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LIEBANA
La Villa tras el abismo


Fotografías Luis Medina
© revistaiberica

Cuevas para la curación del queso picón.

Tresviso ocupa un pequeño foso al abrigo de los escarpes calizos sobre el cauce del Urdón. Limita, con la Jorcá de la Panda y las Rullás, al norte; el Cuetu, al sur; los invernales de Prias y la senda de Urdón, al este; y la Sierra de la Mesa, al oeste. En coche, se llega desde el pueblo asturiano de Sotres y, desde Liébana, se sube, andando, por la garganta del Urdón.

El investigador jesuita Eutimio Martino afirmó que el nombre significa tras el abismo (trans abyssum) y que la senda desde el Urdón fue calzada romana. Mas José Luis Ramírez, autor de "Liébana. Toponimia e historia", lo interpreta como "más allá del collado desde el cual se empieza a ver un lugar", aludiendo al latín trans visum. El pueblo se formó en el siglo VIII, con la repoblación de Alfonso I, y era refugio inexpugnable contra invasores. La primera referencia escrita se hizo el 9 de mayo de 942, cuando Pedro y Honesto vendieron una tierra en Armaño a los monjes de San Pedro de Viñón y a los de San Martín de Turieno. Uno de los testigos del documento es Tallinu de Tresviso.Tresviso

El catastro del Marqués de la Ensenada, de 1753, define Tresviso como villa y de señorío, siendo la mitad del término de Bernardo Sigler, vecino de Aguilar de Campóo, y, de la otra mitad, dos partes a Gonzalo Junco, de Ribadesella, y una a Antonio de Colosia, de Merodio, percibiendo alcabalas, cuarenta reales anuales, derecho de residir tres años y de nombrar alcalde. Las tierras, de secano cadañero, no producían más de dos frutos al año, recogiendo trigo escanda, maíz, habas negras y hierba y criando ganado vacuno, lanar, cabrío, caballar y abejas. Con la leche se hacía mantequilla y queso y cuatro molinos harineros de una rueda servían a treinta y ocho vecinos, seis viudas y "dos naturales y habitantes".

El 14 de septiembre de 1881, una cacería de rebecos, llevó a Alfonso XII y a su hermana, la infanta Mª Isabel, a la villa. El rey brindó con vino y comió queso picón y, con pandereta y tambores, se tocaron tonadas populares y el baile de El Trepeletré. Para ser reconocido, Alfonso XII hizo saber al alcalde, Juan María López, que iría cubierto. Tras saludar todos al alcalde, el monarca inquirió si ya sabía quién era el rey y el edil contestó: "¡Cómo no seas tú o yo!". A Alfonso XII le hizo tal gracia el saludo que nombró al alcalde Caballero Descubierto, por lo que fue al Palacio Real de Madrid vestido tradicionalmente: chaqueta, montera, calzón y corizas.

La iglesia se levantó en 1904 con fondos del Marqués de Valdecilla. La parroquia vieja estaba a la entrada del pueblo, donde, hoy, se encuentra el cementerio. En 1959, los vecinos subieron los postes desde Urdón para instalar la electricidad. Entre 1965 y 1966, se hizo la traída de aguas y, en 1967, se edificó el ayuntamiento. El 28 de enero de 1985, el primer edil, Victorino Campo, mandó un oficio a la prensa regional informando de los problemas de los mozos para casarse por lo aislado de la villa. Tras recibir cartas y llamadas telefónicas de candidatas de varios lugares, el 4 de mayo se celebró la Fiesta de las Mujeres, primer contacto con los trece mozos casaderos de Tresviso.

Liébana, comarca singular
Un peculiar emplazamiento entre elevadas cumbres hace de Liébana una comarca con características propias. Con una extensión de 550 kilómetros cuadrados, limita con Asturias, Palencia y León y conforma un amplio círculo o cazo definido por elevadas cumbres de más de 2.500 metros de altura, mientras que el fondo del valle se encuentra a 300 metros sobre el nivel del mar. Las rocosas moles definen cuatro valles que confluyen en un punto común: Potes. Por ellos discurren tres vías de comunicación con el exterior: el puerto de Piedrasluengas (a Palencia), el de San Glorio (a León) y el desfiladero de La Hermida (a la costa). Y tres ríos principales: el Deva, el Quiviesa y el Bullón.

