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Viajes por el mundo
Un original museo que no hay que dejar de
visitar
El Wasa de
Estocolmo
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Texto y Fotos: Rafael Calvete Álvarez de Estrada © revistaiberica.com
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De todos es
sabido que Estocolmo, también conocida como la "Venecia del Norte", es
la auténtica capital de Suecia y se encuentra unida, en su forma y vida,
al agua. Pero, a diferencia de otras ciudades, Estocolmo es
fundamentalmente una urbe construida sobre el agua, rodeada de agua, en
estrecho contacto con el agua, por lo que sus habitantes no conciben su
existencia sin el mar en donde poder navegar a sus anchas. Claro que esa
necesidad de vivir con el "agua al cuello" no solo existe en la capital
de Suecia, sino que también se extiende a todos los rincones de este
hermoso país. Y, es que aquí los canales no son como esos callejones
estrechos que buscan su salida en una gran avenida. Aquellos que
existían hace muchos años, ya han desaparecido, y hoy quedan solamente
las aguas grandiosas que forman pequeñas lagunas abiertas y soleadas
entre isla e isla, como lo demuestra su famosa bahía donde está el
archipiélago de Estocolmo.
Y, junto a este, aparece uno de los museos más bonitos y originales del
mundo: el Museo
Vasa (Wasa Museet), donde se conserva un buque de guerra del siglo XVII,
con sus tres mástiles, que se hundió en el puerto en 1628.
El Museo Vasa, que alberga el único buque del siglo XVII que se conserva
intacto, se encuentra en una pequeña isla con solo 800 habitantes,
llamada Djurgarden, es el más visitado de toda Escandinavia, con más de
800.000 visitas anuales. Se trata de un gran
logro de arqueología marina cuyo contenido permite un acercamiento a la
vida de los marinos de aquella época. Su hundimiento se produjo
en aguas de la bahía de Estocolmo, aguas no saladas, justo al dejar el
muelle en su primer viaje, debido a una fuerte ráfaga de viento y a la
mala ubicación de la carga que transportaba. El Vasa (Wasa) era un navío
de guerra orgullo de la Armada sueca, con 64 cañones de bronce que
pesaban 80 toneladas, y con una dotación de 130 marineros y 300 soldados
que fue rescatado de su naufragio el 24 de abril de 1961.
La historia de este navío real, de 70 metros de eslora por 11,50 de
anchura, también nos cuenta que en aquel año, concretamente el 10 agosto
de 1628, realizó su primera y última salida ya que se hundió a escasos
metros del puerto donde se encontraba atracado. Tras varios intentos
para su rescate fue elevado a la superficie por fin, y tras permanecer
17 años protegido para impedir que se pudriera, desde 1990 se expone en
un museo especial, que además lleva su nombre. Aunque ya en 1664 se
hiciera un intento para rescatar el mencionado navío, solo se llegó a
conseguir rescatar con una primitiva campana de inmersión 53 de los 64
cañones ligeros que llevaba cuando se hundió. Pero, 400 años después de
su hundimiento se logro subir a la superficie este bello navío de
aquella época. Hoy es el único del mundo que se conserva completamente,
y en el interior del museo es posible ver películas en dieciséis
idiomas, así como planos del barco, y estudiar y hacer experimentos con
el navío Vasa. Anders Franzén, un investigador particular, comenzó a
buscar el navío
Vasa a principios de la década de los 50.
Desde que era niño, se había sentido fascinado por los restos que había
cerca de la casa de sus padres en el archipiélago de Estocolmo. Tras
estudiar las posibilidades de rescatar al Vasa, Franzén comprendió la
importancia de este descubrimiento para otros barcos hundidos en el mar
Báltico. Y, en 1956, redescubrió el barco que había construido el
ingeniero naval holandés Henrik Hybertsson por orden de Gustavo Adolfo
II, rey de Suecia. Su construcción duró unos dos años. Y contaba con
tres palos que podían llevar hasta diez velas. Una vez el Vasa ya en la
superficie, al principio se roció con agua de la bahía mientras los
expertos dilucidaban la mejor manera de conservarlo. Se eligió como
conservantes el polietileno clicol, un producto ceroso soluble en agua
que penetra lentamente en la madera y reemplaza al agua. Se roció el
navío con esta solución durante varios años. Pero, junto con el
Vasa se recuperaron
además cerca de 14.000 objetos de madera, incluidas 700 esculturas, que
se conservaron individualmente y luego se volvieron a reunir en su
ubicación original dentro del buque.
La tarea fue complicada, igual que si se resolviera un rompecabezas. Los
navíos de guerra del siglo XVII no eran sólo máquinas de guerra, sino
también palacios flotantes. Las esculturas recuperadas del Vasa
contenían restos de dorados y de diferentes tipos de pinturas. Hoy día,
su buena preservación depende por completo de una atmósfera estable, ya
que mientras estuvo sumergido, los pernos de hierro se oxidaron y
ennegrecieron la madera de roble, aunque la investigación sobre los
hallazgos todavía continúa. En el museo se exhiben muchas piezas únicas
que hacen revivir una época ya pasada, y a sus gentes. El museo
permanece abierto todo el año, excepto el 1, 23, 24, 25 y el 31 de
Diciembre.
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Más Información:
www.visit-sweden.com |
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