El Toro
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LA TIENTA

La negra figura del toro ha estado desde tiempos remotos unida al hombre.

A los dos años, la tienta de hembras permite conocer su bravura para destinarlas a ser madres. Otra prueba, sobre los hijos, seis u ocho años después, ofrecerá los resultados. Si más de uno es manso y el resto no son muy bravos, la vaca será sustituida por otra mejor. Años más tarde, se hace una tercera comprobación, comparando los resultados buenos y la fertilidad. Sólo las vacas buenas y de excepción se dejan hasta que sean viejas.

Por su parte, la tienta de machos se ha hecho, tradicionalmente, en campo abierto, aún a riesgo de una mínica cantidad de accidentes: pitones rotos o alguna pata rota en los erales por falta de habilidad en los garrochistas. Mas, las ventajas de esta tienta contrarrestan tales accidentes.

El acoso y derribo a erales requiere caballos muy bien domados, veloces y sin resabios. A los futuros toros hay que agarrarles con la garrocha en lo más alto y trasero de las ancas. La collera constra del amparador (debe echar el caballo a la derecha) y del derribador (debe echar la garrocha por encima del hombro).

La tienta permite conocer el futuro toro y las cualidades heredadas de los sementales. Se aprecia el estilo de la embestida; si escarba; si sale suelto de la pica; si empuja con los riñones o da cabezazos; si viene pronto y con alegría; si no para; si acude violento o suave...

En la misma tienta, los erales muy buenos pueden picarse seis y siete veces. Si responden, se apartan para, unos meses después, hacer la retienta del semental, una vez fortalecido el animal con piensos de habas. La doble tienta facilita que el semental escogido pueda ser un toro de excepción.


 
 
 

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