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La capital de la Rioja es hoy
una ciudad admirable y rejuvenecida de amplios bulevares y comercios de
vanguardia, es el referente comercial del fértil llano que nutre los
viñedos y en donde se cultivan verduras de envidiada calidad. El bello
entramado de su casco antiguo, se encuentra la catedral, con dos torres
gemelas de trazas góticas, la iglesia de Santiago y, junto a ésta, una
estatua ecuestre barroca de Santiago Matamoros.
Qué visitar
Casco Antiguo. Durante siglos, la calle Portales ha sido la vía
más importante de la ciudad. Casi toda ella está porticada, siendo muy
concurrida en invierno. Es el centro comercial y de ocio emblemático de
Logroño.
Concatedral de Santa María de la Redonda. Es así considerada
desde 1959. Su construcción es de estilo gótico y renacentista,
seguramente fue levantada sobre un anterior templo románico. En su
interior se guardan interesantes obras como la capilla Ponce de León,
Virgen de los ajusticiados, la Crucifixión de Miguel Angel Buonarroti,
las reliquias de San Prudencio, pinturas de José Bejes, entre otras
joyas de valor igualmente destacable.
Plaza del Mercado. Durante siglos ha sido la plaza principal de
la ciudad, tiene los característicos soportales y en ella confluyen las
populares calles de Caballerías, Carnicerías, Mercaderes y Herrerías,
nombres que hacen referencia a los antiguos gremios de artesanos y
comerciantes.
Iglesia de Santa María de Palacio. En su interior alberga el
Retablo Mayor, obra de 1561, en el que se representa la última cena. El
edificio sustenta una impresionante aguja gótica que fue linterna y
nunca tuvo campanario. También es destacable la estancia de la sacristía
y el claustro, hoy convertido en museo.
Iglesia de San Bartolomé. La cabecera del templo es de estilo
románico con bóveda de horno, y continúa el edificio en estilo gótico,
sin la luminosidad propia del arte ojival. La portada es un excepcional
trabajo del siglo XIV, las imágenes representadas van contando la vida
de San Bartolomé.
Iglesia de Santiago el Real. Fue construida sobre un templo
gótico del que se conserva la cripta; de una sola nave con capillas
entre contrafuertes, posee una interesante bóveda y un Retablo Mayor de
mediados del XVII, en el que se narran episodios de la vida de Santiago.
Puerta del Camino y cubo del Revillín. Son de los escasos restos
que se conservan de la antigua muralla de Logroño
Alrededores, rutas y espacios naturales
La Ruta del Vino. La Rioja Alta aglutina el mayor número y las
más afamadas bodegas de vino los alrededores. Siguiendo el curso del
Ebro, entre Haro y Logroño, la presencia del vino es una constante, una
rica vega en la que se miman las cepas de “tempranillo”. El buen caldo
riojano y su excelente gastronomía se complementan con otras
alternativas como son las visitas a las localidades de Haro – Cenicero –
Fuenmayor - Briones – Navarrete – San Vicente de Sonsierra o Elciego.
La Ruta de la Verdura. Los extensos campos de viña, normalmente
cultivada en espaldera (parrales verticales), rivalizan en extensión con
los cultivos de alcachofas, espárragos, cardos y puerros, dando al
paisaje mil tonos de verde en los que perderse. Esta particular gira por
tierras riojanas comienza y finaliza en Calahorra, la segunda ciudad en
importancia de la región y que es ciudad bimilenaria.
Camino de Santiago. Logroño – Nájera – Santo Domingo de la
Calzada – Grañón. El tramo riojano del Camino de Santiago transcurre
entre Logroño y Grañón, cerca ya de tierras de Burgos. A unos 50 km se
encuentran alguno de los puntos emblemáticos de la Ruta Jacobea: Nájera
y Santo Domingo de la Calzada.
Ruta de los Monasterios. Poniendo como punto de partida a Nájera,
se dispersan pequeños y grandes monasterios, todos ellos repletos de
historia. Yuso, Suso, Santa María la Real de Nájera, Cañas y Valvanera
guardan en sus muros antiguos secretos de una vida llena de avatares y
de historia. Viejos legados, fundamentales para comprender la identidad
propia y la ajena.
Valle de Ezcaray. El itinerario discurre por el valle del río Oja
hasta las cumbres de la Sierra de la Demanda. La ruta visita
interesantes pueblos y aldeas que conservan su arquitectura serrana
hasta las inmediaciones de la estación de esquí de Valdezcaray. Santurce
– Santurdejo – Tondeluna – Ojacastro – Ezcaray – Zorraquín – Valgañón –
Azarrulla.
