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En la Plaza de San Marco nos recibe una de las tantas obras de arte
contemporáneo que exhibe la ciudad y que se ha convertido en uno de los
símbolos de Prato: "Forma squadrata con taglio"(1972) situada frente a
la puerta hacia Florencia,
Desde allí emprendemos un tranquilo paseo por las calles de Prato,
llegando a través del Viale Piave, a la Plaza de Santa Maria delle
Carceri, donde se sitúa la Oficina de Información y Turismo. En esta
plaza de formas renacentistas surge la poderosa mole de piedra coronada
por curiosas almenas gibelinas, el Castillo Imperial. Cierra la plaza la
enorme fachada inconclusa de Santa Maria delle Carceri.
Casi contigua, se encuentra la plaza con la Iglesia de San Francisco,
cuya fachada hace también uso de la bicromía marmórea, y cuyo interior
sobrio y diáfano invita al recogimiento y la reflexión. Recorriendo la
Via Rinaldesca, llama nuestra atención la fachada del Palacio del
mercader Datini por estar totalmente cubierta de frescos y, un poco más
adelante, el Palacio de los Alberti es de visita obligada, ya que recoge
en su interior grandes obras de la pintura toscana, y de artistas de la
talla de Caravaggio, Bellini, o Filippo Lippi, entre otros.
Desde allí, podemos girar a la izquierda y visitar el Conservatorio y
Monasterio de San Niccolò, interesante por su eclecticismo, ya que en él
se unen trazas góticas y del estilo Barroco tardío. Sus amplias salas de
representación muestran decoraciones complejas, como el ambiente ”a la
etrusca” en la sala de la Aurora, pero destaca especialmente porque en
su interior se encuentra una de las pocas copias en Italia de la
Escalera Santa, siguiendo el modelo de la que se encuentra en Roma, en
la iglesia de San Juan de Letrán.
Retomamos Via Guasti y, desde la Via Muzzi llegamos a la gran Piazza del
Duomo, o Plaza de la Catedral, donde surge la Basílica Catedral de San
Esteban. A pesar de las numerosas intervenciones que tuvieron lugar
durante siglos, el edificio conserva una cierta unidad estilística. En
1386 se alzó la actual fachada en estilo gótico tardío donde se alternan
franjas de mármol blanco y verde de Prato.
Entre las obras de arte más bellas e interesantes conservadas en el
Duomo, figuran los famosos ciclos de frescos que, de la mano de Filippo
Lippi (1452-65), decoran la capilla Mayor. Entre estos frescos destaca
su gran obra maestra: “El banquete de Herodes”.
Volviendo sobre nuestros pasos y tras callejear un poco llegamos a la
Plaza del Ayuntamiento, centro político de la ciudad, decorada por la
pequeña “Fontana del Bacchino” en bronce, y cerrada por dos de sus lados
por el edificio del Ayuntamiento. En la misma plaza, en las enormes
salas del Palacio Pretorio se encuentra el Museo Municipal que consta de
obras de importantes artistas como Filippo y Filippino Lippi. A través
de Via Guasti alcanzamos la iglesia de Santo Domingo (1284-1325). Si
entramos, descubriremos su interior barroco que nada tiene que envidiar
a las coetáneas iglesias de Roma, y las obras de arte que la enriquecen
como la Sala Capitular, totalmente cubierta de frescos del Quattrocento.
Desde el claustro, accedemos al Museo de Pintura Mural, con frescos y
grafitos de artistas célebres. También es digna de admiración la capilla
de la Asunción con las Historias de la Virgen y de San Esteban, ambas
atribuidas a Paolo Uccello (1397-1475). Y, dado que estamos en uno de
los centros más importantes de Arte Contemporáneo de Europa, nada mejor
que culminar nuestra visita en el “Centro de Arte Contemporáneo Luigi
Pecci”, situado al sudeste de la ciudad y fácilmente accesible con el
transporte público. En él es posible visitar sea la exposición
permanente, con obras de artistas italianos y extranjeros, que
exposiciones temporales. La obra símbolo del centro es Colonna Cadente,
una escultura metálica de enormes dimensiones realizada por Anne y
Patrick Poirer.
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