|
Rutas y destinos en Asturias
Con nombre propio
El último
espolique
Por Alfredo Iñiguez
© revistaiberica |
Enlaces relacionados
|
|
Corría el año 1864 cuando el faro de S. Emeterio o Tina Mayor horadó la
noche cantábrica quince millas mar adentro, también dio luz al cabotaje
por parecidas fechas, él de la punta de los Tazones cuya linterna
alumbraba al marino con siete millas de alcance. Otra señal fija marcaba
la Punta de la Atalaya junto al viejo fuerte del siglo XVI en la villa
de Luarca, pero en esta ocasión, pareció querer iluminar tierra adentro,
a la nueva carretera inaugurada entre la noble villa y la capital de
Asturias. |
|
|
|
El nuevo trazado traería prosperidad y riqueza al concejo de
Valdés, pero antes de que la Ferrocarrilana y Montañesa
establecieran su ruta de diligencias y El Luarca introdujera
sus trenes de pasajeros a motor de vapor, la valdesana braña
de Leiriella surtía de arrieros a las pueblas occidentales.
Los de Alzada, denostados durante centurias por su
independencia y un desapego especial a las sotanas, eran
conocedores de las veredas y pasos a Castilla, verdaderos
maestros trashumantes.
Los viejos caminos y sendas de herradura sirvieron durante
siglos a los hombres. Desde la caída del Imperio, las
arterias que comunicaban los vastos territorios habían sido
abandonadas a su suerte, dejó de existir el mantenimiento,
se desplomaron los tráficos de bienes y personas. Las
legiones no guardaban ya los confines y fronteras que
irradiaban del centro del mundo.
Los meteoros arrasaron cientos, miles de leguas de
empedrados por todo el orbe conocido, con todo, la
ingeniería romana venció el paso de los siglos, muchas
construcciones, puentes y acueductos resistieron impávidos a
los elementos, las selvas no consiguieron ocultar las vías
carreteras, y los trazados continuaron siendo útiles durante
la edad oscura a los osados viajeros que arrostraban mil
peligros al seguir aquellos rumbos plagados de bandidos:
Unos, forajidos al uso. Otros, señores feudales de la
espada, de la cruz o de ambas armas gravaban los viajes a
fuerza de peajes que salpicaban por doquiera encrucijadas,
cañadas y puertos.
Durante los siglos en que España fue dueña del mundo y
nuestros navíos exploraban los confines del mar océano,
apenas se viajaba por la piel de toro.
Cervantes nos habla de una Mancha desierta de hombres donde
cada encuentro es novedad y reseña, y utiliza el recurso
para hacer de ellos, uno a uno, épica aventura. Alonso
Quijano hacía bien en ver castillos en las ventas, oasis en
los solitarios páramos, ¿Cómo no habría de trocar molinos
por gigantes y churras por legiones? ¿Cómo no hacer princesa
de Aldonza Lorenzo? A la postre, espejismos difractados
entre la soledad y el polvo manchego abrasado por el sol y
batido por el viento.
En la práctica, sólo El Honrado Concejo de la Mesta de los
Pastores de Castilla dio vida a los caminos exportando sus
ricas lanas a toda Europa a lo largo de seiscientos años
hasta su abolición en 1836. Por la cantábrica cornisa, a
ambos lados de la cordillera, el Camino de Santiago generó
cierta fluidez en los intercambios culturales, y poco más.
No es de extrañar, que hasta casi concluso el siglo XIX,
cuando se terminó la primitiva red de carreteras, orgullo de
la modernidad, los viajes se realizaran en caravanas
formadas por decenas de personas para darse común apoyo y
asistencia, tal que sí no fueran a cruzar Castilla, sino el
Gobi rumbo a Cipango.
Redactaba Don Mariano José de Larra en un artículo titulado
Impresiones de un Viaje:
“Una endeble empresa sostiene la comunicación
(Madrid-Badajoz) por medio de las galeras mensajerías
aceleradas, que andan sesenta leguas en cinco días; es
decir, que para llegar más pronto el mejor medio es apearse.
