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La Semana Santa de Medina es una de las fiestas más profundas y arraigadas
que se celebran en España, y en ella se recuerda la pasión y muerte de
Jesucristo. Las calles se convierten en escenarios de fervor y devoción
religiosa, en los que se entremezclan el duelo y el recogimiento al recordar
la muerte de Cristo, con la música, el arte, el colorido y la magia de las
procesiones, desfiles solemnes en los que numerosas personas acompañan a las
imágenes religiosas. En la actualidad, unos 3.000 cofrades acompañan a 30
pasos en 14 desfiles procesionales que recorren las calles del municipio, en
silencio y con recogimiento. Este año llega más temprana que nunca ya que se
ha programado una Magna Procesión Extraordinaria para la noche del sábado 9
de abril, ocho días antes del comienzo de la Semana Santa.
Se trata del acto central del VI Centenario, en el que por primera vez en la
historia todas las cofradías de la villa acompañarán a sus pasos titulares
por las calles y plazas de Medina del Campo. Además, se recupera para la
ocasión la imagen de San Vicente Ferrer de la desaparecida Iglesia de la
Vera Cruz, hoy en la Parroquia de El Carpio. Un protagonismo especial tendrá
la imagen “Cristo en brazos de la muerte”, que representa una nueva
iconografía procesional en España y en el mundo, que será portada por
cofrades de todas las cofradías de la villa. Es una imagen horizontal de dos
metros y medio realizada sobre un tronco de nogal que representa a Cristo
muerto entre los brazos de la muerte, simbolizado sin rostro sobre un
sudario, del escultor zamorano Ricardo Flecha Barrio y realizada por encargo
expreso del Centro San Vicente Ferrer.
Cuando el silencio se escucha
Aunque desde el viernes de Dolores y en los primeros días de la Semana Santa
se suceden las procesiones y actos religiosos y festivos, es el Jueves Santo
cuando comienzan las procesiones más emotivas. Un rumor de pasos y redobles
destemplados de tambores, rompen el silencio por las calles que confluyen en
la Plaza Mayor de la Hispanidad. Conocida popularmente como Procesión de los
Faroles, puesto que todos los cofrades desfilan alumbrado con sus faroles
las distintas imágenes, se inicia puntualmente cuando el reloj de la
Colegiata da las 11 de la noche. Un impresionante silencio que se puede
palpar en el ambiente, acompaña todo el recorrido que tiene su culminación
en la Plaza Mayor de la Hispanidad cuando en la oscuridad de la noche a la
luz de los faroles, el silencio queda roto por el canto del Miserere.
Es quizás, la más emocionante de las procesiones que celebra la Semana Santa
de Medina, recuperando así la antigua procesión de los “Pobres”, de la
cofradía de la Vera Cruz.
En la madrugada del jueves al viernes, la cofradía del Descendimiento
traslada el Cristo de Santa Clara desde la iglesia de San Miguel hasta el
monasterio de Santa Clara, realizando diversos actos penitenciales durante
el recorrido por el barrio de la Mota y pasando por el espectacular Castillo
de la Mota, joya de la arquitectura europea renacentista y Monumento
Nacional desde 1904, conformando así la procesión de Sacrificio, una de las
tres que tienen lugar el día de Viernes Santo.
La segunda procesión, denominada del Encuentro, parte de la colegiata de San
Antolín, con los pasos de Nuestro Padre Jesús Nazareno y la Virgen de la
Soledad, acompañados por todas las cofradías, con sus respectivas bandas de
cornetas y tambores. Cada imagen realiza un recorrido diferente, para
encontrarse finalmente en la plaza Mayor, donde el hijo se inclina ante su
madre, mientras los espectadores sienten una profunda emoción. Es una de las
procesiones con más carisma y devoción a la que asiste gran cantidad de
público que se concentra en la plaza para escuchar la meditación pronunciada
por un sacerdote cuando se produce el Encuentro.
La última procesión del día es la del Silencio, tan popular en otros lugares
de Castilla. A ella acuden todas las cofradías con sus pasos, congregados en
la plaza Mayor de la Hispanidad y es el máximo exponente de la imaginería
renacentista que caracteriza a las procesiones de Medina del Campo. En ella
desfilan por las calles y plazas de la Villa de Ferias una de las
colecciones de imágenes de Cristo del siglo XVI más espectaculares de
España.
