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Con el propósito de averiguar la
verdad en todo quanto fuese posible por observaciones propias, atravesaba llanuras y
barrancos, y subia hasta las cumbres de los montes en busca de vegetales. De camino
exâminaba la naturaleza de las piedras, tierras, fosiles y metales; observaba el orígen
y curso de los rios, la distribucion y uso de las aguas; notaba los progresos que ha hecho
la agricultura, y algunos defectos que deben corregirse. En las empinadas cumbres por
medio de una brújula tiraba mi meridiana, y luego dirigia la visual á los puntos mas
sobresalientes, los picos, las torres de los pueblos, las ermitas, situando cada objeto en
el papel con las respectivas distancias que me daban los prácticos del pais: medía
despues las mismas distancias caminando con igual velocidad, y teniendo cuenta con los
rodeos y cuestas, harto freqüentes en tierras montuosas. Con estos auxilios he formado el
mapa general del reyno, sirviéndome de la carta marina del Señor D. Vicente Tofiño
para la costa del mar. Los otros mapas son copias que he sacado de los que se conservan en
archivos, excepto el de Peñagolosa, hecho segun mis observaciones y medidas.
Una
de mis principales atenciones ha sido el cálculo de la poblacion y de los frutos, por
donde se viene en conocimiento así de la calidad del suelo, como de la industria de sus
habitantes. para formarle con la exâctitud posible; he juntado quantos habian hecho
varias personas hábiles y fidedignas, he consultado muchas veces las listas que los Señores
Curas forman para el cumplimiento de la Iglesia, y me he valido de los
productos de los diezmos, y de los estados hechos de órden superior por el gobierno de
los pueblos. Ademas he registrado los historiadores á fin de comparar los diversos
estados del reyno en varias épocas, y descubrir las causas de tales diferencias (...).
Tenencia de
Benifaza
Ocupa esta lo peor y lo mas
septentrional del reyno. Confina por la parte meridional con los términos de Rosell
y Vallibona; por la occidental con el de Morella; por la septentrional con Aragon
y parte de Cataluña, cuyo Principado le pone límites al oriente. Su
verdadera extension pasará poco de tres leguas, pero se emplean siete horas en cruzarla
por ser freqüentes las cuestas y barrancos.
Por todas partes la rodean y cierran altos
montes calizos, cubiertos de nieve en el invierno, los quales se introducen en lo interior
de ella, alternando con profundos barrancos, y dexan algunos pedazos para la agricultura.
En los elevados del norte crecen hayas y pinos; de estos se ven con freqüencia espesos y
dilatados bosques, siendo los mejores los de Val-Sarguera y Mas-d'en-Roda,
hallándose tambien encinas en abundancia, por lo comun pequeñas. Hay un bosque inmenso
de box en las cercanías del pueblo llamado por eso Boixar: infinitos arbustos y
otras plantas se disputan el terreno en los barrancos. En muchos de estos se ven señales
de carbon fosil. El hierro se presenta á cada paso ya en forma de piedrecitas negras y
brillantes; ya penetrando peñas areniscas; ya en los varios ocres de que se observan
manchadas las piedras y la tierra. Se ven indicios ciertos de caparrosa junto al Bellestar,
y los manantiales van aquí mezclados con vitriolo.
En 1624 se benefició el alumbre y
caparrosa de que abunda este sitio; y por espacio de 200 años se beneficiáron ántes las
minas de hierro en Fredes y en la Pobla. Estas se abandonáron á fines del
siglo 15 por causa de una peste, y aquellas en el siglo pasado sin mas peste que el
descuido. Es lástima que se desprecien aquí los únicos dones que ofrece la naturaleza
tan escasa en las demas producciones.
3. Casi (...). En las partes
occidentales de este territorio se ven siete poblaciones, que son Castell de Cabres,
Boixar, Corachá, Fredes, la Pobla, Bellestar y Bel.
Son tan cortas, que la suma total compone solamente 336 vecinos, reducidos para subsistir
á 1700 cahíces de granos: perecerian sin duda si no fuera por su miserable sobriedad, y
las limosnas diarias del Monasterio.
