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Peregrinación a lugares bíblicos
Santos Lugares
de Jordania |
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El Papa Benedicto XVI visita los Santos Lugares entre
en el mes de mayo de 2009. Un viaje
que, en palabras del pontífice,
lleva a cabo "para pedir al Señor,
visitando los lugares santificados
por su paso terreno, el precioso don
de la unidad y de la paz para
Oriente Medio y para toda la
humanidad". Parte esencial de este
recorrido trascurre en Jordania. No
en vano en su territorio se
encuentran lugares tan emblemáticos
como Betania, donde Jesús fue
bautizado por Juan; el monte Nebo,
desde el que Moisés contempló la
Tierra Prometida que él jamás
pisaría; además de lugares míticos
como el castillo de Herodes o las
ruinas de las pecadoras Sodoma y
Gomorra.
Por Carmen Cespedosa
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Jordania es un país
moderno con una cultura antigua, una tierra que el visitante
podrá recorrer por los valles, colinas y planicies cuyos nombres
se han convertido en parte de la historia de la humanidad
gracias a las sencillas hazañas y profundos mensajes de los
profetas que pisaron esta tierra y cruzaron sus ríos en vida.
Muchos de los lugares donde se dice que los profetas realizaron
sus milagros y tendieron la mano a la gente corriente, están
perfectamente identificados, han sido excavados y protegidos, y,
además, son de fácil acceso para los visitantes.
Jordania valora la diversidad étnica y religiosa de su población
y, por lo tanto garantiza el derecho a la cultura y la educación
de todos sus ciudadanos. Este espíritu de tolerancia y
reconocimiento es uno de los elementos que más ha contribuido al
clima de estabilidad y paz de Jordania. Más del 92% de los
jordanos son musulmanes sunís y aproximadamente el 6% son
cristianos. La mayoría de éstos pertenecen a la Iglesia ortodoxa
griega, pero también hay católicos griegos, una pequeña
comunidad de católicos romanos, ortodoxos sirios, ortodoxos
coptos, ortodoxos armenios y algunas denominaciones
protestantes.
El monte de Moisés
Una de las principales visitas del Papa será al lugar más
venerado de Jordania: el monte Nebo, el monumento a Moisés y
donde presuntamente murió a la edad de 120 años y fue enterrado
el profeta. Desde una plataforma situada delante de la iglesia
se puede disfrutar de una espectacular vista sobre el valle del
Jordán y el Mar Muerto. Esta es la misma que Dios mostró a
Moisés, con el fondo de la Tierra Prometida, pero a la que jamás
pudo llegar. En el mirador hay un gran monumento moderno en
bronce que representa el sufrimiento y muerte de Jesús en la
cruz y la serpiente que Moisés levantó en el desierto. Parece el
lugar ideal para hacerse una foto, como en su visita hizo Juan
Pablo II hace nueve años. Tras consultar con el oráculo, se dice
que Jeremías ocultó el Arca de la alianza, la carpa y el altar
de incienso en el monte Nebo. Naturalmente, aún no se han
encontrado.
Poco más hay en esta cumbre. El museo contiene interesantes
mosaicos y un mapa en tres dimensiones de la zona y en la
basílica, con partes del siglo VI, hay un espectacular mosaico
de 9 x 3 metros muy bien conservado que representa escenas de
caza y pastoreo, así como una amplia variedad de animales
africanos.
Orillas del río Jordán
Lugar en el que se estableció Juan Bautista, Betania de
Transjordania, es también donde Jesús fue bautizado y se conoce
desde hace mucho tiempo por los textos bíblicos y por los textos
medievales y bizantinos. En la actualidad es un enclave
arqueológico en el que se trabaja con intensidad para dejar al
descubierto las canalizaciones y las construcciones que
sirvieron a Juan el Bautista para desempeñar su ministerio. Las
excavaciones principales se llevan a cabo en una zona muy
próxima al río y las obras han dejado al descubierto los restos
de tres iglesias superpuestas que, se supone, marcan el lugar
donde fue bautizado Cristo.
Los sitios de la zona de Betania formaban parte de la antigua
ruta de peregrinaje cristiano entre Jerusalén, el río Jordán y
el monte Nebo. Muy cerca se encuentra el monte de Elías, donde
existen diversos vestigios de un antiguo monasterio,
canalizaciones y piscinas utilizadas para bautizar a los fieles.
Entre los numerosos restos existentes cabe destacar una placa
negra que marca el lugar donde, según narran las Escrituras, el
profeta subió a los cielos arrebatado por un carro de fuego.
