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La cultura es algo compartido por los miembros de una sociedad. En
este contexto, y en un sentido amplio, es un todo complejo que incluye conocimiento,
creencias, arte, moral, leyes, costumbres y cualquier otra aptitud o hábito adquirido por
el hombre como parte de dicha sociedad. Es un comportamiento simbólico adquirido y
compartido cuya función es ser guía de la acción colectiva e individual del ser humano.
Y es, también, un conjunto integrado de componentes interrelacionados entre los cuales se
encuentran los juegos y deportes tradicionales.
De forma general, la cultura, como
elemento generado por el ser humano, participa de los procesos de transmisión entre
individuos del mismo marco cultural integrando a sus miembros dentro de sí. Así, ocurre
cuando los niños intentan jugar con los materiales propios de los adultos, en su deseo de
cruzar la frontera que divide niñez de madurez.
Sobre ello, el mejor ejemplo corresponde al valor que tenía antaño la
posibilidad de que los jóvenes pudieran participar en un corro de lucha junto con los
mayores. Eran los más jóvenes los que desarrollaban los primeros combates,
permitiéndoles, en un futuro, aspirar a participar con los adultos más experimentados.
En este contexto, el juego desempeña el valor de conducir al ser humano hacia los
parámetros que caracterizan la vida de acción social del grupo humano sobre el que
desarrolla su vida.
A la par, de la misma forma que la cultura
se genera dentro de sí, existe transmisión en el contacto de diferentes grupos, lo que
suscita el intercambio y la modificación de las costumbres que caracterizan a cada
sociedad. Los juegos de bolos, por ejemplo, experimentaron, entre los siglos
XIII y XIV, una influencia del sur de Francia, hasta el punto que del francés bille
derivaron bitla y bidlla, con las que, posteriormente, se acuñó el
término birla, palabra que aún designa determinados juegos de bolos.
También tuvo influencia la llegada del caucho a Europa procedente de Iberoamérica,
pues revolucionó el material empleado en los juegos de pelota del siglo
XVIII, dando lugar a las actuales manifestaciones autóctonas.
Origen y evolución
Como causas originarias de los juegos y
deportes autóctonos presentes en Castilla y León se deben distinguir la
actividad económica o laboral; la acción bélico-militar y de supervivencia; y las
lúdico-festivas y religiosas. Las primeras son propias de la necesidad del hombre por
encontrar recursos naturales que le permitieran sobrevivir día a día. De ellas, surge,
entre otros,
la corta de troncos
de las provincias de Soria y de Segovia que combina la obtención de madera
para la construcción de muebles, casas y carbón, con la posibilidad de demostrar, ante
un posible desafío, quién es más hábil y diestro en el desarrollo de una faena
laboral. En el contexto de las segundas, se origina la utilización de la lucha para
salvaguardar a los colectivos humanos frente a las agresiones externas de su entorno y
surge una forma de demostrar la valía del sujeto mediante el dominio corporal del
adversario, significando, en la actualidad, el fenómeno deportivo de la lucha
leonesa.
Por último, las actividades lúdicas, recreativas o festivas han sido
una constante humana, apareciendo reflejadas en sus primeras manifestaciones culturales.
Al respecto, se deben mencionar algunas modalidades de los juegos de bolos,
que implican, simbólicamente, la representación de la lucha entre el bien y el mal. El
espíritu festivo y el afán competitivo del ser humano crean las condiciones para el
desafío y el reto. No hay duda de que muchos de estos juegos han tenido como base el
sentido lúdico que caracteriza al hombre, como por ejemplo la carrera de la rosca
que se disputaba en la leonesa Villacidayo, o el juego de la cucaña.
El marco en el que, predominantemente, se
han desarrollado y aún se practican estas actividades, aunque no de forma exclusiva, es
el rural. De forma general, se practican de forma local y se transmiten vía
intergeneracional, exigiendo aptitudes muy particulares que afectan a la condición
física de los sujetos, a la estrategia, a la suerte o a la combinación de estos tres
elementos.
Pero no han surgido tal y como se conocen actualmente, sino que han
experimentado un desarrollo a partir de una reglamentación sencilla, creada para matizar
y dar sentido a la lógica interna del juego. Esto permite que la normativa pueda
variar de una zona geográfica a otra y que los propios participantes puedan modificarla
por o mediante negociaciones y contratos, ya que los instrumentos y terrenos de juego no
estaban, en la mayoría de los casos, delimitados y estandarizados. La evolución, el paso
del tiempo y el mayor número de relaciones entre los individuos y entre las diversas
culturas han desembocado en la normalización estricta de las pautas externas
(reglamentación) que rigen la lógica interna del juego y que persiguen la
universalización de la actividad, fenómeno protagonista del deporte moderno y que
conlleva la unificación de normas, instrumentos y terrenos de juego. Igualmente, se
produce el cambio en las técnicas de ejecución que provocan la aparición, en la
actualidad, de una práctica sistemática de determinados aspectos para mejorar el
rendimiento.
De forma general, los deportes autóctonos en Castilla y León tienen una
reglamentación sencilla, en algunos casos, mínima, siendo antaño convenida de forma
oportuna en el momento del juego, lo que implicaba que éstos pudieran variar en gran
manera, en cuanto a materiales, lugares y normas, tal y como sucedñia entre los pastores
con la calva en Salamanca y Avila, donde utiliza como blanco
una pieza de madera, mientras que, en Zamora y Palencia, es el asta de una
res.
(*) Juan Carlos Martín Nicolás
es profesor de la asignatura Juegos y Deportes Populares del Instituto Nacional de
Ciencias de la Actividad Física y el Deporte (INCAFD)
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