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El Valle de Boí, en la provincia de LLeida, ha sido durante siglos un
entorno prácticamente desconocido. Reúne, en una mínima extensión de no más
de treinta kilómetros, algunas de las cumbres más altas y bellas del
Pirineo, valles incomparables, bosques frondosos y lagos. Y es, además el
espacio natural en donde se encuentra un conjunto de obras del periodo
románico, casi único en el mundo. Es en definitiva, la esencia del románico
catalán, una manifestación irrepetible.
Sin lugar a duda, el arte románico encontró aquí el escenario más acertado
para construir y hacer perdurar una de las colecciones más importantes del
mundo. Un conjunto histórico – artístico que ha alcanzado un valor
incalculable, repartido por los pueblos de esta comarca y que es fiel
testimonio de un tesoro cultural de excepcional interés.
Los pueblos de Coll, Cardet, Barruera, Durro, Boì, Erill-laVall y Taüll
contemplan los esbeltos campanarios, las tallas, los retablos y los puentes
milenarios. Esta historia de permanece ligada desde el XII al señorío de
Erill, un antiguo linaje feudal dependiente del Condado de Pallars. Estas
construcciones del valle fueron el resultado de los esfuerzos de protección
ofrecido por los señores de Erill.
Ruta del arte románico catalán por el Valle de Boi
Partiendo de Port de Suert, tras pasar Castelló de Tor y Lleps, a muy pocos
kilómetros se encuentra el pequeño pueblo de Cóll, primer punto de visita a
las iglesias románicas de este itinerario, una desviación a nuestra
izquierda indica la carretera ascendente que lleva y tiene fin el mismo
pueblo. Aquí se encuentra la iglesia de Santa María de la Asunción, que
aparece en primer término, un poco más elevado está el caserío. En este
punto se divisa todo el valle y es posible distinguir a izquierda y derecha
el río y cada uno de los pueblos del valle.
Volviendo
a la carretera, a la altura del kilómetro diez, en el margen izquierdo del
río se encuentra Cardet. Se asciende rápidamente al pueblo, dónde
contemplamos la iglesia de Santa María, la única del valle con una espadaña
de tres ojos, se trata del edificio más moderno del valle, data del siglo
XIII.
Continuando el itinerario hasta el kilómetro doce se llega a Barruera,
donde, a las afueras del casco antiguo del pueblo y visible desde la
carretera, está la iglesia de Sant Feliu. Desde aquí, un desvio a la
derecha, y después de tres kilómetros de carretera, conduce al pueblo de
Durro y a la iglesia de la Natividad de la Mare de Déu. También en Durro se
encuentra la ermita de Sant Quirce, un excelente mirador de cara al valle.
Este pueblo invita a ser recorrido con calma. Es el ejemplo más
representativo de la arquitectura rural de esta zona del pirineo.
De nuevo en la ruta principal, a la altura del kilómetro quince, un
bifurcación a la izquierda lleva hasta Erill la Vall, donde está la iglesia
de Santa Eulalia. Un camino ascendente lleva a las bordes de Erill, altura
de 1610 metros, antes de llegar a este punto se observan espectaculares
vistas del valle. También es posible comprobar como la parte más alta de los
campanarios de Erill, San Joan de Boí y Sant Climent de Taüll están
perfectamente alineados, por lo que se supone que fueron intencionadamente
construidos siguiendo esta línea imaginaria.
Dos
kilómetros, en dirección ascendente, la carretera se desvía hacia Taüll,
pasando por Boí, donde se encuentra la iglesia de Sant Joan. Esta última
localidad, en otro tiempo, estaba totalmente amurallada, quedan algunos
restos de la fortaleza.
Tres kilómetros más hacia
arriba: Taüll, el conjunto más importante del valle, con las emblemáticas y
fotogénicas iglesias de Sant Climent y Santa María de Taüll; ambas
representan los ejemplos del más puro estilo románico de la zona. En otro
tiempo; Taüll fue puerta de entrada del valle desde el puerto de Rus. En la
actualidad, esta localidad es la que mayor afluencia de visitantes recibe,
tanto en época invernal, por su proximidad a la estación de es qui de Boí
Taüll, como el resto del año por su alto interés artístico-arquitectónico.
Continuando hacia la cabecera del valle, se encuentra Caldes de Boí, antiguo
balneario desde 1732. El balneario ofrece, además de las propiedades
curativas y relajantes de sus aguas, ser punto de partida de infinidad de
excursiones por el valle de Boí y el cercano Parque Nacional de Aigüestortes
y Estany de Sant Maurici. Finalmente, concluye el itinerario en la presa de
Estany de Cavaller, un punto privilegiado para disfrutar de una de las
vistas más espectaculares del Pirineo, antes de tomar viaje de vuelta.
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