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LA CIUDAD PERDIDA
La Alhóndiga
La Alhóndiga era el local
público para la venta, compra y depósito de granos y otros comestibles. De este
edificio, resta lo que se conoce como Los Arquillos, nombre dado a las
edificaciones hechas con objeto de salvar el desnivel de la colina por su parte sur. El
autor fue Justo Antonio de Olaguibel, que debió inspirarse en el edificio de la antigua
Alhóndiga.
Los Arquillos
constan
de dos tramos. Uno, llamado Arquillos del Juicio se debe a la iniciativa de José
de Segurola de hacer casas de vecindad entre 1787 y 1792. El segundo tramo, o Arquillos
del Ala, aunque contó con una propuesta de Olaguibel basada en una estola griega, fue
realizada por Diez de Güemes de forma similar al primero.
Los Portales
El acceso a los barrios
gremiales estaba protegido por sendos portales de acceso, cada uno con la defensa de su
correpondiente casa fuerte.
Se distinguían el Portal de
la Correría (casa fuerte de los Nanclares); el Portal de la Zapatería (casa fuerte de
los Soto) y el Portal de la Herrería (casa fuerte de los Abendaño).
Una epidemia de cólera fue
el pretexto para derribar estos portales entre 1854 y 1856, aunque lo más seguro es que
se buscara un mejor acceso y control de las vecindades interiores. Con ellos, se perdió
uno de los elementos más característicos de la ciudad medieval, pues las casas fuertes
adosadas fueron transformadas en modernas casas con miradores.
Casa de los Abendaño
Entre las casas fuertes, la de los Abendaño tuvo un relevante papel en las
luchas de los Ayala y los Calleja por la posesión de las torres colindantes a la muralla.
Tras la capitulación de 1476, fue comprada, a fines del siglo XV, por Diego Martinez de
Alava. Y antes de ser demolida, perteneció al mayorazgo de Manuel Angel de Vidarte
Solchaga, vecino de Pamplona.
Puerta de Santa Clara
Entre las entradas que
perdió la ciudad, hay que echar en falta la Puerta de Santa Clara, antiguo acceso a la
actual plaza de la Virgen Blanca y unida por un lienzo de muralla al convento de San
Antonio. El derribo de esta puerta, junto con las nuevas construcciones de la calle de
Postas y las casas de Echevarría, configuraron la plaza tal y como se puede contemplar
hoy.
Antiguo cementerio medieval
El subsuelo vitoriano guarda,
seguramente, muchos secretos, como el que escondía en la plaza de la Brullería, donde,
en 1983, se procedió a realizar una amplia excavación para confirmar los sondeos
realizados. Bajo dicha plaza, se encontraba el antiguo cementerio medieval, encontrado
gracias a las obras de restauración de la torre de los Anda, familia hidalga responsable
de la custodia de la muralla alta de la ciudad y que erigió la torre en el siglo XV.
La excavación sacó a la luz
una necrópolis medieval, un aljibe y restos de cerámicas y metales de diferentes
periodos culturales Vitoria. La necrópolis constaba de tres niveles de enterramientos,
por lo que consideró al más antiguo como el correspondiente a la villa de Sancho VI de
Navarra. Sobre éste, se desarrollaron dos niveles de inhumaciones que usaron las
cubiertas del nivel anterior como fondo de las nuevas sepulturas. Las tumbas, orientadas
de este a oeste y con los enterrados en posición de decubito supino, databan de los
siglos XII, XIII y XIV. El camposanto pertenecería a una iglesia emplazada donde hoy
está la catedral de Santa María.
Convento de San Francisco
La ciudad contaba con dos
conventos, dedicados a San Francisco y a Santo Domingo, respectivamente. El primero, fue
fundado por el propio santo de Asís, tras dejar Compostela en el año 1214. Ocupaba cerca
de siete mil metros cuadrados, aunque, inicialmente, debió de ser muy pequeño,
ampliándose posteriormente. Su importancia decayó en el siglo XIX, tras sufrir varias
ocupaciones militares transitorias que culminaron, en 1845, con el acta de incautación
por el Ramo de Guerra.
Desde el resbaladero, era posible admirar el ábside
gótico de un edificio con siete siglos de historia que fue testigo de importantes actos:
el compromiso de la voluntaria entrega de Alava a Castilla; la primera misa
pontificial del cardenal Adriano de Utrech tras recibir en la Casa del Cordón noticia de
su desginación papal; la celebración de las Juntas Generales de Alava durante todo el
siglo XVI; sede del archivo de la provincia y de las Juntas de Santa Catalina... Nada fue
suficiente para evitar el derribo del convento en 1930.
Convento de Santo Domingo
También fue derribado el
convento de Santo Domingo, que se levantaba al final de la calle de la Herrería, enfrente
de la casa de los Alava Arista-Velasco. El cenobio fue construido extramuros de la ciudad
a principios del siglo XIII y demolido en los inicios del XX.
Un testimonio de Diego
Martínez de Salvatierra (1585) afirma que los reyes de Navarra tenían casa en Vitoria,
casa que Sancho el Fuerte donó al convento junto con la ermita de Santa Lucía.
