La Pedriza de Manzanares el Real. Senderismo en la Sierra de Gadarrama. Comunidad de Madrid
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Sendas de La Pedriza

© Editorial Ocitur                                                                  Fotografía: Luis Medina


Una espectacular mole granítica da la bienvenida a La Pedriza. Tal vez, en un primer momento, el viajero puede llegar a sentir una sensación de hostilidad por las particulares formas de las piedras. Nada más lejos de la realidad. En La Pedriza se dan cita las rocas más singulares, bautizadas con originales nombres semejando curiosas formas. Perfiles que contrastan con recoletas praderas y los diferentes ríos y arroyos que corren por sus venas. Centro clásico del excursionismo madrileño, este pedazo de tierra, encuadrado dentro del Parque Regional de la Cuenca Alta del Manzanares, declarado Reserva de la Biosfera por la UNESCO, cuenta con frondosa vegetación en sus profundidades para terminar con una desnudez asombrosa en las cumbres. Todo un recorrido surcado por decenas de senderos.

El Collado de la Dehesilla hace las veces de frontera entre las dos partes que forman este pedazo de sierra madrileña: La Pedriza anterior y la posterior. La erosión ha sido la "culpable"  de dar unos perfiles singulares a las rocas. Curiosas formas que han sido bautizadas por la imaginación popular con los nombres más diversos: Peñas Cagas, El Pájaro, El Hueso, El Yelmo, Los Fantasmas, El Elefante, La Maza, El Centinela, El Indio...

Excursionistas en el camino que une El Tranco con Canto Cochino.

La afición por La Pedriza como lugar idóneo para el excursionismo no es nada nueva. Seguramente hayan sido sus singulares rocas de granito, con las formas más dispares debido a la erosión, las que hayan atraido a generaciones anteriores a pasear por sus entrañas

El Tolmo, con El Pájaro de fondo

La afición por La Pedriza como lugar idóneo para el excursionismo no es nada nueva. Seguramente hayan sido sus singulares rocas de granito, con las formas más dispares debido a la erosión, las que hayan atraido a generaciones anteriores a pasear por sus entrañas. Es uno de los lugares de la sierra madrileña más visitados. Bien para disfrutar de su paisaje, practicando el senderismo o bien para hollar sus cumbres, con la práctica de la escalada.

Si escaladores y senderistas acuden a La Pedriza en busca de buenos paisajes y mejores puestas de sol, allí entre sus rocas, se abren paso el piorno y el jabino y también la jara, dejando paso en las cotas más bajas a los pinos, acebos, madroños, gayubas y extensos mantos verdes que yacen en las umbrías. Entre ellos juguetean los corzos, los jabalíes, trastean las ardillas, galopan los caballos y se esconden los zorros y tejones. Envidia sana provoca a los escaladores el gracejo y la desenvoltura con el que la largartija serrana corretea por el granito y la arrogancia que demuestra la cabra montés en lo más alto de las cumbres.

Charca Kindenlan

Juguetean los corzos y los jabalíes, trastean las ardillas, galopan los caballos y se esconden los zorros y tejones. Envidia sana provoca a los escaladores el gracejo y la desenvoltura con el que la largartija serrana corretea por el granito y la arrogancia que demuestra la cabra montés en lo más alto de las cumbres

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Y los senderistas, ávidos andarines, surcadores de senderos, anhelan de vez en cuando, mirando al cielo, poder divisar algún día las impresionantes vistas que deben de tener los privilegiados ojos de los buitres, las águilas o los azores.

Castillo de Manzanares El Real

Por estos riscos pasaron multitud de civilizaciones y sus rocas se desprenden un buen puñado de leyendas, como la del Cancho de los Muertos; o aquellas historias de bandoleros que la tradición oral ha guardado hasta nuestros días

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También los más enérgicos nadadores, que aprovechan el buen tiempo para disfrutar de pozas como Charca Verde o la Charca Kindenlan, desearían moverse por el agua como las truchas, los barbos o el calandino.

Pero no sólo senderistas y escaladores aman La Pedriza. Por sus sendas, en el mes de octubre, comienzan a aflorar níscalos, setas de cardo o boletos, que hacen las delicias de los mejores comensales. Y los ciclistas, toman sus mejores curvas bajando la estrecha carretera del puerto de Quebrantaherraduras.

Por estos riscos pasaron multitud de civilizaciones y sus rocas se desprenden un buen puñado de leyendas, como la del Cancho de los Muertos; o aquellas historias de bandoleros que la tradición oral ha guardado hasta nuestros días. Y de forma más reciente, las gestas de los valientes y arriesgados escaladores.

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