Cardona. Sendas por lugares de frontera. Aigua D'Ora y El Cardener.Barcelona. Barna
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Rutas y Destinos por Cataluña


Los Duques de Cardona fueron conocidos en tierras de frontera por muchos hechos históricos y valerosos, pero, quizás, lo que realmente perdura de la historia es que este ducado sufragó la famosa batalla de Lepanto. Mas, el influjo de los duques sigue protegiendo a la singular comarca del Bagés, punto de partida de múltiples excursiones para el viajero.

Por J. L. Rivera
 

Entre cristalinas torrenteras y fuentes de agua fresca, el cauce del río Aigua D’Ora se dirige hacia Sorba, donde se encuentra la ermita de Sant Miquel. Allí, un alto en el camino permite contemplar las reliquias de Sant Eudald y compartir con el prater, un trozo de miel fresca de las colmenas que, con mimo y destreza, cultiva en la margen del río. Siguiendo la orilla donde se asientan las colmenas se halla el camino que va a San Pere de Graudescaldes, encontrando, unos kilómetros más abajo, el Molino de Can Guirré. Es el único que todavía funciona en la comarca y muele, con prodigiosa calma, piensos para las granjas cercanas. Joan, a sus más de ochenta años, todavía enseña al visitante, con buen ánimo, las piedras de molienda y la vieja noria que hacía servir en el aserradero y que, hoy, es sólo una pieza de museo. Antes de llegar al molino, se deja atrás el monumento levantado en honor de Guilfred el Piloso, quién perdió la vida en este valle. De este rey, nace la leyenda de las cuatro barras de la bandera catalana. Al final de la pista, la ermita de Graudescaldes constituye una de las bellezas del románico catalán.

La Sagrada tierra de los Duques de Cardona

A Cardona llegaron sus habitantes en oleadas desde Andalucía y Extremadura, enviados unos y buscando un mejor porvenir otros, cuando se comenzó a explotar la mina de sal, a principios del siglo XX. De aquella mina que exportara sal a medio mundo y que creó dos nuevas montañas en la ciudad, tan sólo queda en pie la maquinaria del pozo Alejandra y una galería abierta una vez que los viajeros empezaron a curiosear por los alrededores. 
Al traspasar la entrada, asaltan la vista los blancos colores de la sal derramándose por las paredes y descolgándose, caprichosamente, desde el techo en formas sin igual. La nave central de la galería semeja un escenario donde luz y color luchan por maravillar al forastero. Una escalera cuidadosamente abandonada, un foco colocado para resaltar salados destellos del húmedo aliento de la montaña y centenares de estalactitas y estalagmitas, en permanente búsqueda de su unión, son parte de los atractivos de la Minilla, que se completa con el antiguo filón de sal que dio vida a la comarca. 

El Pla de Busa tiene un mirador digno del paseo que se debe realizar para llegar a la famosa Preso. Esta atalaya natural, bordeada de precipicios, fue utilizada durante la Guerra de la Independencia como prisión natural, ya que sólo era accesible por una rampa que, posteriormente, los soldados retiraban. Desde arriba, se divisa todo el Valle de L’Or y el pueblo de Sant Llorenç de Morunys. La sierra de dura roca serpentea ofreciendo al senderista un maravilloso espectáculo.

Una vez dejado Busa, entre campos sembrados y rebaños de ganado que pastan libremente por la zona, se alcanza la iglesia de Sant Sadurni y, un poco más allá, el castillo de Besora. La fortaleza también formó parte de la línea defensiva contra el ejército sarraceno y, curiosidades de la historia, fue adquirido por un libanés que lo ha restaurado para su uso particular. Desde fuera, se divisa la línea del río Cardener y la sierra del Juncar, huyendo entre pinares y encinares. Unos kilómetros más abajo, aparece una de las criptas románicas mejor conservadas de Cataluña y, posiblemente, la más llamativa.En Olius, se citan, como contraste, la hermosa iglesia de San Esteban y un cementerio modernista de extraña apariencia. El templo se levantó hacia el año 985 y de la primera construcción apenas quedan en pie parte de las columnas de la cripta. Generalmente, se encuentra cerrada, por lo que hay que pedir que la abra al masovero de la casa pareada de la iglesia. Olius sólo cuenta con veinte familias en su pedanía y sus ascendientes son enterrados en una pequeña roca donde la mano del hombre ha levantado una construcción modernista que choca con el paisaje. Cual si se tratara de las torres gaudinianas de la Sagrada Familia, esta pequeña catedral da un aire moderno al núcleo de la población. 

