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Río Tajo a su paso por la Comunidad de Madrid

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La frondosa vega y las aguas del río Tajo embellecen el sureste de la Comunidad de Madrid, convirtiendo la aridez de estas tierras, colindantes con la provincia de Toledo, en un espacio pleno de verdor y frescura. Restos de antiguos palacios, jardines y castillos, también ejemplos de arquitectura popular, zonas de esparcimiento y espacios naturales se distribuyen por la vega haciendo de este itinerario una amena propuesta de viaje.

El renombrado Real Sitio de Aranjuez, considerado como uno de los espacios más bellos de toda España, es tan solo una muestra. Restan las otras localidades ribereñas como Brea de Tajo, Fuentidueña, Colmenar de Oreja, Estremera, entre otras y no por ello menos merecedoras de la admiración del visitante.

El gran protagonista, el río Tajo, uno de los principales ríos de toda la península Ibérica, tras su nacimiento en Aragón, baña Teruel, Cuenca y Guadalajara. Deja a su paso por Madrid, desde Brea de Tajo a Aranjuez, humedales, acantilados yesíferos y reservas naturales que se convertirán en el eje principal de la ruta y su trazado servirá como guía que nos permita conocer otros aspectos de la Comunidad de Madrid.

Brea del Tajo

Del Tajo, por proximidad a la vega y no así por disfrutar de sus aguas. De cualquier modo, Brea del Tajo es la primera localidad madrileña que tiene el honor de percibir la frescura y el verdor que las aguas que este gigantesco caudal va dejando a su paso. El Tajo sólo se insinúa en Brea y discurre por sus alrededores hasta presentarse en Estremera. Por estas latitudes también discurre la Cañada Real Soriana, ruta ideal para ser recorrida a pié o bien en bicicleta.

De Brea del Tajo dicen que guarda el retablo más antiguo de la Comunidad de Madrid, el retablo del órgano que se encuentra en su Iglesia de la Asunción, del siglo XVIII. Este edificio, de variados estilos arquitectónicos, conserva la portada románica central y un ventanal plateresco en su torre.

Brea celebra sus fiestas el día de San Roque, el 16 de mayo y la Virgen del Rosario durante el primer fin de semana de Octubre.

Sobre el origen del nombre de Brea dicen algunos que tiene que ver con un topónimo de origen gallego y que tendría relación con la acción de llover y por ello podría existir un verbo llamado “brear” que significaría “borear”.

De su historia, se dice que su fundación debió coincidir con los tiempos de la Reconquista por los árabes, y tras la llegada de los cristianos, como aldea de Almoguera, fue donada a la Orden de Calatrava. Posteriormente, Carlos I vendió la villa de Brea a Luis Hurtado de Mendoza, Marqués de Mondéjar. Hasta el siglo XVIII la villa se mantuvo en manos de la familia de los Mendoza. En recuerdo de los dos momentos históricos más importantes de la historia de Brea, su escudo combina la Cruz de Calatrava y las armas de los Mendoza.

Estremera

Las aguas del Tajo se divisan por primera vez dentro de la Comunidad de Madrid en el entorno de Estremera. Los chopos y el frescor de la vega acompañarán el curso del río hasta despedirse por los dominios de Aranjuez.

En Estremera se encuentra uno de los tres únicos órganos que se le atribuyen al maestro Pedro Liborna Echevarría, que data de 1716, los otros dos se encuentran en la Catedral de Segovia y en la Universidad de Salamanca.

Otros de sus tesoros son la fachada del Ayuntamiento, construcción del siglo XVI y la Iglesia de Nuestra señora de los Remedios, del XVI, que además del valioso órgano guarda retablos platerescos y la pieza románica en madera del Cristo de Casasola. A Juan de Herrera se le atribuye la Ermita del Cementerio, construida bajo la tierra.