En otras partes, podrán juzgarse
perjudiciales al Estado semejantes limosnas, por contribuir á la holgazanería:
allí son necesarias para que se conserve la poblacion. Viven aquellos infelices, dignos
de mejor suerte, en un término sembrado de peñas, y cubierto de nieves por quatro meses:
la inclemencia no les permite frutales ni hortalizas: aun los recursos de algun ganado y
pocas colmenas suelen faltar por los crueles frios y la escasez de pastos. Pudieron y
quisieran socorrer su necesidad rompiendo algunos terrrenos donde se dan arbustos, pero no
madera de construccion; y no obstante se lo estorban los Comisarios de Marina y sus
zeladores.
Los cien vecinos de la Pobla son los
ménos infelices; no porque abunden de subsistencias, sino porque logran algunas frutas, y
un temple ménos riguroso. Hállase este pueblo en el fondo y corta llanura que dexan los
montes de Bel y del Boixar. Saliendo de este lugar hácia el sudeste,
despues de atravesar una corta llanura arenisca, y de subir la loma caliza poco distante,
se descubre la Pobla, y no muy léjos al norte Bellestar. La distancia
apénas será de media hora, pero se emplea hora y media en baxar la cuesta incómoda por
lo quebrado del terreno, y por la multitud de pinos y raices desnudas que se presentan. En
este corto espacio muda el terreno de temperamento y producciones. En las alturas del Boixar,
Castell de Cabres, Corachá y Fredes no hay otro recurso para vivir
que los sembrados en campos áridos, y muchas veces areniscos; en la Pobla crecen
almendros, cerezos, nogales, manzanos y otros frutales. (...) Crecen con abundancia muchas
xaras, principalmente las llamadas blanca, y con hojas de salvia, silenes,
dafnes,
antílides y gramas: hasta olivos se hallan en las inmediaciones del barranco.
El que viaja
con instrucción...
Tiene este su orígen al poniente
de la Pobla, y recibe las vertientes de los montes vecinos. La furia con que baxan
las aguas quando llueve, se descubre en el profundo cauce que han excavado con el tiempo,
y en los enormes cantos que han arrastrado; pero el testimonio mas auténtico es el
monumento que se ve en los estrets del Bellestar. Seguian aquí los montes
hasta formar una sola masa con los de Bel, haciendo una barrera impenetrable; pero
al paso que se alteró el recinto de la Pobla, quedando honduras lo que en otro
tiempo serían cerros elevados ó montes, se iba profundizando el cauce de la rambla,
atropellando y venciendo obstáculos las aguas. No pudiéron estas vencer los que
presentaba el monte entero, y atacando las partes ménos fuertes se abriéron paso por una
estrecha y tortuosa garganta de mas de mil toesas, cuyos muros casi perpendiculares
resistiéron al ímpetu y fuerzas de las corrientes, y en partes tendrán 200 pies de
altura. Hay en este canal ángulos entrantes y salientes que á cada paso ocultan el
camino: jamas entró el sol en aquella soledad, en donde crecen pocos arbustos y algunas
plantas conocidas. En todo el curso de la rambla é inmediaciones del Bellestar los
bancos inferiores se presentan casi horizontales: son amarillos y areniscos, pero
compactos y con mezcla de arcilla (...).
5. No hay duda que las aguas
deformáron la superficie del globo (...). Nadie pensaria al ver los mármoles de que se
componen los montes de este recinto, y la multitud de cardios, ostras y nautillas que se
hallan á cada paso, que hubiese en sus entrañas carbon fosil, caparrosa y hierro. Este
metal es tan abundante, que en todas partes se hallan minas ó señales. Los montones de
escorias que hoy dia existen junto á Fredes, parecen exceder al trabajo de dos
siglos empleados en beneficiar las minas. Entre el Boixar y Corachá se ve
una micacea con escamas brillantes reducida á polvos de color de venturina: otra hay de
color pardo en el barranco del hierro, y otras reducidas á ocres de diferentes colores
útiles para la pintura, de lo qual ha hecho repetidas pruebas uno de los individuos del Monasterio,
el Padre D. Mauro Sospeda, hombre no ménos curioso que instruido, destinando los
momentos de ocio al exâmen del pais que habita.
Así ha recogido algunas observaciones, una
es que muchos ocres amarillos mudaban de color pasando al roxo despues de algunas lluvias
que cayéron sobre las minas de hierro y caparrosa (...).
Antonio José
Cavanilles,
viajero ilustrado.
(Valencia 1745 - Madrid 1804).
