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MOLDEANDO
EL HIERRO .
Los mazos y ferrerías tuvieron gran
importancia en la economía de Los Oscos de los siglos XVIII y XIX. Sin embargo, no
pudieron evitar su decadencia en la segunda mitad del XIX, desplazadas por las modernas
siderúrgias. La mayoría quedaron abandonadas o fueron utilizadas como almacenes de la
explotación agraria.
La ferrería se organizaba en torno a los
dos espacios que guardaban el mazo y los barquines o grandes fuelles. El horno se
incluía en el mismo área que el mazo. En el exterior, se situaba el complejo
hidráulico, que constaba de una presa sobre el río, un canal y un estanque para acumular
el agua o banzado. El mismo funcionamiento de la ferrería o del mazo condicionaba
su ubicación. Necesitaba encontrarse en las proximidades de las corrientes de agua con
caudal suficiente; cerca de un bosque para obtener carbón vegetal; y cerca de las minas
donde extraer materias primas.
El propietario podía establecer una
contrata con un ferrón, que se comprometía a meter con él a un tirador, a
los fundidores necesarios y a labrar cierta cantidad de hierro. El propietario, por su
parte, proporcionaba el mineral y el combustible solicitado por el ferrón para la
producción contratada. También se podía contratar una cuadrilla con ferrón y
oficiales bajo la gestión de un administrador, con sueldo y comisión sobre el hierro
labrado. O se podía arrendar la instalación a un comerciante, que contrataba al ferrón
y proporcionaba las materias primas, proporcionando trabajo a los campesinos en las
labores auxiliares.
En las ferrerías, se fundía hierro en
lingotes, mientras que, en los mazos, se les convertía en utensilios y herramientas. De
aquí, se aplicó el término mazo para identificar el conjunto formado por la
máquina de batir el hierro y el edificio que lo alberga. Su origen parece relacionarse
con las ferrerías del Pais Vasco, pues, incluso, algunos propietarios eran de
allí.
Para obtener el hierro, se fundía el
mineral en un horno bajo, previamente cocido utilizando como carbón vegetal. La
combustión alcanzaba 1.200 a 1.300 grados centígrados gracias a unos grandes fuelles
accionados por una rueda hidráulica o manualmente. Así, se obtenía una masa pastosa y
esponjosa de hierro y escorias. El posterior martilleo del mazo hidráulico desprendía
estas últimas y compactaba el hierro, dándole una primera forma (tocho, pletina o
platina). Este hierro se trabajaba en martinetes y fraguas para fabricar utensilios de
campo y domésticos.
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