Otros lugares de interés
Aunque Nebo y Betania son los lugares más vinculados al
cristianismo y a la tradición bíblica, y son los que el Papa
visitará con más detenimiento, a lo largo de todo el país hay
muchos otros que tienen su reflejo en las Sagradas Escrituras y
que, en todo caso, no pueden faltar en un recorrido turístico
por Jordania. Por ejemplo, la capital, Amman, es el lugar donde
sucedió la historia bíblica de David y Goliat. Está coronada por
la Ciudadela, una colina con las ruinas del Templo de Hércules,
el Palacio Omeya y una Iglesia bizantina. En este enclave, que
posee más de 3.000 años de antigüedad, se encuentran numerosos
restos arqueológicos romanos, otomanos y de otras culturas, que
están siendo recuperados por especialistas. En el Palacio Omeya,
arqueólogos españoles están recuperando los restos antiguos y
poniendo en valor el interior en una restauración moderna y
rigurosa, bajo los auspicios de la Agencia Española de
Cooperación Internacional que lleva ya doce años trabajando en
la zona.
En Umm Qays, con sus espectaculares vistas panorámicas sobre el
mar de Galilea, es el lugar en el que Jesús hizo el milagro del
endemoniado de Gadara. Es aquí donde encontró a un demente que
vivía en la tumbas cercanas a la entrada de la ciudad y Jesús
alejó de él los malos espíritus y los dirigió hacia una manada
de cerdos, que empezaron a correr por la colina y cayeron a las
aguas del mar de Galilea y se ahogaron. Las ruinas no son tan
impresionantes como las de Jerash, pero a cambio se puede
disfrutar de ellas casi en soledad porque los turistas no son
tan abundantes. También ofrecen el original contraste entre la
ciudad romana en ruinas y una aldea de la época otomana
relativamente intacta.
El viaje hacia el sur de Amman a lo largo de la Carretera del
Rey de 5.000 años de antigüedad, es uno de los más memorables
periplos en Tierra Santa, que recorre un rosario de lugares
antiguos. La primera ciudad que se encuentra en el camino es
Madaba, mencionada en la Biblia, y conocida como "la ciudad de
los mosaicos". La principal atracción en la ciudad es un
maravilloso mapa mosaico bizantino procedente del siglo VI que
representa Jerusalén y Tierra Santa. Está formado por dos
millones de piezas y muestra con pulcra minuciosidad el Nilo, el
mar Muerto y Jerusalén, incluida la iglesia del Santo Sepulcro.
Este mosaico se halla en la iglesia griega ortodoxa de San
Jorge.
Petra también en la Biblia
Sin duda el punto central de una visita a Jordania es Petra.
Pero como ocurre, por ejemplo, con las óperas, a veces la
obertura impresiona más que la trama central. Así ocurre en
cierto modo en Petra cuando se llega al comienzo del
impresionante "Siq", que al principio parece un corto paso entre
rocas y pronto se descubre como una inmensa grieta en la piedra
de arenisca que se abre a lo largo de un kilómetro y medio entre
profundos acantilados que en ocasiones ofrecen 200 metros de
altura por sólo cuatro de ancho.
En este "Siq" no importa tanto descubrir el magistral canal que
dirigía el curso del agua, o los resto de calzada de la época de
los romanos o incluso algunas figuras en relieve que reflejan
las múltiples caravanas de camellos que hasta aquí llegaban. Lo
realmente impresionante es sentirse envuelto por la magnitud de
las rocas, por los reflejos del sol, por la escasa vegetación
que pugna por hacerse un hueco entre las piedras. Da lo mismo la
hora en que se haga porque con el sol alto o bajo, incluso a las
luz de las velas y las estrellas, las luces y sombras crean un
mundo fantástico y fantasmagórico que cambia radicalmente de
aspecto con solo volver la vista atrás.
Y al final del camino está Petra y, como primera imagen de lo
que luego espera, nada menos que la fachada impresionante de El
Tesoro. Unos metros antes, las parejas se cogen de la mano
emocionadas, los grupos guardan silencio, los pasos se aminoran
hasta conseguir que, como un telón que estuviera descorriéndose,
los dos abismos de piedra vayan aumentando el hueco y dejen paso
al escenario.
Por mucho que se haya visto, que se haya imaginado, que se haya
soñado, la primera visión de la fachada terrosa y rosada de El
Tesoro con sus relieves carcomidos por el tiempo, la lluvia y el
viento, sus columnas corintias, sus hornacinas que contienen
esbozos de figuras, sus capiteles... todo ello ganado
pacientemente a la piedra por manos nabateas deja un poso de
asombro difícil de superar. Un buen conocedor de estas tierras,
Lawrence de Arabia, lo expresó sabiamente: «Nunca sabrás qué es
Petra realmente, a menos que la conozcas en persona».