Antes de ser director del
Jardín Botánico de Madrid, Antonio
José Cavanilles recibió, en la primavera de 1891, "de orden del Rey"
Carlos IV el encargo de "recorrer la España para examinar los vegetales
que en ella crecen". Cavanilles empezó por Valencia, su propia
tierra, mas, aparte su curiosidad de botánico, también atendió a todos los aspectos
físicos y humanos. Con todo ello, escribió los dos volúmenes de las Observaciones
sobre la Historia Natural, Geografía, Agricultura, Población y frutos del Reyno de
Valencia, impresos en la Imprenta Real de Madrid (1795, 1797).
Sin precedentes en la
Península Ibérica, este estudio
conforma, doscientos años después, un texto imprescindible sobre la realidad valenciana.
Cavanilles recopiló meticulosa información de la geografía, la flora, la fauna y
el fondo social del siglo XVIII, en pleno cambio de la vida colectiva desde Benifassà
a Orihuela.
En ese momento, la economía valenciana conoció nuevas posibilidades
que tuvieron en Cavanilles un extraordinario facultativo, animoso en los
proyectos y sabio en los consejos técnicos. Era, evidentemente, un hombre de la
Ilustración,
racional, optimista y eficaz que impregnó en su libro la severidad gris, diáfana y
segura de los dedicados a la ciencia. |
Otra es que de los barrancos, donde hay
minas de hierro, quando el tiempo está nublado se levantan columnas que parecen humo
denso, esparciéndose despues para formar nieblas. Tambien observó que en las
inmediaciones del Monasterio y Bellestar no hay escorias como en Fredes
y en el barranco del hierro, sin duda porque abundando aquellos sitios de caparrosa,
harian dificil y costoso el beneficio de la mina. Otras observaciones tiene hechas sobre
la corteza y hojas de varios vegetales para teñir de negro (...).
Si en cada pueblo hubiese uno que por gusto
dedicase algunos ratos al estudio de la naturaleza y á perfeccionar la agricultura,
estariamos mas adelantados. El que viaja con instruccion y cuidado, puede descubrir
algunas cosas, pero los que están establecidos en los pueblos, son los únicos que pueden
completar los conocimientos útiles á las ciencias y al estado.
Montuoso país
6. Mejor seria la suerte de la Tenencia
si se pudiesen aprovechar las aguas que allí nacen; pero la multitud de peñas, el suelo
por lo comun arenisco, y las continuas desigualdades del terreno son obstáculos
invencibles. En este recinto nace el rio Cenia, cuyas aguas fertilizan aquella
parte del Principado de Cataluña, que hasta el mar linda con el reyno de Valencia.
A tres quartos de Fredes hácia el norte nace la fuente principal, cuyo curso
tuerce para el oriente junto á dicha aldea; sigue con la misma dirección hasta el salto
llamado de Fredes, en donde se precipita de bastante altura; é imitando las curvas
que forman los barrancos continúa hasta el rio Mangraner y sitio llamado tollet
d'en nou, en donde revuelve al mediodia: engrosado luego con la rambla de la Pobla,
baxa dirigiéndose al oriente con el nombre de rio de Benifazá, mudándole en el
de Cenia apénas entra en el término de este pueblo. La rambla de la Pobla
baxa de poniente á oriente por detras del Bellestar, y ántes de la Muela-rasa
recibe las de la Tenalla, y la que corre entre el Espeltar y Monasterio.
7. En un pais tan montuoso y tan
vestido de vegetales como es este, debe ser curiosa qualquiera vista que se tome desde sus
alturas. Por esto y para ver de un golpe una porcion considerable de la Tenencia,
subí á uno de los altos montes que está al norte del Monasterio, prolongándose
siempre opuesto á los de Bel. A poca altura desapareciéron enteramente todas las
señales de hierro, carbon y alumbres; siguiéronse hasta la cumbre bancos calizos, que en
lo mas alto mirando al norte eran de marmol ceniciento con venitas de espato calizo, y
otras de color de canela: el color ceniciento tiraba algunas veces al roxo, y el grano de
la piedra era fino y compacto. De lo alto del monte mirando á mediodia se veia correr de
oriente á poniente la cadena de los montes de Bel, precedida de otros. Entre estos
y las raíces del monte de observacion se descubria una hondonada y en ella el Monasterio,
y en sus inmediaciones sobre un cerro el antiguo castillo de Benihazá, que dió
nombre á la Tenencia: Bellestar coronaba un cerro, y Bel apénas se
descubria en lo alto de sus montes.