Los desfiles procesionales finalizan el Domingo de Resurrección, cuando
tiene lugar el Encuentro entre Cristo Resucitado y la Virgen de la Alegría,
junto al Sepulcro Vacío. Tras el encuentro en la plaza Mayor, inician la
procesión todas las cofradías, con disparo de cohetes y suelta de palomas y
globos, mientras las bandas de cornetas y tambores interpretan el Himno de
la Alegría.
Para reponer fuerzas
Los medinenses y las gentes que acogen en estos días viven la Semana Santa
en la calle, pero hay otro escenario fundamental que justifica el recuerdo
entrañable de estas fechas: las reuniones de amigos y familiares. Es ahí
donde, al calor de la conversación, la gastronomía de esta tierra se erige
como protagonista. La Tierra de Medina es una comarca dedicada a la
agricultura y a la ganadería en la que los productos de la tierra son la
base de su gastronomía. Lo que fundamenta la cocina medinense no es la
sofisticación de sus recetas sino el uso de una materia prima de calidad que
se puede disfrutar en cualquiera de sus productos. Original y auténtica de
por sí, los días de Pasión se viven en torno al sabor del potaje de
garbanzos y el bacalao cocinado de mil formas en los fogones de la villa: al
ajo arriero, al pil-pil, en salsa verde...
La tarde de Jueves Santo es costumbre antigua recorrer siete iglesias
visitando al Santísimo en los altares preparados para ello. Pero también es
antigua costumbre recorrer siete iglesias, en este caso de techo bajo, es
decir, bares, mesones o tabernas donde hay que “matar judíos”, frase
probablemente inspirada por Vicente Ferrer, que no es otra cosa que beberse
un vaso de limonada, como se dice en Medina, o de sangría como se conoce en
otros lugares. Buen vino de la tierra, limones macerados y azúcar para
preparar esta bebida dulzona que se puede acompañar con una torrija, regada
con miel o con almíbar que es el postre que no puede faltar estos días en
ningún hogar medinense.
Y al llegar el Domingo de Pascua, un buen lechazo de la tierra o un
cochinillo asado al horno de leña al estilo de Medina. Por supuesto todo
ello regado con buen vino de los muchos que da la tierra. Y si de endulzarse
la vida se trata, nada mejor que acercarse al obrador del convento de las
Madres Clarisas donde los empiñonados, las pastas de te o los hojaldres
harán las delicias de los más golosos. Este año de celebración, la “capirocada”,
nuevo dulce artesanal de pasta con chocolate y una pequeña cocada,
completará esta golosa oferta durante la Cuaresma y la Semana Santa.
Más cosas que ver
La celebración de 2011 viene marcada, además de por su redondo centenario,
por la apertura de un Centro Cultural para la divulgación de las Procesiones
de Semana Santa en el mundo, que lleva el título del dominico valenciano San
Vicente Ferrer, que se completa con el Centro de Documentación en el Palacio
Real Testamentario de Isabel la Católica. El proyecto se basa en nuevas
tecnologías y con un carácter interpretativo riguroso e innovador, que
invita al visitante a realizar un pequeño viaje a través de los sentidos al
origen de la Semana Santa y a lo que representa para los españoles. Cuenta
también con un espacio reservado a la Semana Santa de Medina del Campo y es
el punto de partida de visitas guiadas al patrimonio religioso de la Villa,
siguiendo las Huellas de Pasión y permitiendo descubrir así todos los
rincones de los templos, conventos y ermitas del municipio, y por supuesto,
su patrimonio procesional, la espectacular imaginería renacentista de la
Semana Santa de Medina del Campo, en sus propios lugares de culto.
Además, desde mayo de 2011 Medina del Campo, junto con la vecina Medina de
Rioseco, acoge “Passio”, exposición que abrirá un nuevo ciclo de Las Edades
del Hombre en la iglesia de Santiago el Real, modelo universal de los
templos jesuitas, en la que se mostrarán 180 obras del patrimonio artístico
de la Iglesia que ofrecerán la representación cronológica de la pasión de
Cristo en el arte de Castilla y León. Más del 85 por ciento de dichas obras
no han estado en ninguna de las ediciones anteriores de Las Edades del
Hombre. La exposición permanecerá abierta siete meses, de mayo a noviembre
de 2011.
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