El pequeño
archipiélago de las Islas Medes está compuesto por un total de siete islotes y algún
que otro arrecife cuyos perfiles rompen la azul línea del horizonte a una milla escasa de
la costa ampurdanesa del macizo del Montgrí. Precisamente, su repartida extensión de
21,5 hectáreas de superficie pertenece, geológicamente, a éste último, aunque la
principal característica que presentan estos pequeños piélagos es la de albergar una
extraordinaria variedad de especies y de ambientes.
No obstante, a pesar
de su mínima extensión y su áspero aspecto, las Islas Medes gozan de una historia plena
de vicisitudes y, por ellas, han pasado innumerables civilizaciones. Entre ellas, los
primeros en ocuparlas fueron navegantes griegos, como demuestran los diferentes restos
encontrados y que pertenecen a la misma época que los vestigios hallados en el
asentamiento helénico de Roses. Entre los objetos dejados por la civilización helena,
destacan ánforas, ruedas de molino manuales, fragmentos de cántaros y cepos de ancla de
plomo y piedra, así como de pizarra. Además, los vasos lacrimatorios de barro y vidrio y
los huesos humanos encontrados en la Meda Gran, la isla más grande, permiten pensar que
el lugar fue utilizado como necrópolis. Y, probablemente, también en la Meda Gran ya se
explotaba la cantera de yeso que da nombre a la punta noroeste en esta época.
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No obstante, a pesar de su
mínima extensión y su áspero aspecto, las Islas Medes gozan de una historia plena de
vicisitudes y, por ellas, han pasado innumerables civilizaciones. Entre ellas, los
primeros en ocuparlas fueron navegantes griegos, como demuestran los diferentes restos
encontrados y que pertenecen a la misma época que los vestigios hallados en el
asentamiento helénico de Roses |
La situación
estratégica de las islas, próximas a la costa, posibilitaba realizar ataques rápidos a
las poblaciones de la costa gerundense garantizando una retirada segura. Por ello, durante
la Edad Media, las Islas Medes se convirtieron en el refugio elegido por los piratas que
saqueaban, en veloces incursiones, no sólo las masías y los pueblos costeros, sino que
también amenazaban el comercio marítimo, especialmente, aquellos barcos que se dirigían
hacia el puerto de Barcelona.
Para intentar
impedir y acabar con las andanzas de los corsarios, Martín el Humano ideó la construcción en el
archipiélago de una torre de defensa y el establecimiento de un monasterio regentado por
los Caballeros del Santo Sepulcro en la punta occidental de la Meda Gran. Sin embargo, el
elevado coste de las obras de fortificación se alargaron demasiado en el tiempo, por lo
que la citada orden decidió abandonar las islas. El cenobio pasó, entonces, por varias
manos, sin conseguir una fundación estable, hasta que, en 1442, los genoveses atacaron el
lugar y quemaron las dependencias y la capilla de Sant Miquel. Los edificios quedaron
arruinados y terminaron desapareciendo en su totalidad, cuando, en 1552, el mar decidió
recuperar, precisamente, el sitio en el cual se levantaban. Aquel pedazo de tierra se
hundió, llevándose consigo el legado y los proyectos de el Humano.
Posteriormente, los
conflictos bélicos ocurridos a finales del siglo XVIII devolvieron cierto protagonismo a
estas islas. En ellas, las tropas francesas edificaron una fortificación en 1794. Eran
épocas revueltas y confusas, con la Revolución Francesa en pleno apogeo, por lo que la
fortaleza de las Islas Medes no fue bien vista por sus potenciales enemigos. Por ello, el
archipiélago fue invadido con prontitud por la poderosa armada inglesa, cuyos dirigentes
convirtieron el fortín galo en un presidio militar. Posteriormente, en el transcurso de
la guerra contra Napoleón Bonaparte, fueron ocupadas de nuevo por los franceses, aunque,
con el fin de los días del general, volvieron a quedar bajo dominio español, quien,
convencido de la estratégica situación y el valor de estas islas, mantuvo, hasta 1890,
una guarnición que fue reduciéndose en número paulatinamente.
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En 1932, la Meda Gran fue
definitivamente abandonada por el hombre y la naturaleza recuperó su inicial dominio
absoluto sobre las islas. Ella ha sido la encargada de convertirlas, en su parte
terrestre, en un paraíso ornitológico |
Anteriormente, en
1866, bajo el reinado de Isabel II, se instaló un faro cuyos restos, degradados por el
paso del tiempo, todavía se conservan en pie. Aunque fue sustituido por el actual en
1930, el faro muestra la característica silueta de su torre sobre la vivienda de los
antiguos fareros y, en los alrededores, arruinados, los restos dispersos de las antiguas
baterías y construcciones militares
En 1930, el faro fue
sustituido por uno nuevo, automático, que, actualmente, funciona con energía solar. Dos
años más tarde, en 1932, la Meda Gran fue definitivamente abandonada por el hombre y la
naturaleza recuperó su inicial dominio absoluto sobre las islas. Ella ha sido la
encargada de convertirlas, en su parte terrestre, en un paraíso ornitológico.
