Castelló d'Empuries y La Badia
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Castelló d'Empúries
Con aroma medieval

Fotografías: Luis Medina
 

Lavadero. Uno de los lugares más encantadores de la villa. Foto de principios del siglo XX


Los secretos que guardan las piedras medievales de Castelló d'Empúries tratan de hacerse un hueco por sus estrechas calles. Secretos bien guardados que cuentan historias de los Condes de Empúries, que se instalaron en Castelló en el siglo XI, proporcionando a la villa su mayor etapa de esplendor. En la plaza de los Hombres, aquéllos que durante el día permanecen ocultos bajo las piedras, parecen darse cita, cada atardecer, para susurrar viejos sucesos de aire medieval en pleno Empordà.
 


L
a bella estampa de la iglesia de Santa María, "la catedral" como la conocen los vecinos de Castelló, parece dominar, desde una pequeña loma, el paisaje de esta villa gerundense. Ella es testigo del florecimiento y de la caída de esta villa, que parece haberse anclado en la Edad Media. Un lugar que ha sabido estar con los tiempos futuros, sin dejar de lado su rico pasado. 
Aún es posible viajar en el tiempo y convertirse en un pícaro trovador que entraba a la villa condal por la Portal de la Gallarda. Y es que, tras la destrucción de Empúries, Castelló pasó a ser capital del Condado, con el traslado a la villa de los Condes de Empúries. Así, el lugar se convirtió en una zona estratégicamente defensiva rodeada de murallas. Todavía es posible ver algunos lienzos cercanos al Portal de la Gallarda, el único acceso que se conserva de las siete puertas que permitían la entrada al recinto. 

La bella estampa de la iglesia de Santa María, "la catedral" como la conocen los vecinos de Castelló, parece dominar, desde una pequeña loma, el paisaje de esta villa gerundense.

Posiblemente, el pícaro trovador se dirigiría a la Plaza de los Hombres, centro neurálgico de la ciudad  y ,allá por el siglo XIII, vería, al pasar por la Plaza Mossèn Cinto Verdaguer, cómo se encontraban las obras, de la Iglesia Concatedralicia de Santa María, emplazada en el mismo lugar que un templo románico anterior, del que todavía se conservan algunas estructuras. Se hallaba en el Barrio de Puig Salner, en el centro de Castelló y sus descendientes, al paso de los siglos, no debían de caminar mucho para pasar por la Casa Grande (Casa Gran), un buen ejemplo de arquitectura gótica civil; y andar apresurado por la Curia-Prisión o contemplar las vistas de la Sierra de Rodes desde el Pont Vell. Era la etapa de mayor esplendor de Castelló. 

Portada de la iglesia de Santa María

La iglesia de Santa María

La iglesia de Santa María se comenzó a construir en el siglo XIII, aprovechando el lugar de una iglesia románica consagrada. Los Condes de Castelló quisieron que la villa albergase la sede episcopal del Empordà, de ahí su monumentalidad. 
Claro exponente del gótico catalán, su planta la forman tres naves, una central más ancha y dos laterales. Estas últimas presentan la particularidad de que su altura es distinta a la central en algunos tramos. 
Destaca la belleza de la fachada principal formada por seis arquivoltas que delimitan el tímpano y el frontón, rematadas por doce hornacinas que "guardan" a los doce apóstoles. Bajo las hornacinas, un zócalo con ventanas ciegas descansan en un banco. En el interior destaca el altar mayor de piedra y el retablo del mismo realizado en alabastro, así como la original pila bautismal del siglo XI.

Retablo de Alabastro


El núcleo fue extendiéndose tras la Edad Media formando el otro punto más interesante de la villa condal, junto con el Puig Salner: el Puig del Mercaldal. Un barrio en el que se concentraron gran cantidad de artesanos y mercaderes, encontrando lugares como la Calle del Vino, de la lana, del Burdel, etc. Destaca la estructura de la calles, especialmente la de Prat de la Riba, que dicen es la calle más estrecha de Castelló y las Plazas de los Hombres y del Gra (del Grano). Tan angosta, que cuentan que en las antiguas fiestas del pueblo "el terrible Garrigues" saltaba de lado a lado por los tejados de la calle. Pero el cariz artesano perdió importancia a partir del siglo XVII en favor del sector agrario. Muestra de ello es la fábrica de harina que todavía existe a las afueras del pueblo. 



Al atardecer los barrios de Puig Salner y Puig del Mercaldal susurran el trajinar de centurias anteriores, el ruido de la fragua, el trasiego de los carros, el sonido de la rueca o el regusto a vino. 

Los denominados cortals, casa o masía con terrenos dedicados a la agricultura o a la ganadería, conformaban la estructura económica de la ciudad. De las últimas centurias del anterior milenio son los conventos de San Agustí hoy casa particular y San Domènec, que acoge en la actualidad al ayuntamiento. Y también el lavadero público, lugar que no hay que marcharse sin visitar, y  la torre dels Carlins. 

El núcleo fue extendiéndose tras la Edad Media formando el otro punto más interesante de la villa condal, junto con el Puig Salner: el Puig del Mercaldal. Un barrio en el que se concentraron gran cantidad de artesanos y mercaderes, encontrando lugares como la Calle del Vino, de la lana, del Burdel, etc. 


A pesar de la construcción en el siglo XX de Empuriabrava, 35 kilómetros repartidos en un canal principal y 35 afluentes con lujosas casas a los lados, Castelló ha sabido mantener intacto su pasado, buscando nuevas ideas para un próspero futuro, combinando la tradición, con el turismo y la naturaleza, gracias al Parque Natural de Aiguamolls, de una forma envidiable. 
Al atardecer los barrios de Puig Salner y Puig del Mercaldal susurran el trajinar de centurias anteriores, el ruido de la fragua, el trasiego de los carros, el sonido de la rueca o el regusto a vino. Y también se escucha voces de señores y damiselas, de centinelas y mercaderes que aún perviven entre las medievales piedras de la denominada "villa vieja".

* Las fotografías en blanco y negro pertenecen a la colección de Castelló d'Empúries.



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