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De viaje por...
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Rutas y Destinos por
Castilla La Mancha |
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Por Miguel Angel Larriba |
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En 1998, la
Biblioteca de Castilla-La Mancha, la segunda de España por número de fondos, abría sus
puertas en el emblemático edificio del Alcázar de Toledo, identificado ya como
auténtico centro cultural, imagen que une a su larga historia como fortaleza militar,
palacio, cárcel, casa de caridad, Academia de Infantería y museo.
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La
Biblioteca de Castilla-La Mancha constituye
el centro bibliográfico y cultural más importante de la región. Creada como tal centro
por la Ley 1/1989, de 4 de mayo, de Bibliotecas de Castilla-La Mancha, la
larga búsqueda de una solución a la Biblioteca Pública del Estado en Toledo,
centro que constituye la base inicial de la biblioteca regional, ha retrasado la puesta en
marcha de la que ya es cabecera de todo el sistema bibliotecario de esta comunidad
autónoma.
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Sin duda
alguna, la joya de esta biblioteca, que ocupa toda la planta segunda y los cuatro
torreones que flanquean el edificio, es la Colección Borbón-Lorenzana, que con 379
incunables, 101.140 libros impresos entre los siglos XVI al XIX y unos 1.000 manuscritos
de los siglos XI al XIX, confiere personalidad propia a este centro cultural
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Las obras realizadas en el Alcázar
de Toledo no sólo han permitido acoger el importantísimo tesoro
bibliográfico depositado en la Colección Borbón-Lorenzana, sino que,
además, hacen posible contar con una biblioteca que preste servicio a la sociedad
regional y, en particular, a la comunidad científica, pues sus colecciones patrimoniales
serán referencia obligada para investigadores en materias humanísticas y sociales de
todo el mundo.
Pero, además, la Biblioteca de Castilla-La Mancha,
constituye el centro de recursos bibliográficos e informativos más importante de la
región y, paralelamente, un foco de actividad cultural relacionado con la creación
literaria, la historia del libro y la reflexión científica en asuntos básicos para la
cultura y la sociedad.
En este proyecto el Gobierno de Castilla-La Mancha ha
invertido más de mil millones de pesetas --750 para obra civil y el resto para
equipamiento-- destinados a la adaptación de las estancias del Alcázar
a la biblioteca y cuyas obras de rehabilitación han sido dirigidas por el conocido
arquitecto José María Pérez, "Peridis".
La Colección Borbón-Lorenzana
Sin duda alguna, la joya de esta biblioteca, que ocupa toda la planta
segunda y los cuatro torreones que flanquean el edificio, es la Colección
Borbón-Lorenzana, que con 379 incunables, 101.140 libros impresos entre
los siglos XVI al XIX y unos 1.000 manuscritos de los siglos XI al XIX, confiere
personalidad propia a este centro cultural.
Una seña de identidad a la que también contribuirán
los 116.000 volúmenes de fondo moderno (96.000 en la sección general y 20.000 en la
infantil); la Colección Malagón Barceló (10.000 volúmenes); la Colección
Toledana (20.000 volúmenes de temática toledana o impresos en Toledo) y una
importante colección de publicaciones periódicas.
El espacio más significativo es la sala general de lectura que alberga
del orden de 70.000 libros, de libre acceso para los usuarios, perfectamente ordenados por
materias. Esta sala corresponde a la fachada principal del Alcázar que
fue diseñada por Diego de Covarrubias. Los laterales de la sala se
disponen en tres niveles --en altura-- para las estanterías, y en el suelo unas robustas
y funcionales mesas con la conveniente iluminación para la lectura.
Otro elemento destacado son los torreones. Los dos que flanquean la
fachada norte se han utilizado, uno para hemeroteca y otro para los procesos internos de
catalogación de fondos y control de adquisiciones. Los de la fachada sur se destinan, uno
a zona de encuentro y cafetería y otro para sala de reuniones y de exposiciones
temporales.
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Se han
invertido más de mil millones de pesetas -750 para obra civil y el resto para
equipamiento- destinados a la adaptación de las estancias del Alcázar a la biblioteca y
cuyas obras de rehabilitación han sido dirigidas por el conocido arquitecto José María
Pérez, "Peridis"
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Concebida de forma integral, de modo que desde todas las
salas de lectura sea posible acceder a la red informática de la biblioteca, a las bases
de datos en CD-ROM y a Internet, la Biblioteca
de Castilla-La Mancha se dirige a todo tipo de público, desde niños y jóvenes
hasta investigadores especializados.
Dispone de 5.000 metros cuadrados de superficie útil,
donde se sitúan las salas general de lectura, con una capacidad de 180 puestos, infantil
y juvenil (70 puestos), la sala Castilla-La Mancha (30 puestos) y Borbón-Lorenzana
(36 puestos). Además, cuenta con servicios de información general y bibliográfica, así
como espacios para conferencias, reuniones, exposiciones y actividades de diversa
naturaleza.
Junto a los servicios de hemeroteca, mediateca y reprografía, la Biblioteca
de Castilla-La Mancha posee una colección de unos 40.000 volúmenes destinada al
préstamo domiciliario de fondos modernos, libros que pueden permanecer en manos de los
interesados durante un período de quince días.
Todas las dependencias de la biblioteca abiertas al público, están
adaptadas para facilitar el acceso a personas con minusvalías, a través de ascensores,
rampas y elevadores de sillas de ruedas.