Este municipio fue fundado en la época de la Reconquista, alrededor del año 1.006. En el siglo XI pasó del dominio árabe a la corona de Castilla, según la leyenda con dote de Zaida, la hija del rey de Sevilla, para su matrimonio con el rey Alfonso VI. Parece que en realidad se trataría de un pago al rey.

Con Alfonso VIII aparece el primer documento específico sobre Estremera, la cual fue donada junto a Fuentidueña, al monasterio de San Vicente Mártir de Valencia, en Toledo.

Más tarde pasó a la Orden de Santiago, que tuvo pleitos con la Orden de Calatrava respecto a su propiedad, ya que debía tener importancia este enclave, ya que le fue concedido fuero a Estremera en el año 1.182.

Tras diversos pleitos también con la Iglesia de Toledo se fueron afianzando los derechos de la Orden de Santiago.

Fuentidueña del Tajo

Alegre de fachadas encaladas y guardián de los restos de su histórico castillo, da color a un paisaje algo menos agradecido. Por su parte, el río Tajo y su canal, el de Estremera, ponen esas pequeñas pinceladas en verde que quiebran la monotonía de estas tierras.

Sobre la hondonada que forman el curso del río Tajo y el Canal de Estremera se extiende este encantador pueblo de colores blancos. Unas cuantas chimeneas salpican las suaves laderas del terreno, señales que indican que por debajo hay vida, son las famosas casas-cueva de Fuentidueña. Dentro de este conjunto ribereño queda un buen número de estas típicas viviendas que hace algunos años fueran tan habituales y que hoy son parte del atractivo de esta localidad.

Fuentidueña del Tajo (Madrid)
Fuentidueña del Tajo (Madrid)

Algunas de ellas, aún habitadas, mantienen sus portadas perfectamente limpias y decoradas. La mayor parte de estas casas se encuentran excavadas en la ladera donde se levantan las ruinas de la fortaleza, en el conocido barrio del Castillo. Quedan también otros ejemplos en la parte baja del pueblo, construcciones más próximas a la orilla del río, éstas algo más deterioradas que las anteriores.

Abandonando este barrio las casas se dirigen hacia la Plaza de la Constitución. La ausencia de bullicio, la pulcritud de sus calles y los negros enrejados de las ventanas acompañan el paseo antes de llegar al corazón del pueblo. Aquí, bajo la siempre presente torre-reloj del ayuntamiento se alargan las tardes, los más jóvenes a golpe de pedal y los otros intercambiándose conversación.

El carácter del fuentidueño tiene mucho que ver con la situación del pueblo. Hospitalidad, amabilidad, generosidad y laboriosidad son rasgos que definen a los de Fuentidueña. En otro tiempo fue lugar de paso obligado para el ganado que recorría la Cañada Real Soriana en busca de otros pastos.

Del castillo y su historia

Del que fuera fortaleza durante la reconquista queda tan sólo en pie un muro y parte de dos torres cilíndricas a los lados, aún así, su silueta llama la atención sobre todo desde la carretera nacional N-III que pasa bordeando la montaña sobre la que se asienta el viejo edificio.

El Castillo fue construido bajo el mandato de Alfonso VII allá por el siglo XII, y posteriormente sería también ocupado por Alfonso VIII y Alfonso X. Su importancia como residencia y como fortaleza le viene por haber sido elegido como sede del reino en Tiempo de Doña Urraca. De la estancia de ésta en el castillo, las lenguas retorcidas contaban que los bajos estaban totalmente perforados, ya que existían infinidad de pasadizos secretos, uno por cada amante morisco que la cortejaba.

Más tarde, en el XV, el edificio pasó a manos de la Orden de Santiago y fue durante la guerra de la Independencia en el XIX cuando sufrió la mayor parte de su destrucción.

Villamanrique

En Villamanrique se encuentra el Palacio de Buenamesón, edificio de principios del siglo XVII, con puerta rectangular con orejeras planas y escudos a los lados, uno con flores de Lis, media luna y en el escosón un castillo, el otro con bordadura encadenada y un campo con banda.