Esta, probablemente románica, debió utilizarse como iglesia de dominicos, hasta 1240,
cuando un incendio asoló la ciudad. Sin embargo, la ermita debió ser reconstruida, hasta
que un segundo incendio, en 1423, arrasó iglesia y convento.
La segunda reconstrucción
fue lenta y el deterioro de tal magnitud que, en 1523, el prior, apoyado por las limosnas
de los fieles, decidió derribarla e iniciar una nueva.
Del convento, de grandes
dimensiones, destacaba el claustro, de forma irregular, pues aprovechaba los muros del
antiguo patio del palacio de los monarcas navarros. De los veintidós arcos que lo
componían, tan solo se conservó uno en el antiguo instituto de enseñanza media, que hoy
se puede contemplar en la residencia de las Hermanitas de los Pobres, frente a la
estación de autobuses.
El último acto religioso
tuvo lugar el día de Candelas de 1835 a cargo de la cofradía del Rosario, toda vez que
el general Sarsfield, tras entrar en Vitoria, dispuso la evacuación de conventos y
templos para alojar a las fuerzas militares. Más tarde, se utilizó como cuartel y
hospital militar, hasta que el gobernador militar lo cedió al ayuntamiento para su
derribo.
Palacio de los
Alava-Esquibel
Aunque sucesivas reformas
eliminaron gran parte del edificio original, aún se puede ver, desde la Zapatería, un
gran bloque rectangular de tres alturas y cubierta a dos aguas con el caballete paralelo a
la fachada. Destaca la entrada de doble arco de medio punto, con grandes dovelas, y
cuatro
escudos en linea y un quinto, sobre éstos, colocados en la enjuta común de los arcos.
Remata la fachada una cornisa corrida de piedra, con almohadillados alternos en cóncavo y
en convexo. Los cubos laterales cuentan con saeteras orientadas hacia la entrada.
El palacio fue erigido, en
1535, por el oidor del Consejo Real de Carlos I, el licenciado Diego Martínez de Alava y
Esquibel, sobre la misma casa de sus padres. Se levanta sobre dos calles, dando la fachada
principal a la Zapatería y, la contraria, a la Herrería. La fachada, muy reformada en el
XIX, debe ser obra de Fausto Iñiguez de Betolaza. El general Ricardo de Alava, que
destacó en la defensa de Vitoria, en 1865, cerró el solar posterior con una verja de
hierro, creando un jardin donde había un estacionamiento de carros. Debido a su mal
estado, también se derribó, en esa época, la galería renacentista del ala izquierda,
levantando la que ahora se puede ver.
Teatro
Aunque su destino no es el
mismo, el edificio del Banco de España tiene similares características a las que poseyó
el teatro que se levantaba, antes, en este solar. Ya en el siglo
XVII,
se habilitó una sala en el antiguo hospital de Santa María, frente a la catedral, para
acoger representaciones. Del mismo modo, que se colocaban tablones como escenario en la
vieja Alhóndiga, debajo de San Miguel. Pero el verdadero edificio del teatro estuvo bajo
el convento de San Francisco.
Proyectado en 1817 por
Silvestre Pérez, autor de las casas de Echevarría, constaba de cinco plantas y seguía
las líneas clásicas del gusto estético del momento. Destacaba la estructura adintelada,
con cuatro columnas de estilo jónico y grandes vanos, cerrados con arco de medio punto.
Por desgracia, el teatro se incendió en 1914.
Hospital de Santa María
Delante de la catedral, se
alzaba el hospital de Santa María, construido en el XVI como refugio de pobres y
desamparados. De él queda, y sin el cuerpo superior, la portada renacentista, incrustada,
como adorno, en los muros del patio anterior del Seminario Conciliar a fines del XIX.
Casa de los Cubos
Hasta comienzos de siglo,
existió en la calle Cuchillería, un singular edificio llamado de los cubos, por
los cortafuegos a modo de torreones que lo flanqueaban. Sita a la izquierda de la Casa del
Cordón, estaba construida en sillar con dos puertas de entrada: una adintelada y otra,
más pequeña, en arco de medio punto.
Casa de Jerónimo Larrinzar
La Casa de Jerónimo
Larrinzar desapareció en el primer cuarto de siglo. Se dividía en dos cuerpos, formando
un retranqueado en el portal de la calle, y tres pisos, de ladrillo y tenía una galería
adintelada con columnas de tipo jónico. Según Fray Juan de Vitoria, la casa de Guevara,
poseía "el portal y las casas fuertes de una parte y otra de la
Cuchillería". Comprada, en el siglo XII, por el linaje burgalés de los Sotos,
pasó a una fundación religiosa, fundada por el Chantre Soto. A fines del XVI,
pertenecía a Jerónimo de Alava.
Casa Nº 23 (C. Nueva Dentro)
Construida a principios de
siglo, contaba con un interesante repertorio inconográfico, con temas profanos y
mitológicos, en los paneles inferiores de madera de los miradores de la planta superior.
La fachada, simétrica, era de ladrillo visto. Los miradores se dividían en cuatro
cuerpos, separados por jambas de madera imitando pilastras adosadas de fuste acanalado y
terminadas en capitel jónico. La negligencia provocó el derrumbe del edificio en 1994,
cuando se cortó uno de los pilares para ampliar la lonja. |