Por otra parte, son tales, que galeras por galeras, se les
pudieran preferir las de los forzados; sólo de quince en
quince días sale una especie de coche-góndola con honores de
diligencia. Servida además esta empresa por criados
medianamente selváticos e insolentes, no ofrece al pasajero
los mayores atractivos; añádase a esto que por economía, o
por otras causas difíciles de penetrar, durante todo el
viaje paran sus carruajes en la posada peor de todo el
pueblo, donde hay más de una"
La galera infernal que Larra dibuja antecedió a la
diligencia, sólo al final de su existencia aquellos carros
admitieron amortiguación. Un entramado de cuerdas de esparto
era el fondo que unía los dos ejes fijos que armaban las
ruedas. Sobre la red se tiraba una cubierta que alguna vez
fuera acolchada y se asentaban los bultos, mercancías y
equipajes aprovechando sus cantos y esquinas para
introducirlos en los cuadradillos de la malla. El carrozado
lateral de barrotillo impedía la inclemencia con una
cubierta exterior encerada y espartana estera por dentro. El
techo era de lona. El acceso, trasero. Con lo que el destino
hubiera dispuesto, acaso un colchón con mucha suerte, el
galeote más que viajero, intentaba impedir la molienda de
sus huesos situándolo sobre la carga. Y así, de esta manera,
comenzaba el viaje. La distancia entre ejes oscilaba entre
tres y cuatro metros, apenas metro y medio separaba a las
ruedas. Los tiros, de hasta ocho mulas, indistintamente
enjaezadas en parejas o en hilera. Cualquier otro andar que
no fuera al paso hubiera sido suicidio. La velocidad en las
mejores condiciones de navegación nueve o diez leguas
diarias. Posadas y ventas son capítulo aparte, harina de
otro costal.
Imagínate, pagado nauta del tren volador, el resultado de
una buena pitanza a base de gachas de pastor con su compaña
de morcilla, chorizo y torreznos, adornada de pimentera
fritanga y de unas sardinas arenques. Deja volar tus
sentidos, sobremanera el olfato, a ver al pasaje en
tormentosa digestión dando palos al rosal, pero en galera,
no en AVE. De la villa de Jovellanos a Madrid, echar una
docena de jornadas era de albricias. Partir en Creciente y
llegar con Nueva, normal.
La arriería llevaba por bandera la honradez y autores
diversos dan cumplida fe de esa virtud del oficio. Mi
paisano, Don Jesús Evaristo de Casariego tuvo a bien
transmitirnos su código de conducta, antaño, hubo de correr
de boca en boca:
"Paso largo, vista más larga aun; mano izquierda; palabra
como escritura; gramática parda; decir a todo el mundo mucho
sí y poco no; no fiarse ni del ronzal de la propia mula, y
sobre todo, honradez suma en el manejo de dineros ajenos,
que son cosa sagrada"
Un tipo singular llama la atención dentro de este animado
mundo, el oficio de espolique o mozo de espuelas. Su labor
consistía en acompañar, cuidar y asistir caballería y
viajero. Siempre a pie. Cumplido el alquiler, retornaba el
animal a la posta de origen. Un guía, en definitiva.
En los crudos inviernos alumbraba la senda a la luz de una
antorcha. Durante los estíos encontraba los más frescos de
entre los manantiales. Debía, en buena ocasión, llevar al
viajero a honesta posada y advertirle de cuchitriles y
piojos, de malos yantares y aguados vinos.
Al igual que los mayorales de diligencias y galeras, podía
portar armas, lo que alejaba el peligro de asaltos durante
las travesías. Era, en muchas ocasiones, correo y mensajero.
De entre los más veloces y fiables algunos llegaron a
realizar esa labor en exclusiva. Aún se recuerda en Luarca
al sin par Sindo que recorría campo a través por atajos y
secretos caminos la distancia de más de ochenta kilómetros
hasta Oviedo en menos de una jornada y que prosperó en la
arriería gracias a su buen hacer.