Este poblado, uno de los hitos novelescos mencionados por José Luis Sampedro, queda a la izquierda de la carretera que comunica Fuentidueña con Villamanrique. Allí el río se ensancha y, desde aquí, se avistan una iglesia del s. XVI y el Palacio. Están en una finca particular, y se accede por un camino de la carretera que va a Santa Cruz de la Zarza, pasado el caserío de Castillo de Tajo.

Siempre, disfrutando de la frescura del cauce del río tajo, desde Villamanrique se pueden realizar otros itinerarios no menos interesantes: como la visita a las Salinas de Carcaballana, el Azud de Valdajos o en centro de la Naturaleza para descubrir los cerros yesíferos del Tajo.

De su historia, se tienen noticias de Villamanrique de Tajo en 1.099, cuando Alfonso VI donó a la Iglesia de Toledo los lugares de Perales, Montroleas, Villamanrique y Villarejo.

Aunque posteriormente la corona retomó los territorios y los donó a la Orden de Santiago, para que defendiera el territorio.

En 1.573 pasó a manos de la familia Lasso. En 1.666 fue cuando el rey Carlos II concedió a don Francisco Lasso de Castilla el título de Conde de Villamanrique de Tajo; en 1.750 dicho título se cambió por Castillo de Tajo. En manos de esta familia permaneció hasta el siglo XIX cuando se abolieron los señoríos definitivamente.

Belmonte del Tajo

En Belmonte del Tajo podremos disfrutar de su iglesia renacentista, obra del siglo XVI, dedicada a la virgen de la Estrella. Fue decorada con dos importantes retablos del siglo XV, que se perdieron durante la guerra de Sucesión, en 1.706. Pero sí se conserva un retablo de estilo barroco del siglo XVIII dedicado a la Virgen del Socorro, además de un fragmento de otro retablo del siglo XVIII sobre el que está colocada la pintura moderna de la Virgen de la Estrella.

Belmonte recibió el nombre de Pozuelo de la Soga al parecer porque “careciendo de fuentes tomaban las aguas que necesitaban para su consumo ordinario de un pozo situado en un monte próximo a la villa. Extrayéndola por medio de pozal y soga cuando disminuía el calor”. Posteriormente se llama Belmonte (bello monte).

En el siglo XII, el municipio pertenecía al obispo de Segovia, pero en 1336, Pedro I le concedió el privilegio de Villazgo, aunque en 1579 la villa pasó a la Corona y de ahí al primer Señor de Belmonte, D. Álvaro García de Toledo, el cual fundo el Mayorazgo de Belmonte en 1586.

En 1691, Carlos II concedió al Señor de Belmonte, Juan Prado-Mármol de la Torre, el título de Conde de Belmonte, título que sigue existiendo en la actualidad.

El Señorío se mantuvo hasta principio del siglo XIX cuando, tras las Cortes de Cádiz se abolieron definitivamente estos derechos.

Colmenar de Oreja

Fue Alfonso XIII quien le otorgara el título de ciudad en 1922, hoy esta localidad ribereña ha sabido conjugar el vigoroso empuje industrial con el mantenimiento de la agricultura tradicional, por lo que está consiguiendo afianzarse como una de las principales ciudades en el cultivo de la vid y la crianza de los buenos vinos.

Una rica vega, grandes extensiones de cereal de secano vides y olivos configuran el paisaje de Colmenar de Oreja. Fue asentamiento romano y reconquistada a los árabes por Alfonso VII. Sus canteras de caliza aportaron la piedra para los palacios reales de Madrid y Aranjuez, entre otros. Llama la atención su Plaza Mayor, porticada, asentada sobre un colosal túnel de piedra, Al Arco de Zacatín y los jardines de Zacatín. No menos interesantes son la Ermita del Humilladero, del siglo XVI y las excelentes vistas sobre las Vegas. También la Iglesia de Santamaría (XIII-XVI), cuya torre se le atribuye a Juan de Herrera. El Monasterio de la Encarnación y el Museo Ulpiano Checa son otras de las visitas recomendables.