Por el río Iregua. El valle del Iregua todavía conserva huellas
de esta trascendental vía de comunicación, con algunos espacios
empedrados y restos de puentes. La primitiva travesía romana del valle
del Iregua comunicaba el río Ebro, desde la Vareira romana (actual
barrio de Varea) hasta el puerto de Piqueras, con el camino de Numancia,
en Soria: Lardero – Alberite – Villamediana de Iregua – Albelda de
Iregua – Nalda – Sorzano – Medrano – Daroca – Entrena – Islallana –
Viguera – Panzares – Nestares – Torrecilla de Cameros – Almarza de
Cameros – Pinillos – Nieva de Cameros – El Rasillo – Ortigosa de Cameros
– Villanueva de Cameros – Villoscada de Cameros – Lumbreras – San Andrés
de Cameros.
Ruta de los Dinosaurios. Enciso – Arnedillo – Arnedo – Autol –
Calahorra. Las cuencas de los ríos Cidacos y Alhama fueron, hace
millones de años, un delta fluvial pantanoso habitado por grandes
dinosaurios. Las huellas de aquellos gigantes quedaron fosilizadas sobre
el barro y hoy se puede seguir su rastro en los yacimientos próximos a
Enciso, Cornago o Munilla.
Sierra Cebollera. Es el primer espacio natural protegido de La
Rioja, se encuentra en la Comarca de Cameros, a unos 50 km al sur de
Logroño. Sobresale por la diversidad botánica y faunística; de grandes
masas forestales y con las mayores representaciones de relieve glaciar
del Sistema Ibérico.
Gastronomía
La Rioja es tierra de buen comer y buen beber, sus restaurantes ofrecen
selecciones que son escaparates de una huerta extraordinaria, donde se
alternan los pimientos asados, espárragos, ajos tiernos, cogollitos
acompañados con queso y anchoas, revueltos de setas y embutidos. Tampoco
faltan los pescados y las carnes de las sierras cameras. Los excelentes
caldos riojanos hacen buena compañía a las chuletas al sarmiento, al
cabritillo asado, a las patatas con chorizo, al cabrito o a las manitas
de cerdo.

Fiestas
Fiestas de la vendimia riojana y San Mateo (21 de septiembre). Las fiestas de San Mateo son
el resultado del extraño mestizaje entre la época medieval y la cosecha
del vino. Tiene sus orígenes en la celebración que se hacía en honor a
la villa de Logroño en el siglo XII. La ciudad en su categoría de villa
tenía el privilegio de celebrar aquí una feria anual. De este modo se
convirtió en una sede importante de comercio. Dichas ferias fueron
adquiriendo mayor relevancia y aumentaron en frecuencia. Durante la
celebración de estas ferias iba ganando importancia el carácter festivo
y divertido de ellas. Es así como el vino, fruto de la tierra riojana se
introduce en los mercados medievales de la villa logroñesa. La Feria más
importante tenía lugar el día de Acción de Gracias, en septiembre. Los
riojanos agradecían la cosecha recogida. La feria fue fijada para la
tercera semana de septiembre coincidiendo con el día 21, San Mateo,
santo que había sido recaudador de impuestos y convertido en patrón de
los mercaderes. Estas fiestas representan también el punto de partida de
la vendimia. Hoy en día, las fiestas de San Mateo y de la Vendimia son
las más multitudinarias de La Rioja. En estos días los riojanos ofrecen
los frutos de la cosecha y el primer mosto a su patrona, la Virgen de
Valvanera y celebran el inicio de la vendimia pidiendo a la Virgen que
el resultado de ésta sea excelente.
San Bernabé (11 de junio). Los orígenes de la invasión francesa de 1521 hay que
buscarlos en el descontento de la población navarra por su incorporación
a la corona de Castilla, situación que no gusta tampoco a la corona
francesa, disgusto que va en aumento con la llegada al trono de Carlos
I. La Revuelta Comunera en Castilla propicia una acción militar francesa
para, una vez debilitado el poder real por la guerra civil, incrementar
su influencia y apoyar nuevamente la independencia del reino de Navarra.
Estos acontecimientos se rememoran anualmente en la festividad de San
Bernabé (11 de junio) que, a través de una serie de rituales, siguen
manteniendo vivo en la memoria un acontecimiento que se sitúa entre el
mito y la realidad: como la particular procesión en la que el alcalde
voltea la bandera en los lugares donde se encontraban las puertas de la
ciudad, las salvas de los cañones o el reparto del pan, el vino y el pez
en esta misma puerta del Revellín, construida en el siglo XVI para
conmemorar la victoria. La tradición sostiene que el vino guardado en
las bodegas, el pan elaborado con el trigo de los graneros y los peces,
que furtivamente se pescaban en el río a través de corredores
subterráneos que horadaban la muralla, fueron los alimentos que
permitieron la subsistencia de los logroñeses. Así, el vino es, a la
vez, sostén y símbolo de defensa de la ciudad. Escenas de las Rutas
Teatralizadas en las que se rememoran de forma divertida estos hechos.
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