Este párrafo final del
artículo "La Cueva de Píñar", escrito por Francisco de Paula
Montells y Nadal y publicado en la revista "La Alhambra" en el año
1841, pone de manifiesto el interés de las personas ilustradas de la época en la
preservación y difusión del patrimonio cultural. Por desgracia, la grosera mano de la
ignorancia y la codicia de buscadores clandestinos sin escrúpulos dejaron su huella a
lo largo de más de siglo y medio hasta que, de nuevo, el patrimonio cultural ha vuelto a
ser valorado y protegido.
En 1850, Pascual
Madoz, en su
Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico, al referirse al término municipal de
Píñar, menciona que "hay una cueva de gran magnitud y caprichosos adornos
cristalinos que admiran los viajeros". Aunque no especifica ningún nombre, sin duda
alguna se está refiriendo a la Cueva de las Ventanas. Posteriormente, en 1896, Puig y
Larraz, al describir las cavidades de la comarca de Iznalloz, escribe: "Cueva de
Píñar. Caverna de grandes dimensiones y muy vistosa por las numerosas estalactitas que
contiene"
El municipio de Píñar se encuentra
en la llamada comarca de los Montes Orientales, en la provincia de Granada.
Esta zona cuenta con un total de treinta y tres núcleos de población, agrupados en
veintidós municipios, con una superficie total de 1.561 kilómetros cuadrados.
Geográficamente, ocupa una larga y estrecha franja situada en el centro-norte de la
provincia granadina, en el límite con Jaén y encaramada en la ladera meridional
de las serranías subbéticas. Sus rasgos geológicos la configuran como una unidad bien
diferenciada en la que predomina un paisaje suave, presentando una llanura levemente
ondulada, aunque, en la zona más oriental, hay una serie de elevaciones que sobrepasan
los 1.300 metros de altitud. La altura media de los núcleos de población se sitúa por
encima de los novecientos metros, disfrutando de un clima continental con matices
mediterráneos, con inviernos largos y fríos y una época estival corta, cálida y seca.
El cultivo de cereales y girasol, junto al importante olivar, principal recurso económico
de la zona, caracterizan el paisaje.
El pueblo de Píñar se asienta al
pie de la última estribación montañosa de Sierra Arana. Coronando el más
elevado escarpe rocoso y visible desde una gran distancia se alza el castillo árabe,
construido en un punto estratégico para el control de las rutas de comunicación y
defensa de las fronteras. En la serranía, se localizan numerosas cuevas y simas,
destacando por su importancia para el estudio de los períodos Paleolítico y Neolítico,
la Cueva de Carigüela que se abre en el mismo farallón rocoso que la de Las
Ventanas y de la que dista, aproximadamente, unos quinientos metros.
De hecho, ya en 1850, Pascual Madoz, en su Diccionario
Geográfico-Estadístico-Histórico, al referirse al término municipal de Píñar,
menciona que "hay una cueva de gran magnitud y caprichosos adornos cristalinos que
admiran los viajeros". Aunque no especifica ningún nombre, sin duda
alguna se está refiriendo a la Cueva de las Ventanas. Posteriormente, en
1896, Puig y Larraz, al describir las cavidades de la comarca de Iznalloz,
escribe: "Cueva de Píñar. Caverna de grandes dimensiones y muy vistosa por las
numerosas estalactitas que contiene".
Unas y otras provocaron que, durante la primera mitad
del siglo XX, la comarca de los Montes Orientales fuera visitada por grandes
estudiosos de la prehistoria europea atraídas por la abundancia e importancia de los
yacimientos paleolíticos. Así, el prehistoriador austriaco Hugo Obermaier, en
1916, además de sobre otros numerosos yacimientos, habla de la Cueva de las
Ventanas refiriendo que, según las gentes del lugar, apareció en su interior un
cementerio neolítico que había sido destruido y saqueado hacía muchos años. Él, por
su parte, no encontró indicio alguno de restos paleolíticos.
También, en 1954, el arqueólogo suizo J.
Ch. Spahni realizó una visita de exploración, solicitando un permiso de excavación
que le fue concedido ese mismo año. Sin embargo, al no encontrar los restos paleolíticos
que buscaba, abandonó la Cueva de las Ventanas e inició excavaciones en la
próxima de Carigüela. A los trabajos de Spahni en esta última, que
incluyen el hallazgo de restos óseos del hombre de Neandhertal, siguieron los de
numerosos investigadores tanto españoles como extranjeros (M. Pellicer, H.T.
