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Cristóbal Colón en 1492
descubrió para el mundo, además del nuevo mundo, el tabaco. La
persecución a los fumadores comenzó inmediatamente. En 1493 Colón
regreso a España con su tripulación trayendo entre otras cosas tabaco.
Así, el primer perseguido documentado de la historia por ser fumador es
don Luís de Torres, que fue detenido por la inquisición mientras fumaba
y condenado a 10 años de prisión acusado de brujería ya que echaba humo
por la boca y la nariz. Años más tarde el clero español era el que
encargaba fabricar, para su exclusivo disfrute, los mejores cigarros del
mundo.
Así empezó la historia
de la República Dominicana. Entiendo que Colón, después de descubrir la
isla, quisiera regresar a España para contarlo. Es el único motivo que
pudo tener para abandonar el paraíso. La República Dominicana es un país
que enamora. Te llena. República Dominicana es el país más completo y
bello del Caribe. Es difícil encontrar una isla en la que además de sol
y playa, ¡qué playas!, puedas pasear por la calle más antigua de toda
América, ascender a un pico de más de 3.000 metros, recorrer valles
cerrados, encontrar en el interior lagos salados con caimanes, iguanas y
una fauna digna de parque natural, recorrer el río donde se rodó
Apocalypse Now, estar tan perdido como los participantes de
supervivientes y sobre todo disfrutar en español de la amabilidad y
hospitalidad de sus gentes.
República Dominicana es
libertad. No entiendo a los que acuden allí y se pasan una semana sin
salir del recinto de los maravillosos hoteles, que los hay, del todo
incluido. Hacer eso es como ir al paraíso y quedarse en la puerta
dándole la espalda. El aire que se respira en “Santo Domingo”, que es
como mucha gente llama al país, es muy especial. Además de oxígeno tiene
merengue y bachata. Sonido que te acompaña por todas partes. Estés donde
estés Zacarías Ferreira, Anthony Santos, Joe Veras, Los Toros Band o
Fernando Villalona están siempre contigo. Igual que el “ronsito”,
Barceló o Brugal, que se toma como agua pero que es mucho más sabrosón.
Ya tú sabes. O los “tabacos”, cigarros puros dominicanos con una calidad
de manufactura muy superior a la de los famosos cigarros de la isla de
al lado. Arturo Fuentes, León Jiménez, Davidoff y Balboa, en Santiago de
los Caballeros elaboran tabacos reconocidos en el mundo entero. Y algo
que nunca se olvida de la República es la fruta: el mango, la papaya y
la piña de pan de azúcar son manjares que dejan huella para siempre.
Si recorres la
República Dominicana vuelves. Nunca podré decir que una vez, porque son
tantas y tantas que ya no sé las que he estado. Y aún así me parecen
pocas. Los atardeceres en Bahía Rincón, una de las cinco mejores bahías
del mundo, son una experiencia mística. Estás tú solo con quien hayas
ido y con la grandiosidad de la naturaleza en sus kilómetros de arena
blanca. No hay palabras para el momento. Es una obligación de todos
preservarla así, salvaje, natural y espectacular.

Vivir con los
dominicanos te enseña otra forma de ver la vida. Viven con el sol y la
noche. El clima les acompaña y la exuberancia del paisaje y la
naturaleza es parte de su personalidad. Bailan, aman y ríen. Desplazarse
en “motoconcho”, motocicletas de 125 cc que se utilizan como taxis para
enlazar poblados y vías de comunicación principales, te integra en el
paisaje y en su vida. Igual que bailar merengue o bachata en los “car-wash”,
lugares de reunión y fiesta espontánea en las que el ron y la cerveza
Presidente relajan más todavía el ambiente, si es que eso es posible.
Cuando la naturaleza es rica, la comida es poco sofisticada. Así la
cocina dominicana se caracteriza por un sabroso pescado, mucho marisco
con poco sabor por la temperatura del agua, el chancho, las frutas… y
el cocido de allí, que se llama sancocho. No hace falta más porque el
tiempo y la actitud son diferentes.
Siempre he dicho que no
creo que sea posible que un dominicano muera de infarto. “Aahh, pos’ta
bien”, adaptación dominicana del “Ah, pues está bien”, es el mejor
antiestrés del mundo. Pase lo que pase, “aahh pos’ta bien”. Son así.
Jamás dicen no. La mayor ventaja que tenemos los españoles en la
República es que hablamos español. El mayor problema es que
supuestamente hablamos el mismo idioma. Aplicar criterios y valores de
España en Dominicana, porque tengamos la misma lengua, es un error.
Sirva de ejemplo una expresión muy dominicana en los negocios, “mañana”.
“Mañana” quiere decir voluntad de hacerlo, pero no hoy. “Mañana” no está
en absoluto circunscrito al periodo de tiempo siguiente al día de hoy.
Son así y hay que entenderlos. “Mañana” puede ser que sea, lo que tenga
que ser, dentro de seis meses. “Aahh, pos’ta bien”.
Los dominicanos y las
dominicanas tienen otra forma de ver las cosas. Un dominicano mayor que
vive en una punta maravillosa de la costa, en su casita de madera y
palma con su barquita para pescar, me preguntó que por qué iba tanto por
allí. Yo le contesté que iba para trabajar y ganar plata para poder
tener una casa en una punta de la costa como él. Me miró sonriente de
arriba abajo y me dijo dos cosas: “Ahh pos yo soy más rico que usted, yo
tengo eso desde que nací”. Y añadió, “es que ganar plata trabajando lo
hace cualquiera”. El continúa feliz en su casita, que aquí llamaríamos
chabola, con un mar maravilloso delante que junto con las palmeras y las
matas le proporciona comida y vive con su ronsito, su merengue, su
bachata y pendiente de todas las mujeres que pasan por su alrededor.
Quizás porque se vive
muy bien, en Dominicana residen Julio Iglesias, Óscar de la Renta… y un
montón de afortunados que han descubierto lo que Colón encontró. En la
tierra está el paraíso y se llama República Dominicana.
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