Campanadas a medianoche

En cualquier caso, el verdadero centro del lugar lo componen, junto con la montaña de sal, el promontorio donde se levanta el castillo y la colegiata de San Vicente. Esta última, una de las obras más importantes del románico primitivo catalán, fue consagrada en 1404 por el obispo de Urgell. En su cripta fueron cuidadosamente guardadas las reliquias de San Sebastián, Santa Ursula y Santa Inés, aunque, andando el tiempo, fueron a parar a Solsona. Lo que sí ha soportado los embates del tiempo es la fortaleza, actual parador de turismo, en cuyas estancias resuenan historia y recuerdos del pasado. Cuentan que la habitación 712 es frecuentada por el espíritu del alcaide moro del castillo de Maldá, quién perdió la vida y la fe por los amores de Adalés, la hija del vizconde Ramón Folch, cuando éste la encerró en la torre de la Minyona con el objeto de evitar esos amoríos. Probablemente, fue este hecho, unido a la majestuosidad del castillo, lo que decidió a Orson Welles a utilizar tan magnos escenarios para su célebre película Campanadas a medianoche. Saliendo del castillo, el núcleo urbano de Cardona se deja querer, destacando la iglesia parroquial o la casa de aquel que fuera verdugo de la villa, desde donde se obtienen unas vistas preciosas de todo el conjunto de la ciudad. 

El pantano de Sant Ponç recoge las aguas del Cardener para distribuirlas por la zona y deja escapar un hilillo de agua que, más tarde, aumentará con los vertidos del Ensorrats o del Aigua D’Ora. Pasada la presa, el siguiente hito se encuentra en el complejo de la iglesia-monasterio de El Miracle. Debió disfrutar mejor esplendor el campo que se atraviesa y que, hoy, sólo deja entrever casonas abandonadas. En 1458, la virgen María se apareció en este lugar a los labradores Jaime y Caledonio. La veracidad de los hechos se confirmó con la construcción de una capilla al año siguiente y un albergue para peregrinos cien años más tarde. De aquella primitiva iglesia, sólo quedan unas columnas en pie.En el nuevo templo y en el nuevo monasterio benedictino que lo acompaña, la Madre de Dios del Miracle sigue cumpliendo con sus fieles. Una habitación llena de exvotos, permite comprobar que la fe, muchas veces, obra hechos extraordinarios. El altar mayor es uno de los que gozan de mayor dimensión de los construidos en Cataluña, con veintitrés metros de alto y doce de ancho. A pesar de haber sido construido en el año 1747 sigue conservando aún esplendor y belleza.

Abandonando la iglesia, se regresa entre pinares y retama, a los parajes de la ciudad de Cardona, donde no es difícil tropezar con los gigantes que, año tras año, celebran los festejos de los barrios, igual que cuando el duque autorizaba a sus discípulos a celebrar fiestas en su honor. Petardos y cohetes vuelan por encima del castillo-parador de los Duques de Cardona, recordando las muchas batallas que vivió el entorno de la ciudad cuando defendió la Corona de Aragón

 

 

Datos prácticos

Cómo llegar
Desde Barcelona, se llega a Cardona por la autopista A-18 o por el eje transversal, dejando ambas carreteras en el desvío a Cardona para enlazar con la C-1410 que conduce, directamente, a la ciudad. El recorrido por el Cardonés y parte del Solsones corresponde al sendero GR-3 hasta la Torre D’En Bofill y allí, por la pista que sigue al río Aigua D’Ora hasta Sant Pere de Graudescaldes, al último tramo del GR-1. Hay que regresar hasta el puente de la Vall Dora para encontrar el ramal que conduce a Busa y que continúa hasta enlazar con la C-146 en dirección a Olius. Desde aquí, hay que buscar la C-1410 hasta la pedanía de Santa Susana, donde se toma el ramal-pista que conduce a El Miracle.  

Yantar y pernoctar
El Parador de Turismo ofrece un recorrido gastronómico por la cocina medieval y de la zona y habitaciones dignas de doncellas y duques. El precio con talonario es de unas 10.500 pesetas por habitación doble y, allí mismo, se puede contratar servicio de guía. Tel.- 93 318 13 93.

También es posible encontrar guías en Bofill. Tel.- 93 869 19 68.
La Hípica del Remei ofrece este recorrido a lomos de un caballo. Tel.- 93 869 19 92.

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