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A
principios de la década
de los ochenta, España, al igual que los países de su entorno, inició diversos
programas de investigación en el Continente Antártico, lugar atrayente para la
mirada científica tanto por su lejanía física como por el tradicional desconocimiento
de los procesos naturales que allí se producen. En este sentido, los primeros intentos de
investigación abordaron, fundamentalmente, materias de oceanografía y de biología
marina y determinaron, en 1987, la instalación, en Isla Livingston, de la Base
Antártica Española (BAE) Juan Carlos I y la puesta en marcha del
Programa Nacional de Investigación en la Antártida, enmarcado dentro del Plan
Nacional de Investigación + Desarrollo (I+D). El esfuerzo se vio recompensado, en
1988, con la admisión de España como Miembro Consultivo del Tratado Antártico,
pasando a ocupar, en 1990, plaza con pleno derecho en el Scientific Committee on
Antarctic Research (SCAR).
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Los primeros intentos de investigación abordaron,
fundamentalmente, materias de oceanografía y de biología marina y determinaron, en 1987,
la instalación, en Isla Livingston, de la Base Antártica Española
(BAE) Juan
Carlos I |
No obstante, las investigaciones oceanográficas
tuvieron su mayor impulso con la botadura, en 1991, del Buque de Investigación
Oceanográfica (BIO) Hespérides. La nave, dependiente de la Armada
que se encarga de cubrir su dotación (58 tripulante, incluidos un médico y dos buzos,
necesarios para ciertos proyectos científicos), mide 82,5 metros de eslora y 14,3 de
manga. En total, desplaza dos mil setecientas toneladas, llegando a alcanzar una velocidad
máxima de quince nudos, aunque, debido a su función investigadora, puede desarrollar una
navegación muy lenta, de tan solo cuatro nudos, indispensable para la toma de datos o
muestras de aguas y de fondo. Asimismo, dispone de una autonomía de doce mil millas,
pensada para superar el aislamiento geográfico de los mares antárticos, y puede romper
hielos de hasta cuarenta centímetros de espesor.
El equipamiento del Hespérides está diseñado,
fundamentalmente, para recoger, almacenar y procesar información de utilidad científica.
Dentro de este concepto, la posición del buque adquiere una importancia esencial, pues
sólo conociendo con la mayor exactitud posible la situación del barco es posible situar
geográficamente todas las observaciones y los datos recogidos. Por ello, el sistema de
navegación permite determinar con precisión la ubicación de la nave en cada instante y,
además, posibilita una navegación muy lenta y una maniobrabilidad muy precisa. En esos
momentos, un avanzado sistema de posicionamiento dinámico, formado por una hélice
transversal en proa y la propulsión diesel-eléctrica principal actuando sobre los
timones tipo Schilling, asume las tareas de gobierno de la embarcación
durante la prospección, coordinando los diversos elementos para permanecer en una
posición geográfica con exactitud y mantener una derrota o un rumbo.
Capaz de alojar hasta treinta investigadores, el Hespérides
cuenta con instalaciones científicas preparadas para desarrollar estudios de
oceanografía física, química y biológica, geofísica, geología marina y
meteorología. Los laboratorios permiten el estudio y el tratamiento a bordo de las
muestras, cuyos datos se procesan en un ordenador central, al que se accede desde otras
terminales instaladas en los distintos laboratorios. Entre estos últimos, destaca uno
equipado para el trabajo con isótopos radiactivos, empleados para el estudio de la
productividad marina, y un laboratorio isotérmico que permite mantener una temperatura
constante para trabajos especiales sobre fisiología y metabolismo de organismos marinos.
El estudio de la naturaleza y composición de los fondos marinos se
lleva a cabo mediante un equipo de sísmica de reflexión de multicanal, que consiste en
el lanzamiento de ondas acústicas que se reflejan en las estructuras del fondo y son
captadas por hidrófonos situados en el barco. También destaca el sistema de sondas
multihaz que, instaladas en el casco, permiten el levantamiento de cartas barimétricas (levantamientos
hidrográficos) del fondo marino sobre el que se esté navegando. Este equipo puede
trabajar hasta una profundidad de doce mil metros y la anchura de la franja cartografiada
es entre dos y ocho veces la profundidad.
Pero no todos los equipos del Hespérides se destinan a
la investigación. El buque también está adaptado para cumplir las normativas más
rigurosas que supone la navegación en la Antártida. Así, por ejemplo, respetando
las disposiciones del artículo 10 del Anexo IV del Protocolo de Madrid
sobre "Prevención de la Contaminación Marina", el buque dispone
de equipos para la incineración controlada de lodos y aceite sucio, para tratar las aguas
aceitosas con el separador de aguas de sentinas y para triturar los restos de comida y
descargarlos en el mar. Además, la basura no orgánica es compactada, almacenada en cajas
especiales a bordo y evacuada al continente, ya sea en Punta Arenas o en Usuhaia
y un tanque de doscientos litros recoge las aguas procedentes del laboratorio radiactivo.
A este tanque, se le cierra la descarga al entrar en la zona de aplicación del Tratado
Antártico y se lleva un riguroso control de las cantidades que son arrojadas en su
interior. Una vez fuera del territorio antártico, se vacía y se lava con agua salada.
