Un paraíso para los amantes de la naturaleza, un espectáculo natural de dimensiones inesperadas y punto de encuentro de montañeros. Aquella mítica cordada de alpinistas formada por Alberto Rabadá y Ernesto Navarro fueron los impulsores de esta zona de escalada en España. Hoy el reino de los Mallos continúa en la mente de todos los amantes del deporte de la escalada y también se encuentra entre las visitas aún pendientes de quienes disfrutan explorando las maravillas que nos ofrece nuestro patrimonio natural.
Es un
fenómeno irrepetible en Europa. Uno de los más
bellos paisajes de la península Ibérica. Desde el punto de vista
geológico, estas formaciones son el resultado de los sedimentos con
cantos rodados cementados por
grava y
arena, que tuvieron su origen en
los
conos de deyección de
cauces que vertían hacia la antigua
depresión central del
Ebro. Estos depósitos
aluviales se elevaron por
plegamientos de las capas
inferiores y posteriormente
erosionados, dando lugar a estas
impresionantes paredes que superan los trescientos metros de altura en
vertical. Su color rojizo, debido al predominio de hierro y arcillas,
aumenta la espectacularidad del paisaje, sobretodo al atardecer. Resulta
casi increíble que estos peñascos de tal dimensión formaran parte de los
fondos marinos.
El Puro, El Pisón, Castilla, Cuchillo, Visera o Fire son alguno de
los nombres con los que se conocen estas agujas, cuyas paredes están
surcadas por gran número de itinerarios de escalada por los que han
pasado la mayor parte de alpinistas españoles. Para el viajero más
reposado, estas piedras gigantescas, labradas durante siglos por la
erosión son sólo objeto de admiración. La más bella panorámica del los
Mallos se observa desde el monumento erigido a los célebres montañeros
Rabada y Navarro, a la entrada del pueblo de Riglos. También merece la
pena una aproximación a la base de estas desafiantes paredes para
deleitarnos viendo de cerca como le van ganando altura los atrevidos
escaladores.
La observancia de los Mallos estimula inevitablemente la
imaginación. En ellos se descubren mil siluetas, enormes castillos,
silenciosos guardianes del pirineo o por su mera grandeza, incluso,
atraen el recuerdo de aquella persona amada. Pero en el caso de los
Riglos más que jugar con la imaginación es preferible observar la
realidad, que en este caso, como en tantos otros, es más bella que la
fantasía.
Riglos
Protegido de las impresionantes paredes anaranjadas de los Mallos, se
encuentra el pueblo de Riglos, punto de partida de estas aventuras
montañeras. De su patrimonio artístico destaca el templo parroquial, un
edificio del s. XVII que alberga las tallas románicas de la Virgen del
Mallo y de la Virgen de Carcavilla. En el mismo término también se
encuentran restos de una fortificación de la segunda mitad del siglo XI,
una necrópolis de lajas y la ermita de San Martín, templo románico del
siglo XII con ménsulas figurativas y un bello crismón en el tímpano de
su entrada.
Agüero
Pequeño pueblo pintoresco y fascinante, lleno de tipismo, que se
encuentra un tanto escondido. También se encuentra al abrigo de otros
mallos, aunque de menor relevancia que los anteriores. Para acceder a él
habremos de adentrarnos en su frondoso monte a lo largo de una carretera
bastante sinuosa para, de manera súbita tras una curva, aparece
Agüero en una estampa de gran riqueza plástica, con sus mallos como
telón de fondo sobrevolados por los buitres. Además de la gran riqueza
natural de esta localidad, podremos admirar dos templos románicos de
indudable valor histórico-artístico: la parroquial de El Salvador, en
pleno centro del pueblo, que acoge un interesante Museo del Órgano; y la
ermita de Santiago, a un kilómetro, cuya belleza e importancia la han
elevado a la categoría de Monumento Nacional.
Ayerbe
Villa asentada al pie de una colina coronada por la ermita de San Miguel
y los restos del castillo árabe edificado por Sancho Ramírez, cuando
conquisto esta plaza en 1804. Una singularidad de Ayerbe es que la
iglesia no tiene torre campanario, así que las horas las dan las
campanas de otra torre, la románica de San Pedro, pero para ver la hora
hay que mirarla en el reloj de la torre exenta, situada en pleno centro,
frente al palacio de los Marqueses de Urriés. Otros dos aspectos
relevantes de esta localidad son su afamada repostería y el hecho de que
aquí vivió su infancia el científico Premio Nobel Santiago Ramón y Cajal;
su casa es hoy un interesante centro de interpretación de su vida y de
su obra.
Cómo
llegar: El pueblo de Riglos se encuentra en la provincia de Huesca, a unos 45
kilómetros de la capital. A Riglos se accede por carretera tomando un
desvío en la N-240, entre Huesca y Pamplona, en el kilómetro 250, entre
Ayerbe y Murillo de Gállego hay un cruce a la derecha que sube y conduce
hasta Riglos, aunque se encuentra señalizado pero conviene ir atento a
las indicaciones.
Vía Culandraca al
Mallo Pisón, cara norte. Ver >>> Donde dormir: Casas
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Las Escaleritas
(En Riglos) Tel.: (+34) 974 383 096
Molino de Yeste (En Yeste) Antiguo molino, hoy rehabilitado como
albergue, enclavado en un espacio singular, junto al río Gállego, en la
cola del embalse de la Peña. Muy próximas se encuentran las montañas
pirenaicas y los Mallos de Riglos del Prepirineo. Tel.: (+34) 696 110
342
La Peña (En Santa María) Tel.: 974 382 869
Casa Camilo (En Agüero) Está situada 42 km de Huesca, en la
localidad de Agüero. La villa se asienta al pie de unos curiosos picos,
llamados popularmente "mallos". Las calles son en cuesta, con
pintorescos rincones y, entre los edificios, destaca la interesante
iglesia románica de Santiago, declarado Monumento Nacional. Tel.: (+34)
974 380 121
Hotel Villa de Ayerbe (En Ayerbe) Es un hotel de nueva
construcción, que mantiene los arquetipos de la arquitectura de la
histórica Villa de Ayerbe, con importantes y relevantes edificios de
arquitectura singular. Tel.: (+34) 974 380 080