De esos ya míticos espoliques encontramos referencia sobrada
en la literatura, baste el botón de muestra que Don Benito
Pérez Galdós nos lega en magnífica prosa, la que adorna sus
Episodios Nacionales. Las líneas siguientes pertenecen a De
Cartago a Sagunto
“…Como encantada por achaque de brujería o maleficio, no
lo creo, señor -replicó mi espolique-. Ahora, si achacamos a
encantamento el golpe de gente, el rebullicio, el entrar y
salir de oficiales, curas, mujeres de toda laya... con
perdón... todos pidiendo de comer, comiendo el que puede,
éstos borrachos por el mosto, aquéllos por el meneo de los
naipes... si es así, la casa de Irucheta está dada, como
quien dice, a todos los demonios.”(…) Ya entraba la luz
solar en la habitación cuando dije a mi espolique: Mientras
yo me levanto vete callandito a la cocina, manda que me
aderecen la riquísima esencia de castañas que aquí llaman
café, y me la traes con abundante leche bien caliente para
desayunarme. Para ti pides el chorizo y panazo que te gusta.
En cuantico que metamos ese lastre en el cuerpo recogemos
nuestros bártulos, bajamos de puntillas sin que nadie nos
vea, pagamos la cuenta, ensillamos el jaco y salimos pitando
de esta condenada Tafalla”
Desconozco de dónde le viene a D. Benito el cariño por
Tafalla. Máxime, cuando el Corsario de Navarra, Don
Francisco Espoz y Mina, atacó la plaza al gabacho en 1911 y
se la arrebató el año siguiente. La mora Al-Tafaylla, (Dónde
comienzan los cultivos) Enclave estratégico napoleónico, a
veinte alcances de cañón de 12 libras de Pamplona, cuartel
general francés el mismo año de la invasión.
Lo que sí apreciamos al primer golpe de vista es la
complicidad del viajero y su espolique. Nos lo cuenta el
plural empleado en la descripción de las labores, el
especial cuidado con que el patrón cuida del almuerzo de los
dos, el entendimiento que adorna al espolique y del que hace
gala a la hora de pintar el fresco de la posada.
Podría, en el antiguo régimen, ser espolique sinónimo de
escudero, de adelantado criado para su señor, nos
aproximaríamos a sus menesteres y obligaciones. De igual
manera, como no ver en Sindo a un Filípides de la edad
moderna o a un mandadero medieval, corriendo leguas entre
fortalezas, con nuevas a Sancho el Fuerte del desastre de
Alarcos.
Cometeríamos un error, la gracia de espolique es libertad,
la conforma su independencia. No es siervo ni soldado, sino
que alquila al viajero su experiencia y dominio del y para
el camino. Durante las guerras carlistas ejercieron su labor
sin dificultades notables. Fueron respetados por parte de
ambos bandos puesto que con igual diligencia sirvieron a
liberales y monárquicos. Estaban los caminos norteños como
para mover tropas a la buena de Dios.
El hombre que hogaño se daba al viaje en soledad habría de
ser osado, valiente y aventurero, otra opción era estar como
una cabra, dejando a un lado a locos y almas en pena, las
anteriores virtudes siempre van de la mano de la
inteligencia. ¿Cómo no habría nuestro viajero de hacerse
acompañar de un avispado conocedor de la ruta? Al menos, en
los territorios más inhóspitos y arriesgados, en los
temibles pasos de la Cordillera Cantábrica, los Pirineos o
en los despeñaderos de la Sierra Morena.
Y nuestro espolique, a la sabiduría que cada legua sumara a
su conocimiento, habría de añadir lo aprendido de aquellos
hombres singulares por los que era solicitado para hollar
esas sendas.
“La libertad Sancho, es uno de los más preciosos dones
que a los hombres dieron los cielos (…) por ella se puede y
debe aventurar la vida”
Se cuenta como cierta esta anécdota sobre el conde de
Romanones que en una partida de caza a la que asistía como
era su costumbre a lomos de un pollino, el osado espolique
que a su vera caminaba le espeto:
- Con todo el dinero que tiene vuestra señoría. ¿Cómo no lo
reparte entre los españoles.
-¿Cuánto dinero crees que tengo?
Nuestro héroe aventuró una cifra. El autor del Decreto de la
Jornada de Ocho Horas, hizo sus cálculos y echando mano a la
faltriquera respondió:
-Ahí tienes la peseta que te corresponde de tu parte.
