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El Neolítico aportó progresos esenciales en la
economía del hombre primitivo y sentó las bases de la civilización actual. El
desarrollo de la agricultura y de la ganadería aseguró la subsistencia de unas
sociedades reducidas, dependientes de la caza y de la recolección de los frutos nacidos
espontáneamente, y, por ende, permitió organizar reservas de alimentos y crear pueblos
más amplios. La vida se hizo más estable, lo que, por otro lado, permitió desarrollar
nuevas técnicas y favoreció el progreso y las innovaciones culturales. Fue, en esos
momentos, cuando se descubrió el pulimento de la piedra y la cocción de la arcilla para
la fabricación de recipientes. Y no tardaron en emplearse los primeros metales que
pusieron punto y final a la Edad de Piedra.
Todos estos
avances propiciaron, al tiempo, el establecimiento de nuevas
formas de organización
social, de religión e, incluso, de enterramiento. El hombre se especializó en recolectar
determinadas especies animales y vegetales y practicó su cuidado, su cultivo y su
crianza. Cambios cuyo origen pueden situarse en el Extremo
Oriente, en la zona que abarca desde Irán
hasta los Balcanes, debido a que, allí, las
condiciones climatológicas y biológicas favorecieron el inicio de la agricultura y la
ganadería hace, aproximadamente, unos diez mil años. Mas, las nuevas ténicas no
tardaron en propagarse por los caminos naturales, como el Mediterráneo, por donde llegaron a España.
Pero los cambios no sólo afectaron a
la forma de vida, sino también al modo en el cual se expresaban estos pueblos. Con el Neolítico, no sólo nació la agricultura y la
ganadería, sino también una nueva forma de arte que superó los anteriores y que se
caracteriza por su esquematismo.
Arte
peninsular
El arte esquemático es una de las
manifestaciones más peculiares de la Península Ibérica, aunque su cronología es muy
variada y oscila, dependiendo de las regiones, desde el III milenio a.C. hasta el Bronce
final, ya en el último milenio a.C. para sus últimas manifestaciones. Se formó en
relación con la aparición de las culturas de los nuevos metalúrgicos y se difundió por
regiones montañosas, metalúrgicas y pastoriles, donde han aparecido enterramientos
colectivos de tipo dolménico. También se relaciona con el arte rupestre levantino, del
cual es posible que derive, pues utiliza el mismo tipo de pintura, semejantes técnicas e,
incluso, a veces, abrigos y covachos. Sin embargo, parece posterior, porque refleja una
mentalidad diferente, tanto desde el punto de vista artístico como por revelar la llegada
de nuevos elementos culturales. De hecho, este arte muestra ideas estéticas muy
diferentes a los estilos eminentemente naturalistas del arte levantino.
Así, los motivos de las
representaciones son muy estilizados y se conciben de un modo conceptual. Mas, a pesar de
su simbolismo, son testimonio de la vida, costumbres e ideología de las gentes que lo
crearon, pues no es difícil ver en las más diversas escenas, desde la diosa de los Ojos hasta la domesticación de
animales, cacerías, etc. En el caso de las paredes pintadas de la vertiente septentrional
de Sierra Morena se han registrado 2.115 figuras, distinguiéndose nueve categorías
formales, cada una de las cuales incluye varios grupos con 31 formas primarias. Así, se
pueden reconocer 233 motivos o tipos diferentes, siendo los antropomorfos las figuras más
habituales, seguidas de las barras.
El arte esquemático de Fuencaliente
corresponde a una etapa que comienza en el Calcolítico y que se desarrolla a lo largo de
la Edad del Bronce, tal y como se deduce del yacimiento de la Sierra de las
Oyuelas, donde
se recogieron fragmentos de recipientes con bordes engrosados o almendrados, de superficie
alisada o casi bruñida en su interior y alisada o espetulada por fuera. Y, aunque Lope de
Vega las refiere en Las Batuecas del Duque de
Alba, es, en 1783, cuando Francisco José López de Cárdenas, párroco de
Montoro (Cordoba), descubrió las pinturas de Peña
Escrita y La Batanera, en
Fuencaliente,
mientras recogía minerales y otras antigüedades por orden del conde de
Floridablanca.