Irwin, M. Almagro, G. Vega) hasta llegar a la actualidad. Quizás sea, en este
momento, cuando, debido a la importancia como yacimiento arqueológico y riqueza de
materiales de la Cueva de Carigüela, la de Las Ventanas pasó
a un segundo plano, siendo catalogada por los especialistas como una gruta en la que
aparecían fragmentos cerámicos atribuibles al Neolítico. De este modo, la
cavidad quedó durante muchos años como lugar de excursión y de exploraciones
subterráneas dirigidas por grupos de espeleología. Por desgracia, los buscadores
clandestinos y otras visitas incontroladas contribuyeron tanto al deterioro de la cavidad
como al expolio sistemático de su riqueza arqueológica.
De modo puntual, hallazgos aislados, como el caso de un
tesorillo de monedas musulmanas de oro y plata encontrado dentro de la cueva en 1970,
mantuvieron el interés tanto de especialistas como de buscadores clandestinos. Sin
embargo, no fue hasta 1994 cuando la Delegación Provincial de Cultura de la Junta
de Andalucía decidió cerrar la cavidad para preservar tanto los restos
arqueológicos que todavía pudiera albergar como las pinturas rupestres aparecidas muy
cerca de la entrada. Y, a finales de 1996, por iniciativa del ayuntamiento de Píñar,
y con la colaboración de la Diputación Provincial de Granada, el INEM y la
Junta de Andalucía, se comenzaron los trabajos tendentes a preservar la riqueza
arqueológica de la Cueva de las Ventanas y a convertirla en la primera
cavidad visitable de la provincia.
De sala en sala
La Cueva de las Ventanas, también conocida como Ventanilla
y Cueva de la Campana, recibe su nombre por presentar tres bocas de acceso.
Se localiza al este del pueblo de Píñar, a unos quinientos metros por la
carretera que, atravesando el municipio, lleva a la pedanía de Bogarre, a una
altitud media de mil metros sobre el nivel del mar (desarrollo de 1.040 metros; desnivel
de ± 37,5 metros; y temperatura media de 13,1 grados). Su formación geológica se debe a
una diaclasa que corre en dirección norte-sur. El agua ha jugado un importante papel en
su formación y son evidentes los indicios de frecuentes reactivaciones hídricas que, en
lo concerniente al hombre prehistórico, debieron de condicionar de forma importante su
utilización.
Una vez en el interior, se encuentra una gran sala casi horizontal que,
a unos cuarenta metros de la entrada, se bifurca en dos galerías. La de la izquierda va
estrechándose progresivamente hasta llegar a El Pasillo, una zona angosta
de unos treinta metros de longitud que comunica la sala anterior con la de Los
Desprendimientos, así denominada por estar el piso parcialmente cubierto por un
caos de bloques caídos. En la parte oeste, aparecen las primeras estalagmitas y coladas,
observándose, en una de ellas, los únicos ejemplos de gours escalonados de la
cavidad. A partir de aquí, la gruta continúa por la Gran Sima, un pozo de
veinte metros de profundidad que da acceso a la Sala del Tesoro, en
dirección suroeste. A partir de este punto, siguen pasos relativamente estrechos y salas
no exploradas arqueológicamente, algunas de grandes dimensiones, como la Sala del
Barro, la del Tobogán, la del Belén,
la de los Murciélagos
La Sala de los Desprendimientos
conecta, hacia el oeste, con la galería Gruyere que, siguiendo otra
dirección, retorna a la bifurcación de la sala de entrada.
Contando con estas características, se ha pretendido habilitar un
recorrido de unos quinientos metros que, dada la escasa pendiente, se encuentra
prácticamente libre de desniveles, salvo en los tramos en los que se hace indispensable
la colocación de estructuras metálicas. De este modo, los caminos están perfectamente
consolidados e iluminados, pudiendo realizarse un circuito subterráneo de gran interés y
libre de posibles peligros.
El yacimiento arqueológico
El seguimiento arqueológico ha reforzado la hipótesis
de partida de la gran importancia que esta cueva posee como yacimiento y lugar de
ocupación del hombre prehistórico. Los materiales recuperados, tanto por la cantidad
como por la calidad, han demandado para su estudio la formación de un equipo de
investigación compuesto por más de treinta personas entre estudiantes e investigadores
de distintas universidades españolas. No es difícil presumir que, dada su importancia,
las investigaciones aún en curso permitirán considerar este yacimiento como clave para
el estudio de la Prehistoria de la provincia y del sur peninsular. En cualquier
caso, los primeros datos permiten deducir una primera ocupación realizada por parte de
grandes carnívoros cuaternarios y, una posterior y prácticamente
ininterrumpida, por el
hombre desde el Paleolítico Superior hasta la actualidad.
