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VIEJAS
COSTUMBRES .
La columna vertebral de la comarca de Los
Oscos fue la familia. Viejas costumbres se ponían en marcha con el matrimonio de uno
de los hijos, preferentemente el mayor. Este era llamado troncario y debía vivir
con el cónyuge y los hijos bajo el techo de los padres, explotando las tierras que, desde
entonces, les pertenecían conjuntamente. Se decía que el hijo se había casado en la
casa y el cónyuge para la casa. Aquel recibía una tercera parte de los bienes
familiares, mientras su mujer debía aportar, como dote, una suma en metálico, animales u
otros bienes muebles. Al morir el padre, el hijo asumía el poder y representaba a
la casa. Hermanos y hermanas menores recibían, al
casarse o al abandonar la casa, la suma de dinero que les correspondía por herencia. Así,
se evitaba la división de la tierra.
El hijo que se casaba en la casa
podía no ser el mayor, aunque éste tenía prioridad, si así lo determinaba el padre. Si
elegía a una hija, ésta dirigía el caserío junto al marido, quien traía su dote en
metálico.
Antes de la boda, debía fijarse la dote,
las aportaciones y las obligaciones de los que se casaban mientas vivieran los padres.
Para ello, se reunían los padres de los novios, familiares y consejeros hasta fijar el trato
que se trasladaría a escritura pública como "capitulaciones matrimoniales".
De no ser así, los tratos se sellaban como contratos privados o como acuerdos de
honor. Durante las conversaciones, las partes mantenían un tira y afloja, especialmente
por el padre del hijo o hija troncaria, que buscaba el acrecentamiento de la casa. De no
haber acuerdo, las conversaciones se rompían y los novios, se quisiesen o no, no volvían
a verse.
Antiguamente, el conocimiento entre los
futuros esposos era escaso. Las bodas las decidían los padres quienes acordaban por el
bien de la casa la pareja de su hijo o hija. Las decisiones se tomaban, incluso,
cuando los hijos aún no tenían edad de desposarse. Las uniones dependían de los
intereses de inmuebles, tierras, montes, familia y estirpe, obligada a crecer y a hacerse
cada vez más fuerte. La felicidad de los hijos no era el objetivo principal. Si además
de casarse, se amaban, existían mayor beneficio.
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