Y que decir de los espoliques de allende los mares. Un
apunte. Durante la construcción a mediados del siglo XIX del
Ferrocarril Bolívar de Tucacas a las Minas de Aroa, los
ingenieros de caminos se adentraban en la selva a marcar los
trazados. Correspondió el primer intento, hubo tres durante
86 años, al ingeniero inglés Robert Stephenson, hijo de
George Stephenson, el inventor del ferrocarril que se hizo
acompañar adecuadamente...
“… precisamos de la compañía de espoliques que atendían a
todos los menesteres del viaje: ensillar y desensillar las
cabalgaduras, bañarlas, mover equipajes, avisar de los
peligros y fieras de la selva (…) Si se trataba de corta
permanencia, esperaban a sus patrones, pero si éstos
prolongaban su estancia, entonces regresaban con bestias y
bagajes a fuerza de acopiar nuevos suministros”
"La curiosa non se pique si la llaman espolique" Reza
el dicho carretero y asturiano. Es de ley. En un individuo
dueño de caminos y sendas, quedaría a su criterio tratar con
discreción asuntos peliagudos. A su albedrío, dejar correr
unos chismes y callar los que menester hubiere de silenciar.
Aunque no da el espolique tono de felón o correveidile, el
que calla otorga, o aún mejor: Sabes más por lo que te
ahorras que por lo que cuentas. En esencia, era el portador
de noticias y nuevas: Las grandes, y las de andar por casa.
Y aunque fuera maestro en discreción y tacto, sobraría
seguro, alcahuete y metomentodo quien pusiera en su boca y a
conveniencia mentiras y dislates.
Y ahora voy arrimar el ascua a mi sardina: Candasina y
cantábrica por cierto, a la plancha manjar y de espolique:
en arenque magnífico sustento.
Muleta, voy a usar prestada de un gran humanista, sí añado
montañero, es reiteración de sabia humanidad, pero me gusta.
Hace pocas fechas el maestro palentino Don Alejandro Díez
Riol apuntaba comentando un libro, afición que le honra y de
la que aprendemos unos cuantos lebreles.
“El autor del libro que comento se llamaba Luis García
Guinea que fue notario de Cervera en la década de los
últimos 40 y primera mitad de los 50. Muy deportista,
Presidente del Club de Fútbol de Cervera, gran nadador,
montañero, subió varios años a la cumbre de Curavacas por el
Norte, de ahí ese nombre –vía del notario- que ya se ha
hecho un hueco en esa montaña. Lo hacía siempre acompañado
de “espoliques” o sea acompañantes de Cervera y sobre todo
de Resoba.”
Me consta que Don Alejandro no elige calificativos y
epítetos a las siete y media, luego, cuando dice espolique,
no menta criado, ni porteador, sino espolique.
Y claro, veo al Atrevido* como al gran espolique de los
Picos de Europa. En su actitud de experto guía, en su
apasionante prosa que aún nos sobrecoge por su sencilla
honradez, de la misma manera que lo hizo con Don Pedro
Pidal, el primero en darla a conocer al tiempo que la suya
propia, relatando la primera al Urriellu. Creo que así lo ve
Don Francisco Ballesteros cuando nos arrebata relatándonos
el paso que guió el Cainejo (Perdona Paco) entre los dos
macizos señeros, antes de la hazaña.
Eran espoliques los Cargadores Reunidos, claro que sí.
Apurando un poco el espíritu que nos anima, mucho ha de
haber de espoliques en nuestros guías actuales y en los
corredores de la Travesera, quizás su mensaje no vaya
lacrado, ni se susurre al oído de viva voz. Simplemente
corre y vuela por los collados y las cumbres y nos trae
recuerdos de nuestros abuelos, aquellos hombres y mujeres de
una dureza sin par, de una fortaleza de corazón a toda
prueba, que en buena hora, precedieron nuestros pasos.