Cortijo de San Isidro

Muy próximo a Aranjuez se encuentra El Cortijo de San Isidro. El conjunto lo forman varias viviendas y dependencias junto a un amplio terreno de cultivo. Esta colonia fue un proyecto impulsado en tiempos de Carlos III como modelo de explotación agrícola de la época. Este monarca puso en práctica un sistema que combinara la industria agrícola propia de la etapa ilustrada con los deseos de utilización de los entornos naturales. Los ministros, Grimaldi y Floridablanca fueron los encargados de construir un Real Cortijo con algo más de 530 fanegas de tierra donde poder experimentar y explotar agrícolamente el terreno.

De este Real Cortijo subsiste los edificios principales, la casa Grande, la Bodega, la cueva y la capilla. El conjunto tal vez trazado por Marquet, en una primera intervención, fue levantado por Manuel Serrano, en la década 1770, a quien le sucedió Manuel Oliva.

Carlos III como gobernante ilustrado realizo reformas para llevar a estas estancias rústicas el ordenamiento y belleza de un jardín y un cenador. Sin embargo, aunque se conservan los planos, nunca llego a hacerse, pues sobrevino la muerte del rey y su sucesor Carlos IV, no participaba de su interés por las posesiones agrarias.

La Iglesia que domina la obra estaba dedicada a San Isidro y fue consagrada en 1789. Se construyo a causa de la estrechez que sufría los gañanes, empleados y peones que acudían al oratorio del Cortijo: ”Con este motivo se mando fabricar una ermita en medio de la casa y la bodega, con advocación a San Isidro Labrador, Patrón de Madrid, de sólida fabrica y una nave con su cúpula y frontispicio de orden dorio, donde todos los años se celebra la conmemoración del Santo día 15 de mayo, asistiendo el cura y capellanes de Alpajes, dice Álvaro de Quindos”.

Río Tajo a su paso por Aranjuez

Aranjuez es Palacio y fértil vega donde confluyen el Tajo y el Jarama. Su nombre le viene de una antigua dehesa que se extendía desde la ribera del Tajo al Mar de Ontígola, en la cual existía un caserío de nombre Aranz y que pasó a llamarse Aranjuez, ya en tiempos de Felipe II.

Fueron los Reyes Católicos quienes eligieron estas tierras como lugar de descanso. Las sucesivas coronas tomaron el relevo y fueron dejando sus huellas constructoras y dinamizadoras del denominado Real Sitio de Aranjuez.

Río Tajo a su paso por Aranjuez
Río Tajo a su paso por Aranjuez

En 1750 se comenzaría su expansión por autorización de Fernando VI, quien encargó al arquitecto Santiago Bonavía un plan de grandes y paralelas avenidas.

Hito histórico del devenir de la ciudad fue el llamado Motín de Aranjuez, en marzo de 1808. Por entonces, la familia real se encontraba en Aranjuez cuando el pueblo, motivado por los deseos de Fernando asalta la casa de Godoy y Carlos IV procede a su destitución. Este fue el comienzo de principio de la Guerra de la Independencia. Hoy en día, este hecho se rememora todos los meses de septiembre con una multitudinaria representación de los ribereños.

De visita obligada son los Jardines de la Isla, a espaldas del Palacio; el Palacio Real en el que sobresale su escalera principal, el salón de porcelana y el salón del trono; y los Jardines del Príncipe, con la Casita del Labrador.

Como colofón a la visita al Real Sitio: El Mar de Ontigola, presa construida en 1565; El Regajal, una de las mejores reservas de mariposas de Europa y el Carrizal de Villamejor, humedal catalogado como zona de especial protección para aves.

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