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En cualquier caso, las escaleras que suben a la muralla son un ofrecimiento que no puede
ser denegado. El primer recorrido por la ciudad de Obidos debería realizarse sobre
estos muros desprovistos de barandillas, aunque, en algunos puntos, la estrechez ponga a
prueba el valor del viajero. Sin embargo, la altura permitirá planificar el posterior
paseo a pie de calle.
Las murallas no sólo dan una idea de la distribución
interior de las callejuelas de la ciudad, sino también de la historia de este lugar
ganado a los moros por el monarca Alonso Henriques y las tropas que mandaba su
capitán Gonçalo Mendes en el año 1148. Obidos no fue, sin embargo, un
lugar fundamental en la reconquista llevada a cabo por los portugueses, sino que éstos se
vieron obligados a hacerse con la villa con el objeto de eliminar las bolsas de
resistencia sarracenas en los territorios recién obtenidos antes de emprender nuevas
campañas al sur del Tajo.
Sólo un siglo después, el rey Dionis mandó construir el
castillo que hoy corona la ciudad y estableció el particular privilegio de conceder la
villa a las reinas de Portugal. El propio monarca inició la costumbre
ofreciéndosela como regalo a su esposa Isabel, y Obidos pasó por las manos
de las reinas portuguesas hasta 1833. Curiosamente, las mismas murallas que sirven al
viajero para visionar la historia de la ciudad se construyeron posteriormente gracias a la
iniciativa de Fernando I.
Una vez que los pies han descendido del círculo
amurallado, la entrada debe hacerse por la que era, y sigue siendo, el principal portalón
del pueblo, que salva las murallas gracias a un pasadizo en retranqueo, diseño previsto
como estrategia defensiva para dificultar el acceso de los posibles enemigos. Cerca, en
uno de los muros bajo techo, se puede ver un oratorio decorado con azulejos del siglo
XVIII, donde están representadas la agonía de Jesús y el lance del Huerto de
los Olivos, en el que San Pedro cortó una oreja a un soldado romano.
La calle principal, la Rua Direita, arranca desde esta entrada y
llega a la plaza central del pueblo, a los pies del castillo, donde también confluyen las
vías más importantes. Este es el lugar más despejado del casco urbano de Obidos
y, en su rededor, se puede contemplar el pelourinho de Joao II, una fuente
renacentista y varias mansiones destacadas, como la Casa do Telheiro.
Las iglesias
También en esta plaza se levanta la iglesia dedicada a Santa María.
Se trata de un edificio que, en sus inicios, fue templo visigótico; luego, mezquita
árabe y, después de la reconquista, fue consagrada a la fe cristiana. Sus muros
contemplaron la boda de Alfonso V con su prima Isabel, celebrada en 1444 a
las tiernas edades de diez y doce años, respectivamente. Las reconstrucciones llevadas a
cabo entre el 1521 y el 1557, años del reinado de Joao III, eliminaron,
prácticamente, las influencias artísticas anteriores y su aspecto medieval. La iglesia
goza, así, de un aspecto renacentista con el interior revestido con azulejos azules y
blancos del siglo XVII, típicos en las iglesias portuguesas y plagados de motivos
vegetales en formaciones geométricas. En lo alto del pórtico, enmarcado por cuatro
columnas, se ve una hornacina con la figura de la Virgen y, en torno a ella, una
corte de ángeles.
El interior se distribuye a lo largo de tres naves
separadas por dos filas de columnas dóricas. En la nave de la izquierda, existe una
elaborada tumba diseñada por el escultor francés Nicolás Chanterène, quién
ejerció en Portugal durante la primera mitad del siglo XVI. De las paredes cuelgan
más de veinte pinturas al óleo pertenecientes a distintos autores, entre los que
destacan Baltasar Gómez Figueira y la pintora sevillana Josefa de Ayala
(1634-1684), más conocida como Josefa de Obidos, pues pasó casi toda su
vida residiendo en un convento de esta localidad. De ésta última, una de las pocas
féminas cuya obra ha sido reconocida por los especialistas en historia del arte, es el
retablo de la capilla lateral sita enfrente del enterramiento realizado por Chanterène.
