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En Irlanda
La isla esmeralda es uno de los destinos favoritos para aprender inglés.
Estando en uno de esos cursos de verano la francesa Desireé más de una
vez se sintió avergonzada al practicar el inglés, como aquella charla en
el jardín con el cartero: “Hacía un día soleado y se me ocurrió decir
'estoy caliente' (i'm hot) en vez de 'tengo calor' (it's really hot in
here)”. Cuando el cartero le explicó su fallo sintió todavía más calor
en sus mejillas. Paula también cayó en ese mismo error hace 10 años. Y
otros cuantos más. Ésta española recuerda entre risas las caras de la
familia, que la hospedó ese verano en Dublín, cuando les dijo mientras
desayunaban, que estaba constipada. “No sabía que constipated significa
estreñida”.
En Francia
Un malentendido típico es pedir veneno (le poison) en vez de pescado (le
poisson) en el restaurante. Ésto le ocurrió a Herman, un chico de
Ámsterdam que no entendía porqué su camarero le miraba aterrado. Peor lo
pasó la americana Louise cuando disfrutó su primera cena romántica
parisina. Cuando su cita le preguntó si quería algo más -quizás un
postre- ella contestó sin querer “no gracias, estoy embarazada” -non
merci, je suis plein-. Plein en sentido literal significa lleno o pleno,
pero con el tiempo su uso se ha reducido al sentido figurado de estar
embarazada (être plein). De ahí la confusión.
En Portugal
Al compartir península confiamos en que todo irá como la seda en
nuestras vacaciones al país vecino, pero ¡ojo! hay muchos “falsos
amigos”, esa clase de palabras calco, con las mismas sílabas, de las que
es mejor no fiarse porque pueden tener un significado opuesto. La
periodista gallega Rosa lo sabe. De viaje en Cascais, para escribir un
reportaje, la invitaron a una parrillada de pescado fresco. Después de
devorar sardinas y otras exquisiteces del océano atlántico la
preguntaron qué le había parecido. Y contestó entusiasmada:“Exquisito,
estaba exquisito”. En portugués exquisito significa asqueroso. Todos los
presentes se quedaron helados con su respuesta.
En Alemania
En opinión de Nieves, el alemán es un idioma agradecido para cometer
errores. Los alemanes reaccionan a nuestras meteduras de pata diciendo
¡pero qué dulce! (wie süss!), “¿y a quién le molesta que le llamen dulce
cuando te equivocas?”. Esta madrileña además cita otro error muy
común:“Decimos he extraviado el tren, en vez de he perdido el tren”.
Como consuelo cabe señalar que los holandeses también se confunden al
hablar alemán, aunque sus idiomas sean parecidos. Por ejemplo, una noche
de verano a la holandesa Rudy se le ocurrió hacer el comentario “qué
noche más gay” porque hacía mucho bochorno. Sus amigos alemanes se
troncharon. Rudy no sabía que las palabras sofocante -schwül- y gay -schwul-
sólo se diferencian en una diéresis.
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