Fondos de coral
La desaparición de
las acciones del hombre sobre las Islas Medes han permitido que estos pequeños
territorios volvieran a ser conquistadas por las aves, de las cuales, a pesar del reducido
espacio, se han contabilizado sesenta especies. Entre ellas, la más numerosa es la
gaviota patiamarilla, de la que crían en el archipiélago hasta ocho mil parejas cada
año. También nidifica, aunque en mucho menor número, el cormorán moñudo, que, de
noviembre a marzo, se ve acompañado por los cormoranes grandes que llegan aquí, desde
Escocia y Noruega, para pasar el invierno. Además, durante la noche, las Medes son el
refugio elegido por la garza real, la garceta y el martinete, especies que pasan el día
pescando en los aiguamolls costeros y regresan
a las islas al atardecer.
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Pero, aunque la vegetación y,
especialmente, la fauna terrestre son dignas de estudio, lo que determina el excepcional
valor de las Medes en el Mediterráneo es su medio marino |
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Pero, aunque la
vegetación y, especialmente, la fauna terrestre son dignas de estudio, lo que determina
el excepcional valor de las Medes en el Mediterráneo es su medio marino. Casi todo el
perímetro en contacto con el agua está formado por una cornisa de algas calcificadas en
las que se alojan otros muchos organismos. Y por debajo de ella y hasta una profundidad de
veinte metros, viven una gran diversidad de organismos entre los que destacan las
gorgonias rojas y blancas.
La riqueza de estos
fondos marinos se debe a la confluencia en las Islas Medes de diversos condicionantes. Por
un lado, la proximidad de la costa y la desembocadura del río Ter aportan incontables
cantidades de materia orgánica. Por otro, la influencia de los vientos y las corrientes
del norte favorecen la entrada del agua del fondo, al mismo tiempo que la enriquecen con
aportaciones orgánicas que llegan, incluso, desde el río Ródano italiano. Por último,
las distintas profundidades del fondo, su variada composición, arenosa o rocosa, y su
composición kárstica con grandes cavidades y túneles ha permitido el desarrollo de una
gran variedad de ambientes y, por ende, el establecimiento de muy diversas especies
asociadas a ellos. En total, se han llegado a identificar 1.345 taxones marinos en los
grupos vegetales y animales estudiados.
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Por fortuna, hoy, los corales
gozan de alta protección en los alrededores de las Medes. Mientras, los fondos arenosos
se extienden hacia la costa, facilitando el desarrollo de amplias praderas de posidonias,
cuyas hojas muertas son depositadas por las olas sobre la playa en forma de fibrosas bolas |
Pero la variedad de
especies se ha visto acompañada de una gran productividad. Así, los diferentes recursos
que se encuentran en los ricos fondos marinos que rodean las Islas Medes ha atraído
durante muchos años a los pescadores y, especialmente, a los coraleros, quienes han
explotado estas costas. Particularmente, estos últimos intensificaron su actividad en
toda la costa desde el siglo XVIII, hasta el punto de llegar a poner en serio peligro de
desaparición el coral del archipiélago, sobre todo, a partir de la década de los
cincuenta, cuando se introdujo el uso de la escafandra autónoma.
Más allá de los
veinte metros, se extiende el denominado como nivel coralígeno, por creerse durante mucho
tiempo que era aquí donde más abundaba esta especie. Su hábitat son las cuevas
submarinas, formadas por las aguas cuando las islas formaban parte del cercano macizo de
Montgrí. Por fortuna, hoy, los corales gozan de alta protección en los alrededores de
las Medes. Mientras, los fondos arenosos se extienden hacia la costa, facilitando el
desarrollo de amplias praderas de posidonias, cuyas hojas muertas son depositadas por las
olas sobre la playa en forma de fibrosas bolas.
El valor biológico
y natural del singular archipiélago de las Medes, animó la Generalitat de Catalunya a
adoptar las primeras medidas de protección en 1983 y en 1985. En ellas, se fijaba una
zona vedada de pesca alrededor de las islas, prohibiendo la explotación de otros recursos
marinos. Posteriormente, la Ley 19/1990 de la misma Generalitat sobre conservación de la
flora y fauna de su fondo marino, el archipiélago se convirtió en el mayor parque
natural marino de Cataluña y en uno de los más importantes de todo el Mediterráneo.
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