de lidia |
Enlaces relacionados
|
|
Estamos en pleno ciclo anual de renovación de nuestra más genuina fiesta hispana: los toros. La lidia del bravo, cuyo “juego” se acredita y juzga en la plaza por figuras y estilos de lances, emoción y valor ...pero que también, en lo que a nosotros atañe y con similar rigor, cumple luego su peculiar “faena” en los fogones.
Por Manolo Méndez @ (*) |
|
Gastronómicamente,
la carne de esas reses bravas tiene características muy propias. Al
punto de que se necesita ser un poco experto, y hasta buen aficionado
para discernir y disfrutar de ella en plenitud. Y la primera dificultad
empieza ya por la provisión: la fiabilidad garante de que la pieza de
carne de lidia que compremos, o la que nos llega ya emplatada en el
restaurante, proceda efectivamente de un animal que rindió su vida
luchando en la plaza. Y no ya sólo –que también- por el gusto parejo de
sumar a la degustación la reseña del “juego” que el astado en cuestión
dio en la arena, que esa leyenda, si es buena, sin duda añade regusto y
memoria al envite culinario, sino porque el trance de ese sacrificio
ritual, de esfuerzo y crispación extremos, siempre confiere, aun cuando
la faena resultara deslucida y abroncada, a la carne de la res
sacrificada a espada un paladar único.
El violento ejercicio al que los toros son sometidos antes de su muerte
hace que acumulen en sus carnes gran cantidad de ácido láctico, de una
manera semejante a las piezas de caza que son cobradas en plena huida.
De ahí que, al igual que la caza, necesite la carne de lidia también
unas horas de maceración previa a su contacto con el fuego, pongamos que
una hora o así, inmersa en agua con un chorrito de vinagre. Además de,
claro, –imprescindible- haber pasado no menos de veinte días de
mortificación en cámara, para que la pieza exprese toda su potencialidad
de sabor.
En el toro de lidia, en contra de lo común en otros bóvidos de carnes
rojas, véase qué curioso, los cortes más apreciados no son chuletones y
solomillos; que también se cocinan, por supuesto, y tienen su gracia,
aunque sea una “gracia” más bien recia y bravía, que no a todos
complace. No. En el despiece de la lidia, lo que indiscutiblemente manda
es el rabo, y con él, si acaso, los jarretes, o morcillos.
El
toro bravo es una variedad de vacuno de razas muy seleccionadas, criado
en libertad en grandes dehesas y promovido para que desarrolle una
fuerte musculatura. Los novillos alcanzan los cuatro años, y los toros
lo son a partir de esa edad. Unos y otros apenas tienen un gramo de
grasa, y ello les hace un tanto duros para la sartén o la plancha. De
ahí que su mejor formulación culinaria tradicional sea el guiso o el
estofado. El de rabo es el rey; un plato denso y gelatinoso, casi
meloso, cabría decir. Aunque en esto del rabo, la cosa se las trae,
porque si ya hay dificultad y dudas a la hora de identificar los cortes
de magro, en el caso del rabo la cuestión es asaz más complicada; casi
un auto de fe. Porque aquí en España, de todos es sabido el curiosísimo
fenómeno post-mortem que se produce y del que todos somos cómplices
consentidores: ese que hace que toda vaca, una vez sacrificada, pase a
ser “buey”...menos, excepción hecha de su apéndice caudal que,
indefectiblemente, se transmuta en “rabo de toro”. En fin, milagros
éstos que son de carnicería y mesón. Lo importante, en todo caso; lo que
yo les deseo: que ustedes, mis buenos amigos, si les es dada la deseable
ocasión de vérselas esta temporada con alguna buena pieza de carne
brava, la “lidien”, a tenedor y cuchillo, lo mejor posible. Y siempre,
eso sí, recuerden, en compañía del mejor gran reserva nacional que
puedan arrimarle. Buen provecho.
|
|
Otros Canales
|
Secciones
Turismo Hoy.
Periódico digital del Turismo. Actualidad, Noticias del
sector turísitco.
Información de gastronomía.
Guía gastronómica de España y Portugal. Restaurantes, productos con denominación de origen, platos típicos y recetas.
Vinos, bodegas y cavas...
Aventura y Turismo Activo
Actividades en la naturaleza, Información
de
Aventura y Turismo Activo, Montaña,
Escalada, Senderismo, deporte en la naturaleza y rutas ...
Viajes
por el mundo.
"Viajes por el mundo" es el canal de información turística del
exterior, una sección útil para el viajero inquieto que también busca información de turismo y viajes para planificar sus salidas al extranjero. |
|
(*) Artículo publicado en
el Correo Gallego
Manolo Méndez es periodista y escritor. Actualmente además
de colaborador de este rotativo, publica sus reflexiones sobre el mundo de
la gastronomía en La Voz de Ortigueira y el Heraldo. Es también autor de
la novela "Destellos de Hollín".
Destellos de Hollín
La obra podría ser catalogada, sintetizando mucho, como una novela de
enredo picaresco, bien trufada de humor y de costumbrismo, no exenta de
intriga, y hasta con una moraleja final, que es la sorpresa de su
desenlace. La trama en cuestión se hilvana en torno a la peripecia de
tres pícaros carcelarios, y un cuarto, no menos pícaro, el guardia civil
obsesionado con descubrir, para su propio provecho, lo que dos de ellos
traman cuando salen del penal, que no es otra cosa que localizar el
paradero de un famoso botín de joyas que nunca aparecieron. Las
respectivas "historias" de estos cuatro protagonistas nos irán
desvelando su especial personalidad, motivaciones y carácter.
En el hilo conductor de la trama se descubren las peculiaridades
insólitas del pueblo donde al fin recalan todos, con el afán de
localizar en él, en su laberinto imposible, la presunta ubicación del
tesoro, que ha estado durante años guardado, escondido para ellos, en el
interior de la chimenea de una casa. Pero lo grave es que, en ese pueblo
tan singular, todas las casas son iguales, y todas tienen chimenea, lo
cual explica la razón del título elegido para el relato, "Destellos de
Hollín".
Manolo Méndez @ >>> |
|