El Toro
www.revistaiberica.com

Alta en Direcciones | Contactar | Suscríbete Gratis

PARA VIAJAR POR ESPAÑA Y PORTUGAL

De viaje por...

Ibérica Natural

EL CAMPO

La negra figura del toro ha estado desde tiempos remotos unida al hombre.

 

El toro se siente dueño y señor en el campo.
Y tienen gran memoria, fomentada al darles una vida metódica y rigurosa, igual que si se tratara de un deportista en constante entrenamiento. A las horas de los piensos, por ejemplo, acuden, puntuales, a los comederos, aún a pesar de que no se les lleve comida.

Acaso no haya animal más ordenado que el toro.

Al mes de estar en la dehesa, cada uno ha escogido su sitio fijo para echarse, para reunirse, para tomar el sol y para protegerse del viento y del frío.

En colectividad, el toro es pacífico, tranquilo, tímido.

EL TORO BRAVO
En palabras del ganadero, el toro bravo ideal es "bajo de manos", de tal modo que, "al mirarlo desde delante, se le descubra la cruz y detrás de ella se vea la penca del rabo". Así, el toro meterá la cara y podrá "hacer con la barbilla un surco en la arena", pues la "altura del toro en su cruz debe ser sólo algo superior a la de la cintura del torero".

Generalmente, revelará "más fuerza mientras más juntas tenga las manos y las patas", ya que, igual que los caballos camperos, "tiene que estar reunido". Cuello largo para facilitar la embestida. Los pitones no deben ser abiertos: "que su cabeza quepa en los faldones de la muleta". Además, ha de ser ancho de pecho, pero no "excesivamente" para que no "pierda agilidad para revolverse".

La edad ideal son cuatro años. Más tarde, será más lento en sus arrancadas y "al torero le será fácil adivinar sus intenciones".


 
 
 

© Editorial Ocitur, S.L
Doña Francisquita, 8. 1ª Planta. 28041 Madrid     iberica@revistaiberica.com