Gracias, lector amable, por haber soportado paciente este
relato a lomos de esta humilde cabalgadura que es la pequeña
historia. Ojalá mi pluma medio roma, haya sido buena compaña
de espolique.
|
|
Alfredo
Iñiguez
nació en Gijón en 1962 ,es Alpinista y escritor. Enamorado de su tierra
Asturiana cuenta con más de trescientas ascensiones al Picu Urriellu
(Naranjo de Bulnes), es miembro del GAME. Como escritor y conferenciante
ha participado como ponente en diversas semanas y seminarios de
alpinismo tanto nacionales como internacionales. Durante varias
temporadas realizó el programa radiofónico Campo 4 entrevistando en
ediciones monográficas a alpinistas de la talla de Diemberger o Alex
Huber. Sus artículos sobre alpinismo se pueden encontrar en prestigiosas
revistas de montaña españolas, y sus relatos de ficción, muchos
inspirados en la montaña, destilan un fino humor norteño.
http://cimbfred.blogspot.com/
Turismo Rural
Casas
Rurales - Turismo Rural (En Asturias)
Interesantes propuestas de Turismo Rural y alojamientos en la
provincia de Asturias. Selección de las mejores propuestas de
establecimientos para que encuentre justo lo que usted está buscando
para panificar sus días de vacaciones y fines de semana. Trato
directamente con los propietarios de los alojamientos, sin
intermediarios. Visita nuestra pagina de Información de Turismo.
Turismo Rural y Casas Rurales en Asturias
>>>
Aventura y Actividades
Aventura - Turismo Activo y Actividades (En
Asturias) Interesantes propuestas de Actividades, Aventura y Turismo Activo en la provincia de
Asturias. Selección de las mejores propuestas de empresas para que encuentre justo lo que usted está buscando para disfrutar en sus días de vacaciones y fines de semana. Visita nuestra pagina de Información de Turismo.
Aventura, Turismo Activo y Actividades en Asturias
>>>
|
|
|
|
Más información de Turismo y Viajes
|
|
|
|
Revista de viajes
Por Alfredo Iñiguez
Otoño en
Quirós
Et in Quirós ego. Allí, los atardeceres del otoño menguan la luz cada jornada, al tiempo, el verde frondoso del estío muta agostado a todos los tonos dorados y ocres del espectro las hojas que desmayan alfombrando los prados en el valle. Allí, la nueva nieve adorna las alturas del Fontán, la Peña Rueda, Las Ubiñas
magníficas que despliegan al sur sus alturas cantábricas de
dónde ves el mar a tus pies de viajero.
Vaqueiros, pueblo maldito, raza orgullosa
Decir para mi vaqueiros es decir raza, carácter… pueblo.
Un pueblo marginado por una sociedad hipócrita que creó
unas leyendas negras en torno a los habitantes de unas
inhóspitas y agrestes montañas de pobres recursos que
vivían, fundamentalmente, de vacas y ovejas...
>>>
Arquitectura Rural y Turismo. Lotus Cortines de Tineo.
En la parte occidental de Asturias; en la Galicia lucense y
en algunas zonas Fronterizas con León o más al sur, hacia
Zamora, existen unas construcciones de piedra, con gran
vinculación arquitectónica hacia las construcciones
castreñas de los celtas, son reductos para los “truebanos”
(primitivas colmenas)
Hórreos y paneras, los signos de los tiempos
Cuando el viajero cruce valles y montañas por tierras astures se encontrará, con frecuencia, con signos y dibujos en piedras y cuevas prehistóricas...
Los Molinos de Linares
Anclado en la añoranza, el artista Manuel García Linares decidió mirar con los ojos del recuerdo los antiguos molinos de su asturiana tierra y plasmó lo visto sobre el papel haciendo uso de notas y pinceles...
La villa de Luarca, pueblo pesquero asturiano.
La villa de Luarca está ligada al mar y fue desde siempre un enclave pesquero de importancia, sobre todo en la captura de la ballena. El puerto y sus barrios marineros junto con el cementerio y el faro forman un conjunto de impresionante belleza que dirigen nuestros pasos hacia Villar, donde existe una ..
Oscos Eo, de agua, fuego y hierro.
La historia de la comarca de Los Oscos - Eo
está íntimamente relacionada con la producción y elaboración
del hierro. La evolución de un buen número de ferrerías
marcaron el antes y el después de una comarca que fue
incapaz de adaptarse y competir con las nuevas formas de
producción de las grandes industrias.Acaso por ello, los que han regresado a Los Oscos – Eo
dicen que hasta hace poco..
|
|