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La gastronomía de Prato ofrece
una amplia gama de especialidades, en función de las características del
variado territorio. Si bien en la provincia la cocina típica está muy
próxima a la tradición campesina toscaza que se caracteriza por ser
sencilla y sabrosa y por el uso de ingredientes básicos, la capital
incluye en su menú platos más elaborados para satisfacer los exquisitos
paladares de la ciudad en respuesta a la gran presencia de hombres de
negocios vinculados con el sector textil y de la moda, tan presente en
Prato.
Pero sin duda, el nombre de la provincia de Prato está orgullosamente
ligado a uno de los vinos italianos más prestigiosos, el Carmignano,
cuyo perfume y sabor encierran las huellas de una antigua historia. Este
vino, que se produce en una pequeña área de colinas, en los municipios
de Carmignano y de Poggio a Caiano, obtuvo la Denominación de Origen
Controlado en 1975, y Garantizado en 1990.
Caldos adecuados para acompañar la tradicional y sabrosa gastronomía
local, como los quesos de oveja o “pecorini”, carnes como la “bistecca
alla fiorentina” o la “porchetta allo spiedo” o cochinillo a la brasa.
El pan de Prato, sin nada de sal, como manda la tradición toscana, es
muy aromático y orgullo de los obradores de la ciudad y del campo. La
“pappa col pomodoro”, uno de los platos típicos de la cocina toscana, es
en Prato especialmente sabroso, gracias a la excepcional calidad del pan
y del aceite local.
Por otra parte, en la gastronomía de Prato no faltan los platos más
elaborados, algunos de ellos herencia de la estancia de los Médicis y su
corte en localidades como Carmignano y Poggio a Caiano. El plato típico
por excelencia es el apio “alla pratese”, preparado con los tallos más
tiernos escaldados, rellenos, fritos y cubiertos por una salsa de carne
o tomate. Otras recetas sencillas y sabrosas son la pasta con alubias,
los “tortelli de patata” o pasta rellena de patatas y la “ribollita”
sopa a base de zanahoria, col negra, alubias, pan duro y especias
varias.
También muy unida a la tradición se encuentra la elaboración de
productos a base de carne de cerdo, hasta tal punto que ya en el 1500
las salchichas de Prato eran el plato tradicional de la Feria. Con
diferentes partes del cerdo se prepara el típico “tegamaccio”, un guiso
de cerdo de particular sabor. Entre los embutidos, no hay que olvidar la
“finocchiona” (especie de salchichón condimentado con semillas de
hinojo), los jamones que tan bien casan con el pan de Prato, y por
supuesto, la “capocchia”, o tradicional mortadela de Prato. La
“capocchia” es un producto recuperado y valorizado en los últimos años,
un producto de origen humilde, adaptado a los gustos actuales gracias al
empleo de carnes seleccionadas. Su particularidad se encuentra en la
combinación de especias, junto a un licor tradicional llamado alquermes,
que se suele utilizar en la elaboración de dulces.
Como broche final, un buen almuerzo no puede concluir sin los
mundialmente conocidos “biscotti di Prato” o “cantuccini”, tradicionales
dulces a base de almendras, cuya receta de origen renacentista, ha
traspasado siglos y fronteras hasta convertirse en uno de los símbolos
de la gastronomía toscana. Los “biscotti di Prato” suelen ir acompañados
de una copita de Vin Santo, el tradicional vino de postre, de atractivo
color ambarino con reflejos de oro viejo. Este vino en nariz describe su
personalidad armónica característica, con matices de almendra y
albaricoque debido al largo envejecimiento.
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