La artista empezó haciendo grabados y miniaturas, adquiriendo un notable dominio del
detalle que plasmó, después, en sus obras religiosas de tamaño natural. Por su parte,
los ocho lienzos del retablo son obra de Joao da Costa, del siglo XVII, que
representan diversas escenas de la vida de María.
A la izquierda del altar mayor, junto a una capilla dedicada a San Blas,
se levanta el sepulcro renacentista de Joao de Noronha o Moçó, alcalde mayor de Obidos,
muerto en el año 1525, acompañado por su esposa, Isabel de Sousa. Sobre la
autoría de la Piedad que adorna el conjunto, existen diversas versiones, pues unos
lo atribuyen al taller de Jean de Rouen, artista de la escuela de Coimbra,
y, otros, afirman que se debe al cincel de Nicolás de Chanterène, ejecutado entre
los años 1526 y 1528.
En la parte posterior de la iglesia, donde antes se alojaba el viejo
ayuntamiento, está ubicado el Museo Municipal, hoy rehabilitado por la Fundación
Gulbenkian. Dentro, se encuentran restos romanos, árabes y medievales hallados en el
término municipal, recuerdos de las batallas sostenidas contra las tropas de ocupación
napoleónicas y abundantes obras de arte, entre ellas una buena muestra de las pinturas de
Josefa de Obidos.
Un par de casas más allá, se encuentra la iglesia da Misericordia,
antigua capilla do Espirito Santo, edificio entre barroco y renacentista cuyo
pórtico se remata en una curiosa imagen de la Virgen realizada en loza vidriada. Y
aún un poco más lejos, es posible alcanzar una plazuela donde se alza la iglesia de Sao
Pedro, donde el interés recae en el gran retablo barroco del altar mayor, cuya
pintura central de Joao da Costa representa a San Pedro recibiendo las
llaves del cielo.
Como un barco
La Rua Direita lleva hasta el tramo final del pueblo, desde
donde se accede al castillo y a la iglesia de Santiago. El templo ha sufrido tal
número de reconstrucciones a lo largo del tiempo que posee un aspecto casi colonial,
perdiendo gran parte de sus valores arquitectónicos, aunque ocupa un lugar privilegiado
como antigua capilla del castillo.
La fortaleza, por su parte, fue transformada en palacio
durante el siglo XVI y todavía conserva numerosos elementos de valor, destacando el arco
de entrada o las ventanas de estilo manuelino geminadas. La mirada debe discernir el resto
de curiosidades, como el aljibe descubierto en el año 1931 al pie de la torre del
homenaje.
En los alrededores de Obidos, merece una visita el santuario do
Senhor Jesus da Pedra, un curioso templo de estilo barroco, planta circular e interior
en forma de hexágono regular, con tres proyecciones exteriores que corresponden a la
sacristía y a dos torreones adosados a ambos lados de la puerta de entrada. Bajo sus
soportales encontraban refugio los tullidos que llegaban al oratorio en busca de remedio o
consuelo, pues el lugar es centro de peregrinación desde hace doscientos años. Al
santuario, se le atribuyen curaciones milagrosas y todo tipo de hechos insólitos
ocurridos durante su construcción. No obstante, el principal motivo de veneración y la
causa de que se levantaran distintos santuarios hasta culminar el actual es una
antiquísima cruz de piedra, con una figura antropomórfica tallada.
Pero los milagros no son las únicas razones para
acercarse hasta este lugar. Desde aquí, la mirada debe volverse hacia la silueta de Obidos
que se recorta sobre el horizonte como un barco de piedra. Así, las murallas serían las
bordas; el castillo habría el mismo papel que su homónimo instalado en popa y el extremo
aguzado que arranca desde la Porta da Vila y termina en la Torre do Facho no
es difícil asemejarlo al bauprés o a una esbelta proa.
Una parte del caserío no cabe en cubierta y se derrama sobre las
laderas del cerro sobre el que navega el largo cascarón de la ciudad nupcial. El
aspecto de barco encallado debió ser aún más evidente en el pasado, cuando la ciudad se
asentaba a la orilla de un profundo golfo del que sólo quedan los vestigios que son, hoy,
la actual laguna de Obidos
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