Malpica de Bergantiños, Refugio en el Atlántico
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Malpica de Bergantiños, refugio del Atlántico
Por Luis Medina

Un torbellino de fuerza y bravura se deja sentir en la costa de Malpica.Un brío que parece implacable y que recorre entre La Coruña y Cabo Finisterre, turbulentas aguas que le han valido el nombre de Costa de la Muerte. En Malpica, justo en su puerto, un murallón de hormigón previene a su población pesquera "cuando la mar amanece con un mal día, más bien enfadada".



El arrebato costero de Malpica permite además, conocer una tranquilidad interior no menos bella. Así, las parroquias de Buño, Barizo, Cambre, Mens y Cerqueda, ofrecen una cierta paz y a la vez un cierto halo celta, permitiendo a la zona mostar una belleza complementaria.

El arrebato costero de Malpica permite además, conocer una tranquilidad interior no menos bella

De nuevo en el puerto de Malpica, casi perdido en el mar, el reloj del tiempo retrocede recordando aquel trasiego de pescadores que capturaban ballenas. No resulta difícil recordar cómo sería un día de los antepasados de estos vecinos marineros entre estas aguas. Y como las mujeres bajaban de sus casas, prácticamente suspendidas en el mar, bajo imponentes rocas golpeadas por el agua, a recibir las naves. Porque hoy, también sobre las rocas tratan de hacerse hueco pequeñas casas y edificios más modernos, conformando laberínticas calles que tratan de ganarle espacio a la naturaleza.

Tal vez, para conocer mejor a esta población y a sus gentes, el profundo apego a la mar, sea visitar la Casa del Pescador, donde se encuentran pinturas de Urbano Lugrís, un enamorado de la localidad que decidió terminar sus días entre los vecinos de Malpica.

Aún es posible inmiscuirse entre sus gentes, visitar sus tabernas tradicionales, escuchar la sirena que anuncia el regreso de los pescadores en la madrugada o asistir a la subasta del pescado.

A pesar del encanto marinero, Malpica ha comenzado, como otros muchos pueblos, su expansión turística, gracias a la recuperación de la Praia Mayor, con un vistoso paseo marítimo, donde se reúnen, además, numerosos surfistas.

Pero aún es posible inmiscuirse entre sus gentes, visitar sus tabernas tradicionales, escuchar la sirena que anuncia el regreso de los pescadores en la madrugada o asistir a la subasta del pescado.

Aunque no hay ninguna empresa que organice salidas a las Islas Sisargas, las tripulaciones de los barcos no suelen poner impedimento a acercar al visitante que quiera conocer las islas

Y mirando hacia el mar las tres islas Sisargas: La Grande, La Malante o Mediana o La Chica. Son las vigías de las embarcaciones, organizadas en torno a un faro construido en 1919. Son los encargados del mantenimiento de este referente para los marineros, la única población humana que "pasea" por las islas. Aunque en los días de fiesta y buen tiempo se acercan hasta aquí los pescadores con sus familias para tomar unas sardinas asadas, las denominadas "parrochas". Ellos son los únicos privilegiados que pueden llegar hasta estos piélagos, pues no existe ninguna empresa que organice excursiones a la isla. Las tripulaciones de los barcos no suelen poner impedimento a acercar al visitante que quiera conocer las islas. Una vez allí, en la Sisarga Grande, una playa arenosa es el espacio de que disponen los pocos visitantes que allí llegan. No hay una vegetación destacable. De ella dicen que fue Drake quien destruyó una antigua ermita normanda dedicada a Santa Marina. Su mayor tesoro son las aves que pueblan esta zona. Un sonoro silencio, interrumpido por estas, tal vez permita al viajero recuperar esa paz olvidada por el trasiego diario.

Una vez allí, en la Sisarga Grande, una playa arenosa es el espacio de que disponen los pocos visitantes que allí llegan. No hay una vegetación destacable. De ella dicen que fue Drake quien destruyó una antigua ermita normanda dedicada a Santa Mariña. Su mayor tesoro son las aves que pueblan esta zona. Un sonoro silencio, interrumpido por estas, tal vez permita al viajero recuperar esa paz olvidada por el trasiego diario

También dicen que Malpica fue una antigua isla como las Sisargas, que con el tiempo fue uniéndose a la península. Los anales de la historia revelan que el nombre es ibérico, procedente de los términos, "Mal", que significa altura o dominio, y "Pica" en el sentido de pico, en referencia al Monte Atalaia, que junto con el puerto y la playa dan nombre al istmo a Malpica.



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