En el primero de los casos, se ha determinado la
presencia de restos paleontológicos pertenecientes a oso y a hiena. Los restos óseos
recuperados de esta última especie, que podrían representar a un número mínimo de
cinco individuos de diferentes edades, poseen una relevancia especial pues están
acompañados por abundante material de las presas y carroñas que aportaban a la cueva
(caballo, ciervo, toro salvaje) y por un elevado número entre mil y dos mil - de
coprolitos (excrementos fósiles). Este último dato permite afirmar, sin lugar a dudas,
que existía un cubil de hienas dentro de la cavidad, hallazgo de gran importancia porque
su análisis permite el conocimiento de los períodos de ocupación por medio de
dataciones; el ecosistema existente en la época gracias a la analítica del polen
presente en los coprolitos y la determinación de la especie concreta de hiena que ocupó
la cueva. Del mismo modo, por el momento, no parece existir en la Península Ibérica
otro yacimiento con un número tan elevado de coprolitos de hiena.
En lo referente a la ocupación humana,
puede afirmarse, contrariamente a las teorías mantenidas hasta ahora, que su ocupación
pudo iniciarse durante el Paleolítico Superior según indica el material lítico
hallado y analizado. Posteriormente, la cueva estuvo ocupada durante todo el período Neolítico
(5.000 a 3.000 a. C. aproximadamente), habiéndose recuperado gran cantidad de material de
esa época (cerámicas decoradas, punzones, brazaletes, cuentas de collar, etc.), muy
similares a los procedentes de la excavación de la Cueva de Carigüela. De
la Edad del Cobre, la cantidad de material recuperado en el interior de la gruta es
sensiblemente menor, debido principalmente al hecho de que, en ese momento, la vida se
realizó al aire libre y el verdadero yacimiento se encuentra frente a la entrada de la
cueva. Por el contrario, la Edad del Bronce volvió a significar una importante
utilización de la cavidad como lugar de enterramiento y otras actividades relacionadas
con el ganado.
A partir de época histórica, parece que la cueva pierde su carácter
funerario, ya que, aunque existe presencia de material hispano-romano (cerámica pintada y
estampillada, terra sigillata, tégulas, lucerna), éste no permite saber, por el
momento, con qué motivo se utilizó la cavidad. Mientras que las cerámicas medievales,
recuperadas en gran cantidad, indican una utilización de la gruta desde época califal
(siglos IX-X) hasta el final del reino nazarí de Granada (siglo XV), con una
importante presencia de restos almohades. En este caso, su utilización podría
fundamentarse en dos aspectos: de un lado, guardar el ganado y, de otro, como lugar de
refugio en momentos de conflictos sociales y militares. Esto último se puede deducir
tanto por el hallazgo de un tesorillo de monedas como por la aparición de cerámicas de
mesa de calidad en un lugar tan inusual.
Por último, se debe referir un dato que parece primordial. La recuperación
de una ingente cantidad de material óseo procedente de los expolios efectuados sobre los
enterramientos que el hombre prehistórico efectuó en el interior de la cueva y que, en
el estado actual de las investigaciones, se puede calcular en un número comprendido entre
ciento cincuenta y doscientos individuos, podría indicar la función más importante a
que se dedicó la cavidad al menos durante toda la Prehistoria. Lamentablemente, la
sistemática acción de expoliadores ha impedido la asignación correcta de este material
a la época en la que se produjeron las inhumaciones, así como la posibilidad de conocer
los ajuares que las acompañaban. Sin embargo, aún quedaban algunos restos in situ,
lo que ha permitido excavar correctamente dos sepulturas originarias de la Edad del
Bronce cuya información ayudará a clarificar el panorama existente. En resumen, la Cueva
de las Ventanas pudo tener durante la Prehistoria dos usos fundamentales:
de una parte, como lugar de hábitat, concentrado en las zonas más próximas a la entrada
cuando las condiciones del interior lo permitieran y, de otro, como lugar de enterramiento
que ocupó zonas más profundas donde no llega la luz del día.
Con esta ingente cantidad de material arqueológico y la información
que puede proporcionar sobre el modo de vida del hombre prehistórico, unido todo ello a
las buenas condiciones que posee la cueva como escenario natural, se están realizando
reproducciones fidedignas de lo que pudo ser el modo de vida y el ritual funerario del
hombre en la Cueva de las Ventanas a lo largo de la Prehistoria, sin
olvidar los otros moradores citados (osos, hienas). Un grupo de especialistas en la
materia está montando escenografías a tamaño natural de distintos episodios y en
diversos escenarios que recreen e ilustren todo aquello que la visita a la cueva puede
ofrecer al visitante.
*José A. Riquelme Cantal es profesor de
arqueología y director de excavación de la Cueva de las Ventanas en Píñar (Granada).