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Turismo de
Gibraltar
El
escarpado Jebel Tarik, monte Tarik, como
denominaron los árabes al Peñón de Gibraltar, oculta
bajo sus entrañas, multitud de cavidades que
aprovecharon sus primeros pobladores para refugiarse y
kilómetros de túneles excavados en la roca por el
hombre con el transcurrir de los siglos. Hoy día, esta
mole caliza, convertida en reserva natural, alberga
valiosa fauna y flora, salpicada especialmente por
simpáticos monos que tratan de ganar terreno al hombre.
A sus pies, en el Mediterráneo, los delfines juegan a
"rodear" el peñón. Mientras, en la ciudad,
el bullicio comercial comienza desde primeras horas de
la mañana. Mezcolanza de culturas y de estilos,
Gibraltar es un particular lugar de la península
ibérica, en el que el peñón hace las veces de
espectacular mirador de la costa africana.
Por M. Beltrán.
Fotografía.-
Luis Medina |
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Casemates
Square. La máquina
del tiempo se ha situado en el siglo XIX para dar cabida a
viajeros del nuevo milenio. Turistas, curiosos,
investigadores y amantes de la naturaleza que se acercan a
este pedazo de tierra bañado por aguas mediterráneas en
busca de algún que otro secreto.
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| Fascinación
Viajera.
El viajero sentirá cierta
atracción por Gibraltar. Como ya lo sintieron los
primeros pobladores atraidos por su posición estratégica
y por esa enorme mole caliza que es el Peñón. |
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Esta plaza, centro neurálgico de la ciudad y antecesora
al trajinar urbano y comercial que aporta la calle Real,
es, posiblemente, el mejor punto de partida para visitar
la urbe. Su aspecto decimonónico se advierte a cada paso,
en cada esquina. Y es entonces, cuando la mezcla de
estilos, vuelve a "tocar" la máquina del
tiempo. En definitiva, el viajero sentirá cierta
atracción por Gibraltar. Como ya lo sintieron los
primeros pobladores atraidos por su posición estratégica
y por esa enorme mole caliza que es el Peñón.
Si hay algo que caracteriza a los gibraltareños o
llanitos, como también se les conoce, es ese pasado de
mezcolanza que les ha permitido ser abiertos y tolerantes.
Por sus venas corre sangre maltesa, judía, española,
británica, genovesa, india o marroquí.
Y bajo la caliza, antiguas
civilizaciones buscaron refugio en las entrañas de esta
tierra, cobijándose en sus cuevas y abasteciéndose de
conejos, ciervos, ganado salvaje, caballos, elefantes y
rinocerontes. Era en el siglo VII a.c. y los marineros
habían comenzado a arribar al peñón para depositar
ofrenda a los dioses antes de partir hacia el desconocido
Atlántico. Una muestra de estas antiguas formas de vida
pueden verse en la Cueva de San Miguel en el Peñón o La
Roca, como se denomina por la zona.
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Ofrendas
a los Dioses.
Ya en el siglo VII a.c. los marineros
habían comenzado a arribar al peñón para depositar
ofrenda a los dioses antes de partir hacia el desconocido
Atlántico. Una muestra de estas antiguas formas de vida
pueden verse en la Cueva de San Miguel en el Peñón o La
Roca, como se denomina por la zona. |
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Fenicios y romanos, grandes comerciantes los primeros y
estrategas los segundos también dejaron su huella. Los
fenicios denominaron a esta porción de tierra "Calpe"
y, como tal, así aparece la primera descripción que
tiene sobre el lugar, gracias al geógrafo romano
Pomponius.
Una detenida visita por el Museo de
Gibraltar permite conocer sus más de 200 millones de
años de historia. Además de la famosa "mujer de
Gibraltar" (cráneo de la época Neandertal) y
diferentes objetos fenicios, romanos y agarenos, destacan
los magníficos baños árabes, uno de los mejor
conservados de Europa. Fueron precisamente los árabes,
quienes poblaron estos pagos durante siete siglos y su
huella se aprecia por toda la ciudad, especialmente en la
fortaleza, que en sus inicios llegaba hasta Casemates
Square. Hoy tan sólo se conserva la Torre de la Calahorra. Y
el rastro moruno se mantiena hasta hoy, pues en Gibraltar
comenzó la invasión musulmana y aquí desembarcó el
jefe bereber Tarik Ibn Zeyad, en el monte que se denominó
"Jebel Tarik". Ya así, pasó a llamarse
derivando hasta el actual término de "Gibraltar".
La
recortada silueta del Peñón acompaña todo el camino.
Será irresistible, tras haber presenciado el cambio de
guardia en el Convento, dirigirse en busca del teleférico
para otear lo mejor de esta ciudad y alcanzar la cumbre. A
lo lejos, los paradisiacos jardines Botánicos; casi
acariciando el mar, el Fondeadero de Nelson, denominado
así porque fue el lugar donde desembarcó el cadáver de
Lord Nelson, tras la batalla de Trafalgar. Aquí se
encuentra un cañón victoriano de cien toneladas. Mucho
más singular es el cañón de Koehler inventado durante
el denominado Gran Asedio, que se encuentra en Casemates
Square y que se dispara hacia abajo.
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Reserva
Natural. Declarado Reserva Natural, el Peñón de Gibraltar cuenta
con valiosa fauna y flora. El carraspique de Gibraltar,
una flor silvestre autóctona, el buitre leonado o la
mariposa de los cardos campan a sus anchas por la zona.
Pero mucho más dicharacheros, traviesos y juguetones son
los monos, que por aquí se hallan en estado semi-salvaje
y restan protagonismo a otras especies. |
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Declarado Reserva Natural, el Peñón de Gibraltar cuenta
con valiosa fauna y flora. El carraspique de Gibraltar,
una flor silvestre autóctona, el buitre leonado o la
mariposa de los cardos campan a sus anchas por la zona.
Pero mucho más dicharacheros, traviesos y juguetones son
los monos, que por aquí se hallan en estado semi-salvaje
y restan protagonismo a otras especies. Este mono
"rabón" llegó de Africa en el siglo XIII. Pero
si en tierra los monos son los protagonistas, en el mar
los delfines, con sus sincronizados saltos, marcan el
ritmo mediterráneo.
De nuevo en el Peñón, además de disfrutar de las
magníficas vistas, la cueva de San Miguel muestra modos
de vida prehistóricos. Mientras, en el otro extremo, los
túneles del Gran Asedio, forman un conjunto subterráneo
de más de cincuenta kilómetros, excavados para alojar
los primeros cañones de la historia capaces de disparar
hacia abajo.
La impronta española también se deja ver en sus gentes,
en su particular forma de hablar. Gibraltar perteneció a
la Corona Española desde 1462, aunque ya había estado en
su poder durante veinticuatro años, en la época árabe,
hasta 1782, en que pasa a formar parte de la Corona
Británica, mediante el Tratado de Utrecht. Al
atardecer, en Punta Europa, el faro, dominando el
Estrecho, parece "encender" la noche. Y así,
los cañones duermen, los monos buscan lecho para sus
mejores sueños y los delfines se esconden. Los
restaurantes del Peñón también encienden sus mejores
fogones para elaborar suculentos platos de la cocina más
diversa. Y en el horizonte, tan sólo se escuchan susurros
mediterráneos. Unos que miran a Africa; otros que miran
hacia la costa malagueña y gaditana...
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