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EL CAMPO
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El toro se siente dueño y señor en el campo.
Y tienen gran memoria, fomentada al darles una vida metódica y
rigurosa, igual que si se tratara de un deportista en constante entrenamiento. A las horas
de los piensos, por ejemplo, acuden, puntuales, a los comederos, aún a pesar de que no se
les lleve comida.
Acaso no haya animal más ordenado que el toro.
Al mes de estar en la dehesa, cada uno ha escogido su sitio fijo para
echarse, para reunirse, para tomar el sol y para protegerse del viento y del frío.
En colectividad, el toro es pacífico, tranquilo, tímido.
EL TORO BRAVO
En palabras del ganadero, el toro bravo ideal es "bajo de
manos", de tal modo que, "al mirarlo desde delante, se le descubra la
cruz y detrás de ella se vea la penca del rabo". Así, el toro meterá la cara y
podrá "hacer con la barbilla un surco en la arena", pues la "altura
del toro en su cruz debe ser sólo algo superior a la de la cintura del torero".
Generalmente, revelará "más fuerza mientras más juntas tenga
las manos y las patas", ya que, igual que los caballos camperos, "tiene
que estar reunido". Cuello largo para facilitar la embestida. Los pitones no
deben ser abiertos: "que su cabeza quepa en los faldones de la muleta".
Además, ha de ser ancho de pecho, pero no "excesivamente" para que no "pierda
agilidad para revolverse".
La edad ideal son cuatro años. Más tarde, será más lento en sus
arrancadas y "al torero le será fácil adivinar sus intenciones".
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