Porque en Petra, en la inmensa ciudad que es Petra, con sus más
de 500 tumbas que decoran las paredes rojizas del valle, lo que
priman son las emociones más que el asombro arquitectónico o el
misterio de su origen. Si esto es una ciudad ¿dónde están las
viviendas? La luz escoge caprichosa su tonalidad, siempre en la
gama de los rosas, decorada con vetas amarillas, blancas,
verdes, naranjas y grises.
La mejor forma de recorrer Petra es caminando lentamente, con un
buen repuesto de agua y un sombrero que proteja del implacable
sol. Hay que reservar las fuerzas, porque en el tramo final
espera la caminata de una hora hasta el colosal Monasterio --de
formas parecidas al Tesoro, pero mucho mayor--, una tortuosa
ruta excavada en la roca, con más de 800 peldaños. Desde allí se
domina el magnífico paisaje de riscos y quebradas y se vislumbra
el impresionante desierto rocoso que rodea a Petra.
Petra se menciona en el Antiguo Testamento de la Biblia bajo
varios nombres, y se cuenta que durante el Éxodo, Moisés y los
israelíes atravesaron el área de Petra en Edom. La tradición
local afirma que el manantial de Wadi Musa (el valle de Moisés),
justo a las afueras de Petra, es el lugar en el que Moisés
golpeó una roca de la que salió abundante agua. Petra fue casi
con seguridad la última escala de los tres reyes magos, que
llevaron incienso, oro y mirra al niño Jesús de Belén.
El mar Muerto y la cueva de Lot
En el recorrido hacia el sur se atraviesan tierras en las que la
religión, la cultura, la naturaleza y los humanos parecen haber
conseguido una simbiosis contagiosa. En el camino hacia el Mar
Muerto se cruzan lugares donde debieron estar Sodoma y Gomorra,
el castillo en el que Salomé se encaprichó de la cabeza de Juan
el Bautista, la cueva en la que Lot se refugió tras ver
convertida a su mujer en estatua de sal...
Cuando se atraviesan los lujosos hoteles y balnearios en la
orilla del Mar Muerto, con las impresiones bíblicas en la
cabeza, y se penetra en sus densas aguas uno podría creerse el
mismísimo Jesús y estar caminando sobre las aguas. Caminar,
caminar, no, pero flotar como si no existiese la gravedad, leer
el periódico o tomar una copa sin hacer el menor esfuerzo por
flotar es uno de los milagros que están al alcance de la mano.
Como cambiar de color como Michael Jackson pero al revés,
gracias a los barros terapéuticos. Experiencias de hoy que ya
probaron en su día Herodes el Grande o Cleopatra, entre otros.
Ricas en minerales vertidos desde los valles circundantes, las
densas aguas del Mar Muerto tienen además cualidades curativas.
Sin embargo este prodigio natural corre el peligro de convertir
su nombre en una realidad: un mar muerto con fecha fija, no más
de cincuenta años. Cada año el punto más bajo de la tierra
desciende un poco más, casi un 30% de su superficie original ha
desaparecido debido sobre todo a que apenas recibe agua del
estancado río Jordán, por la utilización de esa escasa agua para
el riego o para fabricar potasa y por la elevada evaporación.
Para intentar invertir esta situación se ha proyectado la
construcción del "canal de los dos mares" de 180 km. entre el
Mar Rojo y el Mar Muerto. El objetivo es frenar la caída de
agua, lograr recuperar los niveles históricos y, de paso,
producir electricidad que alimente las plantas desalinizadoras
que habría que construir en Jordania, Israel y los territorios
palestinos. Así, cerca del 45% del agua trasvasada se
convertiría en agua dulce. Sería el último milagro, éste de la
mano de los hombres, en una tierra que parece propicia a ellos.
Un milagro que requiere unos miles de millones de dólares, pero,
sobre todo, la voluntad unida de pueblos vecinos empeñados en
vivir en paz, un empeño que, tras la visita de Benedicto XVI,
parece más cerca que nunca.
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La mayorista Politours es una de las máximas especialistas en Jordania.
Para la temporada de verano ofrece un vuelo especial directo semanal,
con salidas todos los sábados desde Madrid y Barcelona entre el 4 de
julio y el 7 de noviembre, y ha planificado diversos circuitos por el
país con visitas a sus lugares más emblemáticos. Por ejemplo, el
programa Tesoros de Jordania propone un recorrido de ocho días visitando
Amman, Jerash, Madaba, Monte Nebo, Petra, el desierto de Wadi Rum y el
Mar Muerto a partir de 995 euros por persona, incluyendo vuelos,
alojamiento de siete noches, media pensión, recorridos y visitas.
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Tel: (34)) 93 207 32 32 |
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