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Por añadidura, los parques se
encuentran en Francia y muy cerca de París –a tan sólo 32 kms-, la
ciudad del amor según Hollywood, también declarada en su momento ciudad
de las artes, las luces y la cultura. Muy cerca de la entrada al
complejo de ocio Disneyland Resort Paris está la estación de tren de
cercanías Marne la Vallée-Chessy Parcs Disneyland, perteneciente a la
red de TGV, que une el municipio de Chessy, en el que está ubicado el
conjunto de parques temáticos, con la capital. De este modo, es fácil
para el viajero que disfruta de una estancia en alguno de los hoteles
Disney, o de los alrededores, hacer una visita a la hermosa ciudad
bañada por el Sena.
De hecho, las diferentes mayoristas que ofrecen paquetes turísticos en
los parques brindan al viajero que lo desee la oportunidad de contratar
una excursión diurna, o bien nocturna, para conocer París acompañados de
un guía que les mostrará las zonas más interesantes, legendarias y
monumentales.
La estancia en los hoteles Disney hará las delicias de niños y adultos
con sus diferentes decoraciones fantásticas. Impresionantes fachadas y
estructuras exteriores provocan la ilusión de que el viajero se alojará
en un castillo de cuento de hadas, un barco, un casino de Las Vegas o un
pueblo del salvaje oeste. Por las mañanas, los más pequeños, y todo
adulto que se sienta de nuevo como un niño, podrán fotografiarse en la
entrada de sus hoteles y antes de acudir a los parques junto a sus
personajes favoritos a tamaño natural.
La llegada al parque, paseando a pie por el camino que circunda el
maravilloso lago que media entre los diferentes hoteles y que conduce al
complejo, o subidos al autobús que hace el recorrido del resort a la
zona hotelera y viceversa durante todo el día, es francamente difícil de
describir sin perderse en un mundo de fantasía. Según uno se acerca lo
primero que vislumbra aún en la lejanía es la inmensa fachada rosa del
Hotel Disneyland, a las mismas puertas del Parque Disneyland que, con
sus torretas y almenas, simula ser el castillo de alguna de las
princesas surgidas de la imaginación del gran mago de las ilusiones
llamado Walter Elias Disney.
Antes de llegar a los parques y, claro está, también al salir de éstos,
se encuentra el gran centro comercial llamado Disney Village que, lleno
de luz y color y con su variada oferta en tiendas, centros recreativos y
restaurantes, invita a efectuar todas las actividades y compras que
quizá las emociones del parque no nos hayan permitido realizar aún.
El ambiente se llena con los colores y sonidos que, llenándonos los
sentidos, nos retrotraen a la infancia. La decoración general, con sus
calles y edificios de siglos anteriores o épocas imaginadas,
tiendas-almacenes construidas en madera y tabernas de piratas nos
permite viajar sin billete y sin sonrojarnos al país de los sueños
olvidados. Los personajes nos reciben saludando atentos y cariñosos,
invitándonos a vivir con ellos la experiencia de abandonar la vergüenza
y los prejuicios por un instante y rendirnos ante los cuentos en los que
hace ya mucho tiempo que no creemos. Ver la sonrisa pletórica de los
niños cuando entran sólo es comparable a la de los mayores que les
acompañan y que, boquiabiertos, sonríen con la inocencia recién
recuperada reflejada en sus rostros iluminados.
Más que las atracciones, enfocadas en su mayoría principalmente a los
más pequeños, es la magia que impregna cada rincón la que cautiva a
todos sus visitantes. Las cabalgatas, los paseíllos en trolebuses
antiguos, o las actuaciones en las que vemos al gruñón Pato Donald que
hizo las maravillas de nuestra niñez riñendo a sus sobrinos, o a Mickey
y Minnie patinando enamorados bajo la luna, o a maravillosos bailarines
y cantantes que nos cuentan con estupendas coreografías la más actual
historia del Rey León son las verdaderas atracciones del parque.
Justo al lado se encuentra el Parque Walt Disney Estudios, en el que
también nuestra vista se recrea con una decoración fantástica que nos va
conduciendo a través de sus edificios por las diferentes películas con
firma de la factoría. También aquí se puede disfrutar de cabalgatas,
espectáculos y personajes, además de las atracciones típicas de un
complejo de ocio de este tipo.
La oferta en restauración dentro y fuera de los parques, en toda la
extensión del resort, es amplia y variada, pudiendo elegir comer en un
mesón mejicano, un bar de comida rápida americano, un restaurante
colonial del siglo XIX, o una hamburguesería actual por poner algunos
ejemplos. Una experiencia aconsejable y que sin duda se recordará a lo
largo de los años es comer o cenar con los personajes, que se dejan
fotografiar amablemente junto a quien se lo solicita, en el Restaurante
Mickey del Village.
El personal del parque es amable y multirracial por lo que no es difícil
dar con algún azafato o azafata que hable tan perfectamente como tú tu
idioma sea cual sea éste. En general acuden solícitos ofreciendo su
colaboración ante la más mínima vacilación o duda del visitante.
El conjunto de ocio, si bien es grande, se puede ver en su totalidad en
tan sólo dos o tres días, está bien comunicado y son muchas las
facilidades para llegar en avión, tren o coche, lo que hace de él el
lugar ideal para pasar un magnífico fin de semana o puente, con niños o
sin ellos.
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