Las montañas no sólo ofrecen un subsuelo lebaniego muy rico (sobre todo, en blenda acaramelada, calamina y galena), sino que convierten a Liébana en un islote climatológico seco y soleado, de tipo mediterráneo, pero refrescado por los vientos del noreste. Por ello, es posible encontrar encinas y alcornoques, olivos y almendros mezclados con bosques de tipo atlántico, como el hayedo y el robledal. Sin olvidar las vides, de cuyo fruto se elabora artesanalmente el tostadillo y el orujo.

Tierra escabrosa y de difícil acceso, pocos vestigios se han descubierto del hombre primitivo en Liébana. No es hasta el siglo II a. C. cuando los textos de los historiadores latinos describen al pueblo cántabro como bárbaro y salvaje, guerrero, valiente y difícil de someter, motivos que, junto a las dificultades naturales del territorio, hicieron que Roma se mostrará indiferente durante dos siglos. Los independientes cántabros convivieron con los pueblos sometidos, aunque su carácter belicoso les impulsó a enrolarse como mercenarios en campañas lejos de sus fronteras como Numancia, donde su célebre caballería dispersó durante algún tiempo a los sitiadores romanos.

Mas, alrededor del año 30 a.C., Octavio Augusto, primer emperador de Roma, decidió someter a los cántabros para completar el dominio sobre Iberia. La guerra, feroz y sanguinaria, duró nueve años y Liébana fue uno de los principales escenarios. Allí, los cántabros hicieron gala de audacia y valor. Así, preferían suicidarse comiendo partes del tejo, árbol mortalmente venenoso, antes de rendirse o como en el caso de Corocotta, que tras recibir precio por su cabeza (250.000 denarios), el propio caudillo se presentó a cobrarlo, logrando no sólo el dinero sino también la libertad.

En época visigoda, Cantabria pertenecía a la demarcación conventual de Galicia, con sede en Bracara, la portuguesa Braga. En 561, ejerce este cargo el lebaniego San Lucrecio, que profesó en el monasterio de San Martín de Turieno, más tarde convertido en el de Santo Toribio, avanzadilla de los numeroso cenobios de siglos venideros.

Y, al igual que los romanos, los árabes tampoco fueron capaces de superar el refugio natural de estas montañas, por lo que, a partir del 711, Liébana recibió una masiva oleada de nobles visigodos, clérigos y pueblo llano. La resistencia cristiana tuvo su mayor expresión en la victoria del ejército de Pelayo en Covadonga en 718. Los derrotados musulmanes intentaron escapar siguiendo el curso del río Deva, mas el Monte Subiedes se desplomó sobre los huidos aniquilando a gran número de ellos. La victoria detuvo la invasión agarena y convirtió a Liébana en el centro del reino de Asturias. Ello es motivo para polemizar sobre la naturaleza astúr o cántabra de los citados acontecimientos, aunque parece ser que Pelayo y su hijo Fávila fueron lebaniegos y primeros señores de parte del valle.

En cualquier caso, durante el medievo, la comarca fue centro de actividad cultural y religiosa y, hacia el siglo IX, no hay menos de una docena de centros religiosos en Liébana, destacando San Martín de Turieno, Santa María de Lebeña y Santa María de Piasca. Al primero, llegaron las sagradas reliquias (lignum crucis) traídas por Toribio de Astorga desde Tierra Santa en el siglo V. También aquí profesó Beato, nacido en Aniezo, teólogo que combatió la herejía adopcionista en su "Apologético" e impuso un magisterio que llegó a la corte de Carlomagno en Aquisgrán. Beato de Liébana escribió también el "Comentario al Apocalipsis de San Juan", obra fundamental en la cultura milenarista e iniciadora de la miniatura mozárabe. La muerte del último rey asturiano, Alfonso III, a comienzos del siglo X, el nacimiento del reino de León y la fijación de la frontera devolvieron a Liébana a su condición de tierra olvidada y aislada.

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