Egipto, un viaje al pasado y a la historia en estado puro (Piramides). Viajes por el mundo

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VIAJES A EGIPTO

 

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Egipto, un viaje al pasado y a la historia en estado puro


Viajar a Egipto es precisamente eso, viajar a un pasado cargado de historia, reflejado en un presente que vive de ella y con ella. Todo en Egipto rezuma la historia de su milenaria civilización, desde las piedras que conforman sus edificios más representativos hasta las aguas del Nilo que recorren el país, ya tranquilas desde la construcción de la presa de Asuán, que dio lugar al Lago Nasser

Texto: Mariam Benítez
Fotografías: Luis Medina
© revistaiberica
 

El Nilo, fabuloso río, fuente inagotable de vida, y antaño también de muerte y destrucción, desde su excelente posición observa el paso de los años a través de las gentes que lo cruzan, lo circundan o navegan por él. Las motonaves y falucas arrumban en incesante procesión arriba y abajo desde Luxor hacia El Cairo y viceversa cargados de turistas, llenando sus aguas con un tráfico permanente y eterno. Sus riberas manifiestan, según vamos pasando de un lugar a otro, el nivel de vida de los habitantes de cada zona. Magníficos edificios o míseras casuchas tienen sus lindes en los flancos del Nilo.

Egipto sorprende aun antes de bajar del avión, ya cuando el comandante del vuelo anuncia la temperatura exterior. Tierra de inmensos contrastes, el clima es caprichoso y de la misma forma que te abrasa de día, de noche es necesario protegerse del frío. Una vez que has pisado su tierra árida, ya nada vuelve a ser igual. Inundan los colores y sonidos y asaltan los aromas, los edificios impresionan, las caras de los niños conmueven, la amabilidad de sus gentes confunde; pero, sobre todo, sus enormes divergencias sobrecogen.

Hay tantas cosas maravillosas que ver que pareciera que toda una vida no fuera suficiente. Tantos templos, tantas ruinas, la historia de tantos pueblos resumida en un solo país. Al entrar en cualquiera de los antiguos santuarios, mirar a los lados, arriba y abajo, rodeados de inmensas estatuas y enormes muros, es prácticamente imposible no estremecerse. Tocar las piedras antiguas está prohibido por razones obvias pues miles de turistas desembarcan a diario y, sin embargo, es tan difícil resistirse al embrujo de intentar rozar con las yemas de los dedos el pasado que a nadie conozco que se haya sustraído a cometer tal falta.

Los circuitos turísticos por el Nilo incluyen normalmente en sus itinerarios sólo aquellas zonas y monumentos más representativos. No es que sea poco ni mucho menos, puedo asegurar que es agotador e instructivo, pero deja una impalpable sensación de haber visto sólo una ínfima parte de lo mucho que Egipto tiene que ofrecer al viajero inquieto. En éstos, lo usual es comenzar bien por El Cairo hasta Asuán, bien al revés.

Así, el viajero embarcado en esta aventura contemplará extasiado el templo de Karnak, el complejo religioso más importante del antiguo Egipto, ubicado en la orilla oriental del Nilo, en la zona de la antigua Tebas. Unido a éste por una avenida flanqueada por esfinges, en el corazón mismo de la mítica ciudad de Tebas, se encuentra el templo de Luxor, consagrado al culto del dios Amon-Ra, y cuyo edificio principal es uno de los mejor conservados.

Continuando el camino llegamos al Valle de los Reyes, necrópolis donde se encuentran las tumbas de la mayoría de los faraones del Imperio Nuevo; el Valle de las Reinas, el Valle de los Nobles y la ciudad de los artesanos conocida por Deir el-Medina. Más allá, aún en la misma zona, encontramos el Templo de Ramsés III, el templo funerario de la reina Hatshepsut, conocido por Deir el-Bahari, ubicado en un desfiladero de la orilla occidental del Nilo y consagrado a la diosa Hathor, que exhibe hermosos bajorrelieves y pinturas, y los Colosos de Memnón que son dos enormes estatuas gemelas en posición sedente que representan al faraón Amenhotep III, y que están situadas cerca de Medinet Habu, al oeste de la ciudad de Luxor.

El viaje se prolonga hacia la esclusa de Esna, cuyo paso es especialmente curioso de ver, y desde allí al Templo de Edfu, dedicado al dios Horus. Después el templo de Kom-Ombo, consagrado a los dioses Sobek, con cabeza de cocodrilo, y Haroeris, con cabeza de halcón.