Los campos cultivados en las cercanías del
Monasterio y Bellestar, como tambien en parte de las cuestas, hermoseaban
aquel quadro, donde se observa la naturaleza casi abandonada y sin arte. Subí algo mas
alto, y mirando al norte descubri aquella multitud de montes (...). Sacaba la cabeza sobre
todos el Montnegrell, que negreaba por la multitud de pinos que sostiene. Por todas
partes hallé plantas análogas á las de los altos montes (...).
LA
SOLITARIA TINENÇA DE BENIFASSA.
Los años pasados desde que Antonio José
Cavanilles describió estas tierras, no han cambiado la Tinença de Benifassà o de
Benifasar. En la actualidad, sigue siendo un lugar deshabitado y aislado, conocido
también como Setena de Benifassà, memoria de los siete pueblos que, tras la Reconquista,
estuvieron bajo gobierno del abad del monasterio, titular de esta hermosa comarca. Por su
parte, el vocablo tinença deriva de tenencia, alusión a un peculiar y
antiquísimo sistema de herencia de tierras y propiedades único en la zona.
A la
Tinença, reino de las legendarias selvatge
(cabras monteses), se llega a través de los tupidos pinares del puerto de Torre Miró
(1.239 metros). Mas de Torre Miró marca el inicio de la comarca, mientras se recuerda
que, en el siglo XI, el bosque presenció la batalla del pinar de Tébar, en la cual se
enfrentaron tropas catalano-aragonesas y musulmanes valencianos. A los pies del puerto,
junto al Mas del Peiró, nace el río Cerbol, indicador del camino a Herbesset (siglo
XVII), antiguo Herbés Alto. Su iglesia guarda los restos de Agueda
Sebastiá, la
doncella de Herbesset, muerta tras la expulsión de los moriscos morellanos y cuyo
cuerpo incorrupto se halló, a inicios del XIX, tras el altar mayor.
De origen musulmán, Castell de Cabres
pervive bajo las laderas de la sierra de San Cristóbal. Entre una naturaleza salvaje y
montañosa vive una decena de personas. El pueblo gozó, hasta hace poco, con la labor de
los artesanos de carbón vegetal. Más allá, Boixar, llenó de arquitectura popular,
recuerda que, aquí, existió el bosque de boj mencionado por Cavanilles y que fue
transformado en retablos de iglesia, aperos de labrantío y cubiertos de madera. Siete
kilómetros de curvas llevan al abandonado Coratxá, a 1.342 metros de altitud, donde se
debe visitar la iglesia románica de San Jaime y el cementerio, que aún luce antiguos
crismones tallados en piedra. Similar ascensión lleva a Fredes entre el planear de
buitres leonados y bellas panorámicas sobre el valle del Senia y las montañas de
Benifassà.
Sólo cuenta con un
vecino, pero ofrece hermosos alrededores para aguerridos excursionistas o simples
paseantes. A pie, se alcanzan los tozales de En Canadé (1.393 m.), la Cervera (1.347 m.)
o Los Tres Reyes, donde, según la leyenda, se reunían, sin abandonar su jurisdicción,
los soberanos medievales de Cataluña y Aragón y el rey moro de Valencia. También están
marcados los senderos GR-7, hacia las casas de Vallcanera, donde crece la Carrasca Gruesa,
y el bosque de hayas de Retaule, y el PR-16, al Portel del Infierno, el Barranco del Salot
y el Salto de Roberto, nombre de una cascada que se precipita desde los altos farallones
rocosos.
Un sinuoso descenso acerca a Pobla de
Benifassà, capital de la comarca, con doscientos habitantes y pintorescas casas de piedra
con balconadas de madera. Las montañas y sierras que la rodean, como el pico Canals
(1.011 m.), no impiden pasear por las empinadas callejas y admirar la iglesia de la
Asunción (siglo XII) y su esbelto campanario. Hacia Ballestar, el Senia abre un estrecho
natural en la roca. El pueblo, casi deshabitado en invierno, guarda una iglesia con
portada románica y campanario y altar mayor góticos.
