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No anda descaminado porque sin duda este lugar de
exótico nombre ya merecería la visita solo por
contemplar su interior, pero en poco tiempo comprobará
que, en efecto, aquí abundan las obras de arte, aunque
lleven el nombre de cochinillo, lechazo, bacalao o... el
mejor jamón del mundo.
El artista que hace posible esto es Javier Rodríguez,
Premio Nacional de Gastronomía 2010 con plato de oro,
Medalla de oro al mérito profesional, establecimiento
recomendado por la Asociación Hosteleros de Europa y
Fundación Cocineros Bocuse Rotellers y decenas de
premios más tras de sí, aunque a él no le gusta alardear
de ello. Le molesta, eso sí, que las autoridades de su
pueblo no le hayan dado las gracias nunca por la labor
de difusión que hace de su cocina y de su entorno.
Javier Rodríguez, que hace poco rindió homenaje póstumo
a su entrañable amigo Santi Santamaría, que acaba de
recibir un premio en Córdoba junto a su también amigo
Paco Roncero y que se codea con sus colegas Ferrán Adriá,
Karlos Arguiñano, Carme Ruscalleda o Martín Berasategui,
hace una cocina bastante diferenciada de la de estos
otros maestros, aunque no rechaza las técnicas de
vanguardia. Pero su auténtica especialidad se basa solo,
y nada menos, que en la mejor calidad del producto y en
una elaboración meticulosa y lenta en horno de leña.
Pocos artificios, escaso diseño, nada de química.
Para el cochinillo, (“nunca tostón, yo solo hago
cochinillos”, dice un poco enfadado), elige animales
sacrificados a los 19 días, ni uno más ni uno menos, de
cerdo blanco y criado con la leche materna. Agua, sal,
una cazuela de barro y el tiempo justo al horno es todo
lo necesario. 'El cochinillo de Arévalo –dice Javier- es
la materia prima por excelencia de esta tierra, que
llevo promocionando durante muchos años en toda España'.
Para el lechazo, corderos tiernos con IGP Tierra de
Sabor, una marca de Castilla y León, de la que es
embajador y único asador reconocido. Pero su carta
incluye también la especialidad del bacalao al ajo
arriero, la sopa castellana, la selección de setas de
temporada y los mejores embutidos y jamones. En los
postres, la leche frita, la crema de queso o el arroz
con leche.
El mejor cortador del mundo
A propósito de jamones, suele frecuentar la casa su
amigo Florencio Sanchidrián, un abulense apasionado del
flamenco, algunos de cuyos pasos elegantes parece
ejecutar cuando hace lo que mejor sabe hacer: cortar
jamón. No en vano tiene el título de "El mejor cortador
de jamón del mundo" conseguido en París, es
Presidente-Fundador del gremio de cortadores de jamón,
dirige varias Escuelas de Cortadores de jamón repartidas
por toda España y ha sido nombrado Embajador Mundial del
Jamón Ibérico por la Academia Internacional de
Gastronomía.
Naturalmente solo utiliza los mejores jamones ibéricos y
es todo un espectáculo ver cómo los corta. Se acerca,
dobla el largo cuchillo, se entusiasma con las distintas
zonas del jamón, parece susurrarle y consigue lonchas
del tamaño justo para la boca. Él presume de descubrir
siete sabores distintos en la misma pata de jamón. Sin
duda la mejor calidad no sabe igual sin un buen corte y
Florencio es eso es otro artista.
Un paseo por Arévalo
Pero aunque probar el cochinillo, el lechazo el jamón de
Siboney sea razón suficiente para llegar a Arévalo, vale la pena
dedicar al menos unas horas a recorrer esta villa de
tradición guerrera, en la que sin embargo convivieron en
armonía las tres religiones “del Libro” en la Edad
Media, con una de las mejores muestras del mudéjar y que
ha sido declarada Conjunto Histórico Artístico.
En su casco urbano existen numerosos lugares de interés,
como las plazas de la Villa o del Arrabal, y multitud de
edificios religiosos, entre los que destacan la iglesia
de Santa María la Mayor; la de San Martín, que posee dos
estilizadas torres; la de San Miguel y la de Santo
Domingo de Silos, en donde contrasta el gótico de las
naves con el ábside mudéjar y enladrillado. Sobresale
asimismo su imponente castillo, restaurado en ladrillo
con una excepcional torre del Homenaje de forma
circular. Entre sus muros vivió, durante algún tiempo,
la reina Isabel la Católica y aquí se ratificó el
Tratado de Tordesillas que dividió el mundo entre España
y Portugal.
Y para concluir con más gastronomía, no hay que dejar de
probar sus mantecadas artesanas típicas, el magnífico
queso de Palacios de Goda, las tortas de Veedor, Tortas
de Veedor, los Rozneques y sus vinos de la región. Los
más sofisticados, encontrarán también aquí numerosas
antigüedades y tiendas de restauración que son como
pequeños museos.
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