Sin embargo, el hallazgo permaneció inédito hasta casi un siglo más tarde, cuando
Manuel de Góngora publicó en su libro
Antigüedades prehistóricas de Andalucía (1868) unos bocetos de las
pinturas. De poco sirvió, pues pasaron otros cincuenta años hasta que el descubrimiento
de las pinturas de Cogul (1907) llamó la
atención de los prehistoriadores sobre el Arte
Rupestre Esquemático. A partir de esa fecha, despertó el interés de investigadores
españoles y extranjeros, como Cabré, Hernández Pacheco, Breuil y
Obermaier, quienes
recorrieron estas sierras calcando y estudiando multitud de abrigos y
covachos.
No obstante, y a pesar de esfuerzos
posteriores, es posible afirmar que, de las distintas manifestaciones artísticas
prehistóricas de la Península Ibérica, el Arte
Esquemático ha sido el menos estudiado y el que más atrasado se encuentra. Abandono
acaso achacable a su tendencia esquematizante, simbólica y de difícil interpretación,
en comparación con los otros dos gandes ciclos artísticos de la prehistoria española,
como son el Arte Paleolítico de Cantabria y el Arte Levantino.
En cualquier caso, los ejemplos encontrados en Fuencaliente responden a
ciertas pautas
comunes. En primer lugar, se encuentran únicamente en formaciones cuarcíticas y de tres
formas distintas: paredes verticales; grietas más o menos profundas, pero siempre en
contacto con la luz (reciben el nombre de cuevas o covatillas) y pequeños abrigos
formados por la inclinación de la cuarcita que posibilita un espacio protegido de las
inclemencias del tiempo, como el Morrón del Pino.
El lugar elegido es también variado, desde zonas hundidas con muy poca visibilidad, como La Batanera, a yacimientos desde los que se ve un
amplio y extenso panorama.
Destaca
que la técnica es casi exclusivamente pictórica, pues no se ha descubierto en la región
ningún caso de grabado o incisión. La técnica es siempre uniforme, limitada a tintas
planas, y apareciendo escasos ejemplos de grafiteados y un solo ejemplo de técnica
puntillista o punteada: el originalísimo antropomorfo de
El Navajo.
El color predominante es el rojo en sus múltiples y variadas gamas, existiendo sólo dos
figuras representadas en negro y ninguna en blanco. Se debe tener en cuenta que esta
pintura está expuesta a cualquier tipo de inclemencia, sin ninguna clase de protección,
por lo que ha sufrido cambios radicales en cuanto a la intensidad de su color primario.
Entre los temas más representados
destaca, tanto por abundancia como por su variedad, la figura antropomorfa, seguida, en
segundo lugar, del complejo y oscuro mundo de las barras. Después, se encuentran las
figuras compuestas por uno, dos o tres triángulos, que corresponde a los llamados motivos
o ídolos unitriangulares, bitriangulares y tritriangulares.
No obstante, se pueden distinguir
otros motivos como las figuras cuadrangulares que comprenden a los tectiformes,
escaleriformes, estructuras, etc. y, en menor proporción, las figuras circulares, las
agrupaciones de puntos y los llamados ídolos
oculados. Por último, están los zoomorfos, que, comúnmente, corresponden a
cuadrúpedos. Estos suelen aparecer aislados y aluden a animales salvajes, siendo los más
abundantes los cérvidos, seguidos de los cápridos. Señalar que ambos animales todavía
están presentes en los parajes donde se localizan las pinturas y debieron de constituir
una parte importante de la base económica de estas gentes.
Por
último, referir que los distintos autores que han estudiado la pintura esquemática han
intentado dar un significado a este tipo de arte. Obermaier quiso ver un culto a los
antepasados. Significación posteriormente ampliada y compartida por Breuil, Cabré y
Hernández Pacheco que defendieron que éstos eran lugares sagrados donde se celebraban
ceremonias matrimoniales y funerarias. Luego, Almagro Basch, buscando los orígenes
orientales de gran parte de los motivos, afirmó que el sentido conceptual y simbólico de
las pinturas pudiera corresponder a un arte ideográfico y, por consiguiente, a una
escritura pictográfica.
Las
cumbres de Fuencaliente
Fuencaliente
es el último pueblo, por el sur, de Campo de Calatrava, que, geográficamente, ocupa la
subzona regional de Sierra Morena, en un nudo montañoso donde se encuentran las más
altas cumbres de la sierra. Entre ellas, hay estrechos valles por los que corren diversos
cauces, que van, mayormente, al Yeguas. El nombre es una evolución del de los Baños de la Fuen Calda, el cual aparece entre los
datos de la reconquista, en el siglo XII, como lugar de la batalla entre los moros y la
caballería de la Orden, mandada por el maestre Siones, posiblemente en 1175.