En 1233, Jaime I ordenó y autorizó la
construcción del cenobio cisterciense de Santa María de Benifassà allí donde, antaño,
se alzaba el castillo árabe de Beni-Hassán, aquél que bautizó y fue centro vital de la
zona en época musulmana. Jaime I reconquistó la comarca y la cedió al monasterio, hasta
que fue abandonado, con la desamortización, y destruido, con el carlismo, tras ejercer
como hospital y cárcel. Ahora, lo habita una congregación de monjas cartujas de clausura
de la orden de San Bruno, procedentes de Italia, que dejan visitar la iglesia gótica
todos los jueves (de 13 a 15 horas). Por desgracia, no es posible ver el palacio real del
abad, la puerta real, la sala capitular y el claustro.
Las aguas del Senia reposan en el embalse
de Ulldecona, en cuyas orillas se encuentran las áreas recreativas de Mangraner y de Les
Ombries, el molino del Abat y las cuevas del Polvorín o de los Rosegadores. Sus paredes
conservan hermosas escenas prehistóricas de caza y pesca. Desde el pantano, se alcanza, a
pie, el Barranco del Fou (del lobo), el único recuerdo de su presencia en estos
agrestes parajes, de paredes calizas, en cuyo fondo se abren pozas de aguas transparentes.
Cerca, el hayedo de Retaule alberga árboles monumentales como el Haya Padre o el
Pi Gros.
Dejando atrás Sant
Pere, el Senia pasa a
ser frontera natural entre Castellón y Tarragona. El industrial pueblo de La Senia
(iglesia barroca de San Bartolomé), prologa el valle del río Cerbol, de gran interés
natural. En él, se sitúan Rossell (más de mil vecinos) y Bel. El primero enseñorea
casas de piedra encalada con balcones de forja y la ermita románica de San Jaime. Bel,
accesible sólo por pista, tiene sólo tres habitantes, pero ofrece un atractivo pozo de
nieve y la subida a la peña del mismo nombre (1.005 metros) donde se dice que existió un
castillo amurallado del que no quedan restos. La pista cruza las montañas hasta
Vallibona.. |
8. (...) Para salir de aquel
desierto se baxa por espacio de dos horas y media hasta llegar al Martinete y Peña-corba,
que lindan con los términos de la Cenia en Cataluña, y de Rosell en
Valencia, y se camina siempre por las gargantas de los montes que la multitud de
árboles y arbustos van estrechando hasta dexar solamente sendas muy angostas. La
naturaleza se muestra allí con toda lozanía, y rica en vegetales (...): el camino parece
mas bien una escalera que una cuesta, en donde tuvo poca parte el cuidado de los hombres.
Las peñas peladas y calizas del suelo, los cintos y dientes de los montes que apénas
permiten paso á las aguas quando llueve, y la multitud de vegetales todo interesa y
divierte.
A medida que se va entrando en el barranco
de la Tenalla, se presentan arbustos y yerbas (...): empiezan las fuentes, y con
ellas el rio que dexa á su izquierda la Muela-rasa bien vestida y suave hácia el
norte, pero descarnada y erizada de escarpamentos y precipicios al mediodia. Muy pronto
baxa el rio de Fredes (...), á cuya derecha queda la citada muela, y baxando
siempre se ven ya olivos y moreras en las cercanías del molino. A un desierto inculto se
siguen campos cultivados y de riego: son en realidad en corto número; pero el terreno
permite allí muy poco. Se podrían construir molinos papeleros, y beneficiar algunos
campos de aquel recinto frondoso y divertido; pero no se conforman los vocales del Monasterio
con las ideas que les presentan los inteligentes. Así sigue el camino á la orilla del
rio baxando siempre hasta el Martinete, desde el qual hasta el mar quedan pocas
leguas.
9. (...) Si del Monasterio se
intenta salir hácia Aragon ó hácia Morella, se multiplican los estorbos
con la multitud de barrancos y de montes, cuya altura va siempre de aumento (...). En las
inmediaciones de Corachá se notan tres ángulos en los granos de arena, que es
excelente para mezclarla con la cal, y emplearla en los edificios. Tal vez en aquella
altura hubo en otros siglos masas de granito, que con el tiempo se han ido destruyendo,
reduciéndose las peñas á sus elementos primitivos (...).
10. La aspereza y los montes
continúan al salir por la parte occidental de la Tenencia: los términos de Vallibona,
Morella y Herbés presentan allí enormes moles por lo comun calizas, cuyos
bancos suelen alternar con capas de marga: abundan las carrascas, los pinos y los roures,
que con varios arbustos cubren la superficie de mas de cinco leguas. Ya se nota aquí
algun aumento en la poblacion y agricultura (...). Los dos pueblos, ó bien sean aldeas de
Herbés y Herbeset, aunque dueños de un dilatado término, son tan
infelices como los de la Tenencia. A diez casas y á ocho cortijos se reduce la
poblacion de este último, que está situado al pie de un peñon calizo. Aislados allí
sus vecinos, viven tranquilos en aquella soledad: (...) se contentan con poco, viven
sanos, y sacan de la tierra el alimento.