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La
azarosa vida
del Alcázar
de Toledo

El Alcázar
de Toledo es
un edificio
cargado de
historia.
Los primeros
usos
conocidos
del edificio
son
eminentemente
defensivos y
militares.
Se cree que
ya en época
romana hubo
aquí un
emplazamiento
que sería
luego
aprovechado
por los
visigodos.
También en
la etapa de
dominación
musulmana
(711-1085)
hubo en la
ciudad
varias
fortalezas
defensivas
siendo el
Al-Hizan o
Alfizén -lo
que después
iba a ser
conocido
como el
Alcázar- la
más
importante
de ellas,
por su
estratégica
ubicación.
Tras
el control
de la ciudad
por Alfonso
VI, el
Alcázar va
creciendo,
consolidando
su
estructura y
diversificando
sus
funciones,
asumiendo de
un lado las
propiamente
defensivas y
bélicas, y
de otro las
cortesanas o
palaciegas.
Estas
últimas se
acrecentarían
con el paso
del tiempo,
a medida que
la
reconquista
avanzaba
hacia el
Sur, y ya
con los
Reyes
Católicos,
que visitan
Toledo en
numerosas
ocasiones,
el Alcázar
es más una
palacio para
la monarquía
que una
fortaleza
militar. Sin
embargo en
la etapa
conflictiva
de la Guerra
de las
Comunidades
(1520-23) el
Alcázar
vuelve a
tornarse en
objeto de
disputa, y
es
controlado
en un primer
momento por
las fuerzas
leales a
Carlos I y
posteriormente
por los
comuneros.
Aplastada la
revuelta, el
emperador
propone un
nuevo
impulso para
el edificio
y llama para
su
construcción
a algunos de
los mejores
arquitectos
de la época:
el toledano
Alonso de
Covarrubias,
al que se le
encarga la
fachada
norte;
Villalpando
que
desarrolla
su trabajo
en el patio
central y en
las
escaleras y
Juan de
Herrera, ya
en época de
Felipe II,
que concibe
la fachada
sur e
introduce su
estilo en la
decoración
general del
edificio.
No
obstante
cuando este
último
monarca
decide, en
1561,
trasladar la
Corte a
Madrid, el
Alcázar
pierde su
función de
sede de la
Corte y
comienza una
larga etapa
de abandono
y progresiva
decadencia.
A mediados
del siglo
XVII sirve
como cárcel,
posteriormente
como cuartel
para la
caballería,
y más tarde,
residencia
de la madre
de Carlos
II, doña
Mariana de
Austria, y
la viuda de
este
monarca,
doña Mariana
de Neoburgo.
Durante la
guerra de
Sucesión, en
las primeras
décadas del
XVIII, es
convertido
de nuevo en
cuartel por
las tropas
del
archiduque
Carlos. En
1710 sufre
un
considerable
incendio,
que se
repetiría un
siglo
después.
Dada la
situación de
abandono y
la falta de
función del
edificio,
Carlos III
atiende la
petición del
cardenal
Lorenzana y
lo cede a
éste para
que se
instale allí
una Casa de
Caridad, en
la que se
proporcionó
el
aprendizaje
de un oficio
a varios de
centenares
de jóvenes y
adultos de
las clases
más
necesitadas;
se pusieron
en marcha
telares y se
aprovechó
para
reutilizar y
volver a
acondicionar
grandes
partes del
edificio.
Durante la
etapa de la
guerra de la
Independencia
el Alcázar
fue ocupado
por tropas
francesas,
momento en
que el
edificio
sufre un
nuevo
incendio
(1810).
A partir de
mediado el
siglo XIX
las fuerzas
vivas de la
ciudad
comienzan
sus
gestiones
para
conseguir
que se
utilice el
edifico como
sede de la
Academia de
Infantería,
pero las
obras no
comenzaron
hasta 1875,
culminando
en 1883.
Desgraciadamente
4 años más
tarde, en
1887, un
nuevo
incendio
afecta
gravemente
al edificio.
En
esa función
de Academia
de
Infantería
sobreviene
la Guerra
Civil y el
dramático
episodio del
asedio y
defensa del
Alcázar, que
provocó una
nueva
destrucción,
esta vez
casi
completa,
del
edificio,
cuya
reconstrucción
se culminó
en 1961,
ubicándose
en él un
pequeño
Museo del
Asedio y
algunas
oficinas
militares.
El proceso
de creación
de la
Biblioteca
de
Castilla-La
Mancha en el
Alcázar se
inició en
septiembre
de 1986,
fecha en la
que el
entonces
ministro de
Defensa,
Narcís
Serra,
transfirió a
la Junta de
Comunidades
una parte
del edificio
para usos
culturales.
En 1989, las
Cortes
regionales
aprobaron la
Ley de
Bibliotecas
de
Castilla-La
Mancha que
incluía en
dos de sus
artículos
las
funciones de
la futura
Biblioteca
regional.
Otros dos
acuerdos
firmados por
el
presidente
de la
región, José
Bono, y los
ministerios
de Cultura
(1990) y
Defensa
(1991)
significaron
el paso
definitivo
para la
instalación
de los
fondos de la
Biblioteca
Pública de
Toledo en el
Alcázar,
cuyas obras
de
acondicionamiento
fueron
adjudicadas
en 1994 y
concluidas
cuatro años
después, en
1998.
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