Mas, los vestigios de primitivas
civilizaciones son abundantes, aunque suele calificarse a la zona como lo más intrincado
de Sierra Morena, concepto que aparece en El
Quijote. No obstante, Sierra Morena ha sido una zona permeable a las distintas
civilizaciones, pues hay constancia de labores mineras anterior a la conquista romana,
aunque fueron éstos los que la dieron importancia, cuando el emperador Tiberio confiscó
las minas de Seto Mario para ser administradas por un
Procurator Montis Mariani, que, además, dio tal nombre a estas montañas.
El tiempo hizo crecer el pueblo, el
santuario y la economía de estas gentes. Por ejemplo, en las aguas del Jándula, afluente
del Guadalquivir, hubo apreciable número de molinos y batanes, de poco tamaño, que han
dado nombre a alguna de estas corrientes e, incluso, a un grupo de pinturas rupestres.
Aunque la reconquista unió la vida de la villa y del santuario, aumentado con el
privilegio del maestre Muñiquote en 1369, que tiene carácter de fundación del Priorato
y de Fuero de Población.
Fuencaliente tiene en Ventillas una
aldea aneja, a 18 kms, a orillas del río de su nombre, uno de los que forman el
Jándula,
en un valle separado y distinto del de Fuencaliente, que ya se nombra en 1482, declarando
estar exenta de pagar la tercia arzobispal.
Enclaves
pictóricoss.
Aunque son abundantes los sitios donde
se pueden encontrar pinturas rupestres en Fuencaliente, tan sólo es posible llegar
cómodamente a los de Piedra Escrita y La Batanera, convenientemente señalizados y
protegidos. El resto, distribuidos por la sierra, no cuentan con indicaciones, por lo que
no es conveniente llegar hasta ellos si no se conoce bien el terreno. En total, son los
siguientes:
La Sierrezuela.- dos paredes rocosas forman ángulo
recto y el suelo presenta una gran inclinación. Por la carretera de Fuencaliente a Ciudad Real, a unos 2 km, se ve, a la izquierda
de una torre eléctrica, un punto oscuro donde están las pinturas.
La Batanera.- banco cuarcítico de paredes
verticales. El camino está señalizado a la izquierda de la carretera de Ciudad Real a Fuencaliente, 2 km antes de llegar.
Peña Escrita.- banco cuarcítico de líneas
quebradas y bloques sueltos. Señalizado. Hay que coger el camino que parte a la derecha,
a 2,5 km de la población.
El Escorialejo.- abrigo de poca profundidad con una gran
visera superior de superficies quebradas. En el km 100 de la carretera de Fuencaliente a Cardeña, sale un camino a la izquierda hacia el
valle de Navalmanzano; a unos 3
km, una pista
forestal a la izquierda lleva a Peña Escrita
y deja El Escorialejo a 300 m.
La Golondrina.- roca aislada de 4 m. de altura, con un
frente hundido, ancho y poco profundo. Por el mismo camino que va a Navalmanzano, se deja a la izquierda la pista a Peña Escrita, alcanzando el puerto del Acebre. Está a unos 200 m de la ladera este.
Morrón del Pino.- amplio abrigo formado por la
inclinación de un gran bloque cuarcítico en ángulo y cerrado con el suelo. Desde el Acebre, por una senda hecha para colocar cazadores
hacia el sur, se llega al Puerto del Pino,
muy cerca de las pinturas.
Cueva del Melitón.- murallón cuarcítico en forma de
espolón inclinado hacia el río con una oquedad bastante alta y poco profunda. Finca del Valmayor, en el paso de La Escaleruela.
Los
Gavilanes.- pared vertical y lisa, poco abrigada de unos 60 m. de ancho por 25 m. de
alto. El mismo camino de La Batanera, entra en
el valle de La Cerecera hasta el comienzo de la Finca del Valmayor. Hay que seguir la alambrada
hacia el sur, hasta la cumbre.
El Monje.- pared vertical de un gran murallón
cuarcítico con cueva natural bastante profunda. Por la carretera de Fuencaliente a Ciudad Real. En el puerto de Valdereprisa, un carril de tierra a la derecha,
lleva al despoblado de Ventillas y a Solana del Pino. A unos doce kilómetros del
puerto, nace el camino de la finca El Cervijón
y, por un cortafuegos, se llega al yacimiento.
El
Navajo.- Pared vertical con visera poco pronunciada. Por la misma carretera que va a El Monje, y dejandole a la izquierda, se avanza
unos 22 km. Desde allí, una pista forestal a la izquierda lleva a El Navajo.
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