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El Monasterio
de Iranzu se alza entre los verdes valles que forman las montañas de
Yerri, a escasos kilómetros de Estella, a las afueras de la localidad de
Abárzuza.
Los primeros
documentos que se tienen del monasterio datan del siglo XI. En aquella época
ya existía una fuerte tradición monástica que fomentaban los monjes
benedictinos. Estos, tras su desaparición, dejaron como testimonio de su
paso por estas tierras navarras, una recoleta iglesia de planta cuadrada,
que aún es posible contemplar entre las ruinas del primitivo monasterio.
La nueva
abadía nace a raíz de que el de obispo de Pamplona donase a su hermano
Nicolás la vieja iglesia de Iranzu. Este aprovechó las generosas
donaciones de nobles y monarcas para extender sus dominios y edificar los
alrededores del templo siguiendo las premisas de la orden del Císter.
Cabe mencionar que los monjes cistercienses eran considerados como los
mejores agricultores de Europa, y vivían de los beneficios que generaban
sus explotaciones.
Desde
entonces la propiedad ha ido cambiando de titular. Hoy y desde 1945, son
los Padres Teatinos quienes se encargan de su custodia y abren las puertas
de sus estancias para mostrar esta maravilla arquitectónica.
Tras pasar
los muros del Monasterio, un
esbelto cruceiro ofrece el primer saludo al visitante. Todo el recinto,
estancias, decoración y orden responden estrictamente al modelo
cisterciense. Nada más entrar en la abadía se encuentra el claustro del
monasterio, que es sin duda uno de los rincones más preciados de todo el
Monasterio. Muy austero y, en parte, cargado de la ornamentación propia
de la orden, creando espacios de luz muy tenue y grandes vanos a la vez.
Su construcción data de siglo XII y XIV, las sucesivas épocas en
las que se fue levantando quedan representadas en los distintos modelos
arquitectónicos que se pueden diferenciar.
Desde el
claustro descrito se va pasando por cada una de las dependencias que dan
cuerpo al conjunto, la cocina, de estilo medieval; el comedor, con su
llamativo ventanal; el refectorio, el lavatorio con su original fuente de
planta hexagonal; el calefactorio, el Scriptorium o sala de los monjes, el
locutorio, con sus veinticuatro celdas; y la espectacular Sala Capitular.
La Sala
Capitular es otra de las estancias de gran atractivo del recinto. De
estilo esencial cisterciense y de planta
rectangular está cubierta con seis planos de bóveda con nervios sobre
las ménsulas y dos columnas centrales.
Para
finalizar, la iglesia de Santa María. El templo es de planta de cruz
latina, con una capilla central y dos capillas laterales. En conjunto es
un edificio gótico, a la vez sobrio y con algunas reminiscencias románicas.
Por todo,
en el tramo navarro del Camino de Santiago, el Monasterio de Iranzu se ha
convertido en parada obligada de peregrinos y de inquietos paseantes de
nuestra geografía.
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