Apretado calendario
Los trabajos del Hespérides no se limitan a la
investigación en la Antártida, pues también lleva a cabo distintas campañas de
investigación marina en mares más cálidos. Entre otros, ha visitado el Mar de
Cortés, en el Golfo de California, o el Caribe, y ha desarrollado la
campaña de la Zona Económica Exclusiva (ZEE) nacional colaborando con el Instituto
Hidrográfico de la Marina-Instituto Español de Oceanografía.
Con el objeto de dotar a la embarcación de un completo programa de
investigación, se realizan convocatorias públicas de concesión de ayudas o subvenciones
destinadas a cumplir los objetivos contenidos en el Plan Nacional de Investigación
Científica y Desarrollo Tecnológico. Dichas propuestas son evaluadas por pares
externos, consideradas por la Comisión de Gestión del BIO Hespérides y
seleccionadas de acuerdo con los tiempos operativos del buque, la óptima utilización de
sus instalaciones científico-técnicas y su integración en programas internacionales. La
Comisión de Gestión del BIO Hespérides tiene carácter interministerial y su
constitución y responsabilidades vienen determinadas por acuerdos de Consejo de
Ministros de 29/07/88 y de 2/22/90 y Orden Ministerial de 30/11/90.
Entre los proyectos nacionales y las colaboraciones internacionales, el
Hespérides desarrolla, anualmente, un amplio y apretado calendario de
campaña que le ocupa, generalmente, 285 días por año, mientras que permanece en puerto
disponible operativo veinte días por año y tan sólo sesenta días no disponible en
puerto. La primera campana del buque tuvo lugar durante el verano austral de 1991/92.
Desde entonces, los proyectos se han ido ampliando progresivamente. La última campaña,
entre septiembre de 1997 y agosto de 1998, se ha desarrollado en diversos lugares como el Atlántico,
las Barbados, Venezuela, el norte de Brasil o el Mediterráneo,
combinando los proyectos nacionales con las colaboraciones internacionales.

Las investigaciones han tratado temas muy diversos. Entre ellos, la
influencia sobre los recursos pesqueros de las aguas cálidas del Mediterráneo en
las más frías de las Islas Canarias; la geología marina entre Venezuela y
el norte de Brasil, donde se encuentran algunos de los principales valles
submarinos del mundo (Cañón Ecuatorial, Valle del Vidal); la cartografía de la
plataforma continental en Uruguay; el estudio multidisciplinar MATER (Mass
transfer and ecosystem response) de la Unión Europea de los procesos
hidrológicos y biogeoquímicos del Mar de Alborán; la localización vía
satélite y muestreo de una de las inestabilidades de la Corriente Argelina
compuesta por el agua superficial del Atlántico que entra por Gibraltar y,
menos densa y salada que la del Mediterráneo, circula en chorro a lo largo de la
costa de Africa, y la cuantificación de los aspectos oceanográficos más
relevantes en la región de Canarias a Azores y el Mar de Alborán,
dentro del proyecto europeo CANIGO (Canary islands-Azores Gibraltar Observations).
Finalmente, el 25 de noviembre, se inició la campaña antártica con
la arribada a Punta Arenas (Chile), donde embarcó el personal de la Base Juan
Carlos I y del Refugio Gabriel de Castilla, del Ministerio de
Defensa, para la apertura de ambas instalaciones. El 3 de diciembre de 1997 se abordó
la tercera campaña oceanográfica, de veinticinco días de trabajo efectivo, titulada "Geodinámica
del límite de placas y procesos de construcción de márgenes de altas latitudes:
Península Antártica Septentrional", bajo la dirección de Andrés Maldonado,
investigador del Instituto Andaluz de Ciencias de la Tierra de Granada.
Así, se efectuaron prospecciones de geología y geofísica marinas en diversas áreas del
Estrecho de Drake, que separa el continente sudamericano del antártico, y
cerca del Estrecho de Bransfiels y el Mar de Scotia para determinar la
estructura y dinámica de la zona de unión triple de las placas tectónicas Antártica/Scotia/Phoenix,
con la intención de poder establecer teorías generales sobre la evolución de la corteza
terrestre, la formación de los mares, la evolución de los continentes, etc.
El 3 de enero de 1998, el Hespérides regresó al continente
para relevar al personal de las bases, iniciando el día 14, la última campaña
oceanográfica, denominada "Oceanografía física y productividad en la
confluencia Weddel-Scotia: contribución española al proyecto internacional
DOVETAIL", dirigido por Marc A. García, de la Universidad Politécnica
de Cataluña. Enmarcado en los proyectos internacionales JGOFS (Joint Global
Ocean Flux Study) y DOVETAIL (Deep Ocean Ventilation Through Antarctica
Intermediate Layers), con los que se pretende, primero, evaluar las magnitudes de los
flujos de carbono en el océano Austral para poder predecir los efectos del cambio
climático global y, en segundo lugar, estudiar los procesos oceanográficos en las
confluencias de los mares Weddel y Scotia, al norte de la Antártida,
decisivos en los transportes de aguas frías antárticas al océano global que influyen
decisivamente sobre los recursos biológicos y el clima en, prácticamente, toda la Tierra.
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