El recorrido básico finaliza con la visita a la Alta Presa de Asuán, que se construyó para evitar las inundaciones anuales por desbordamiento del Nilo, y al Obelisco Inacabado en las canteras al sureste de Asuán.

Las visitas a la Isla Elefantina, al templo de Philae, o al Pueblo Nubio son opcionales pero dignas de ser vistas. Así mismo, resulta imprescindible visitar Abu Simbel, que engloba los templos de Ramsés II y Nefertari; es la obra más impresionante mandada construir por este faraón. Inicialmente fue erigido horadando la pared de un acantilado, y en la actualidad se encuentra también excavado en una pared de roca en la que hubo de ser reubicado mediante una colosal obra de ingeniería para evitar que fuese anegado por las aguas del Lago Nasser.

La llegada a El Cairo, una gran ciudad fundada en el 116 a.C., con más de 18 millones de habitantes, cuyo aire está cargado de muchísima polución y polvo del cercano desierto, se ve muy limitada al ser descrita sólo a través de las palabras. El sentido del olfato se ve afectado como nunca antes; un olor almizclado y fuerte acompaña constantemente al viajero ya que, contra todo pronóstico, la pituitaria occidental no se acostumbra aletargándose como es habitual con otros aromas impetuosos. El oído no quiere ser menos, y una sinfonía de pitidos y cláxones, voces y músicas diferentes, irrumpe desorganizadamente de noche y de día atravesando paredes y puertas. Un paseo por el gran mercado llamado Khan el Khalili nos dará una idea de las posibilidades sin explotar de nuestros órganos visuales, pues un estallido de colorido nos acompaña allí donde vayamos. Y lo mismo se puede decir de nuestro sentido del gusto, que permanentemente experimenta con nuevos y desconocidos sabores que inundan el paladar.

El día de la visita a las tres pirámides de Giza, Keops, Kefrén y Micerinos, al encontrarse por primera vez al pie de una de ellas el ser humano se siente insignificante y pequeño, y la memoria se ve asaltada por todo lo leído y escuchado sobre la gran sabiduría de ese pueblo que vivió tan misteriosamente como desapareció. La Esfinge, sempiterna, nos observa con una sonrisa mal disimulada, como si supiera algo que los demás desconocemos.

Una de las visitas indispensables en esta ciudad es el Barrio Copto, situado en la zona antigua de la ciudad, surcado por callejuelas estrechas y peatonales y lleno de antiquísimas iglesias que siguen el rito copto, cuyos moradores son considerados los cristianos más antiguos de oriente. No menos imprescindible es la visita a la Ciudadela de Saladino, fortaleza construida en una pequeña montaña y cuyos muros fueron levantados por Saladino en 1176, en cuyo interior se encuentra, entre otras muchas, la legendaria y bella Mezquita de Alabastro. Y de forzosa obligación es también visitar el Museo de Arte Faraónico en el que sin demasiado orden ni concierto podremos observar maravillosos restos arqueológicos, estatuas, y joyas bien conservadas.

Suelen ser opcionales también las visitas a Menphis y Sakkara con su Pirámide Escalonada. Un viaje más completo y por tanto de más días nos llevará a conocer la mítica Alejandría, y el Mar Rojo con las preciosas playas de Hurghada y Sharm el-Sheij y sus impresionantes zonas de buceo.

El país ofrece una seguridad estupenda, con uno de los índices de delincuencia más bajos del mundo, que deriva en una absoluta confianza para pasear de noche y de día con tranquilidad. Además, la seguridad se ha visto reforzada desde que en 1997 unos terroristas cometieran un atentado que costó la vida a 68 turistas, siendo la presencia de los distintos cuerpos policiales prácticamente ineludible.

Para el visitante occidental resulta un destino accesible a cualquier bolsillo pues resulta barato comer, alojarse, moverse de un lado a otro y hacer compras. La costumbre de la propina, que no se debe confundir con la limosna, tan inusual en la sociedad occidental, es allí algo completamente normal y se espera a cambio de cualquier pequeño servicio o favor, llegando incluso en ocasiones a desesperar al turista no acostumbrado a esa práctica. Esto, no obstante, no es óbice para que la legendaria hospitalidad y amabilidad de sus habitantes no sea cierta.

En definitiva, es un país que merece la pena visitar a fondo y para el que es recomendable ir acompañado de una buena guía que nos permita informarnos previamente sobre las maravillas que vamos a admirar, y armados de un buen equipo fotográfico o de filmación que nos ayude a guardar gráficamente el grato recuerdo de nuestro paso por él. Sin embargo, el mejor souvenir que el viajero se trae de allí es el que permanece en su memoria.
 


 


 

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