La hondonada que tienen al poniente es
hermosa y fértil, de la qual y de otros trozos que cultivan cogen hasta 200 cahices de
granos: á estos y á algun ganado se reducen los recursos del pueblo. A media legua
hácia el norte de la aldea corre un arroyo entre dos cerros ó bien montes, cubiertos
enteramente de pinos, y en las inmediaciones húmedas se descubren betas de madera fosil
mas ó ménos penetrada betun, tomando en partes la consistencia, fractura y brillantez
del azabache. El peso es grande quando la madera abunda de cuerpos extraños, que son
tierras piritosas, y ocre amarillentos. Nada mas ofrece aquel suelo hasta la raya de Aragon
sino montes, barrancos, pinos y desiertos.
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La Tinença de Benifassà.
Desde Morella, se llega a la Tinença por la carretera N-232.
Tras pasar el puerto de Torre Miró, a la altura de Mas de Torre Miró, se
deja aquélla para circular por otra de carácter local que lleva a Herbeset, Castell
de Cabres y Boixar. Dejando la ruta principal, una carretera alcanza Coratxá. De
regreso, hacia el norte, están El Ballestar, Convento de Benifasar y Fredes
y, en dirección contraria, Pobla de Benifassà. La carretera lleva al embalse de Ulldecona, donde están las
áreas recreativas de Mangraner y Les Ombries, el molino del Abat y
las cuevas rupestres del Polvorín o de los Rosegadores. A ellas, se va por
un desvío asfaltado que nace medio kilómetro antes de la presa y que llega a una casa,
en cuyas cercanías se sitúan las grutas. Tras atravesar Sant Pere, la carretera corre paralela al río,
hasta llegar a La Senia. En este punto, la CS-130 alcanza Rosell y,
una pista de montaña, Bel e, incluso, Vallibona.
YANTAR
En Ballestar.-
Mesón Ballestar. Tel.- 977 72
91 00
Restaurante Font de Sant Pere. Tel.- 977 71 33 04.
En Fredes.-
Restaurante Colonia Europea. Tel.- 977 72 90 43.
Casa María. Tel.- 977 72 90 22.
En La Pobla de Benifassà.-
Restaurante La Morena. Tel.- 977 72 90 10.
En La Senia.-
Fonda-Restaurante Casa Manolo. Tel.- 964 71 33 38.
Restaurante Gran Sol. Tel.- 964 71 32 35.
Restaurante El Trull. Tel.- 964 71 33 02.
Restaurante La Clotada. Tel.- 964 57 06 12.
Comidas Gerema. Tel.- 964 57 50 29.
PERNOCTAR
En Boixar.-
Turismo Rural Joaquín Alemay. C/ La Abadía, 3. Tel.- 977 70 31
40.
En Castell de Cabres.-
Fonda Alfredo. Tel.- 964 75 30 11.
En Herbés.-
Mesón La Lonja. Tel.- 978 85 62 10.
En La Pobla de Benifassà.-
Hotel Tinença de Benifassà. C/ Mayor, 50. Tel.- 977 72 90
44/71 34 18.
Hostal-Restaurante Molí del Abad. Ctra. Pobla de Benifassà, s/n. Tel.- 977 71 34
18.
Hotel-Restaurante Molí del Abad II. Ctra. Pobla de Benifassà, s/n. Tel.- 977 72
90 82.
Fonda Benifassà. Tel.- 977 72 90 03.
Hotel Benifassà. Tel.- 977 72 90 10.
Turismo Rural José Antonio Centelles. C/ Del Río, 10. Tel.- 977 72 90 47.
En La Senia.-
Pensión Casa Manolo. C/ Barcelona, 3. Tel.- 977 71 33 38.
Oficina de Información Turística de Morella.
Plaza de San Miguel. Tel.- 964 17 30 32.
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(*) Antonio
José Cavanilles. Observaciones sobre la historia natural, geografía, agricultura,
población y frutos del Reyno de Valencia. 2 volúmenes. Madrid. Imprenta Real
1795-1797.
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