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Diana
floreada y gigantes y cabezudos. Así suelen
iniciarse todos los programas de fiestas en La
Vera. Y junto a ellos la flauta y el tamboril
ponen el sonido al despertar de los festejos.
Conocer la comarca de La Vera es también conocer
su artesanía. Por ello, un recorrido visitando a
los artesanos más populares de cada uno de sus
pueblos, permite conocer el pasado de este
pedazo de tierra cacereña y, a la vez, sus
gentes, costumbres y raíces.
De
este modo, llegar a un pueblo de nombre tan
extraño como Gargüera, conocido en otros tiempos
como Villaflor de La Vera, visitar su coqueta y
humilde iglesia o darse una vuelta por el taller
de Pedro Garrido Sánchez, sitúa al viajero en un
ambiente diferente. Garrido elabora flautas y
tamboriles. Esos que comenzó a realizar de la
mano de su abuelo, cuando con tan sólo siete
años, le acompañaba a la sierra a llevar el
ganado. Allí comenzó a fabricar pequeñas flautas
de caña y saugo, para imitar así a los
tamborileros de la época. Hoy ha perfeccionado
su arte y elabora flautas con maderas más
resistentes, bien de fresno, encina o castaño.
Pero especialmente, prefiere el olivo por tener
mayor sonoridad y resistencia. Para los remates
utiliza embocaduras y arandelas de cuerno de
cabra. La gubia y la navaja le ayudan a labrar
la madera. Pedro Garrrido no sólo elabora con
sus manos arte que se refleja en sus flautas y
tamboriles. De ellas salen también los sonidos
tradicionales que estos instrumentos desprenden.
Siguiendo
el camino, Arroyomolinos de La Vera es el
siguiente hito. Allí, Pilar García Rodríguez
imparte una buena lección sobre la arquitectura
popular verata. Arquitectura que ha sido
declarada Conjunto Histórico-Artístico en cinco
pueblos de la comarca: Garganta la Olla, Pasarón
de La Vera, Cuacos de Yuste, Valverde de La Vera
y Villanueva de La Vera. Gracias a artesanos
como Pilar, se tiene constancia de fachadas,
picotas y balconadas que han desaparecido.
Ella realiza reproducciones de las casas
populares veratas, elaborándolas con los mismos
materiales que se utilizaron para su
construcción. Cemento blanco, piedra, madera,
encajes de ganchillo, hierro, tejas, hojalata,
tintes y pinturas, son algunos de los elementos
que le permiten, gracias a sus manos, realizar
estas miniaturas.
Marcando
el trayecto, la huella de los zapatos
artesanales de Teodoro Sánchez conducen hasta
Jaraiz de La Vera. Cuarta generación de una
dinastía zapatera, de las manos de Teodoro
Sánchez salen exquisitos zapatos artesanales que
ya no sólo son famosos en Extremadura. Sus
creaciones han cruzado las fronteras y han
llegado hasta Alemania, Portugal, Francia o
Austria. El se enorgullece de contar con un
modelo exclusivo herencia de su familia, el
modelo angelito, que el ha depurado y
perfeccionado. El realiza prácticamente todo el
proceso, dejando el aparado y el guarnecido en
manos de su mujer. Es uno de los artesanos más
populares de La Vera. Visitar su minúsculo
taller es toda una delicia. Si se tiene la
oportunidad de verle trabajar y charlar un rato
con él, el viajero tendrá la oportunidad de
conocer muchos secretos de La Vera.
Exquisitos bordados también elabora en Jaraíz
María Vicenta Nevado. Jubones, refajos,
pañuelos, camisas, pantalones o chaquetas se
convierte en arte de la mano de esta mujer. Ella
al igual que Rosa Mari, que vive en el cercano
pueblo de Navalmoral de la Mata, han realizado
multitud de trabajos, no sólo para aquellos que
desean contar con un bello traje regional, sino
también para muchos foráneos que han sabido
apreciar su trabajo.
Banastas y cestas de castaño, muy típicas en
Extremadura se encuentran en el taller Hititas,
de Margarita González. Pero no sólo la cestería
se esconde en este rincón de Jaraíz. Ella
también realiza cerámica, objetos decorativos y
vasijas y murales.
El
rastro del barro conduce hasta la localidad
cercana de Collado de La Vera. Pueblo conocido
por sus famosas pilas, donde no hay que
marcharse sin darse un chapuzón, Collado cuenta
además con el privilegio del Jubileo. A caballo
entre esta población y Plasencia trabaja Jim-Lab,
artesano del barro, que utiliza fundamentalmente
la terracota. Entre sus técnicas destacan el
"churro" y el torno. Una segunda cocción
mediante Rakú (reducción con serrín), produce
unos efectos muy singulares que le ha permitido
imprimir un estilo personal.
Pedro María Calero, cántabro, de Castro
Urdiales, decidió trasladarse a uno de los
pueblos más bellos de La Vera, Garganta de la
Olla. Allí, gracias a sus conocimientos sobre la
talla de la madera, comenzó a inspirarse en
motivos de la arquitectura popular de la
localidad y también en muebles labrados que
encontró en diferentes casas garganteñas.
En la
calle Teodoro Perianes de Cuacos de Yuste, Luis
Roberto Iglesias, ve pasar los días con sus
trabajos en forja. Ha sabido darle un estilo
singular añadiendo a sus creaciones otros
materiales como piedras o maderas talladas.
De Cuacos a Guijo de Santa Bárbara. Es una de
las localidades más bellas para pasear y
sentarse a tomar uno de sus muchos y variados
licores. Entre una actividad y otra, una
conversación con Juan Carlos Vicente Castañares,
maestro de la talla de la madera y habitual
artesano en diferentes muestras de España y
Portugal.
En
Villanueva de La Vera, tres son los bastiones
más importantes, en lo que se refiere a
artesanía, que el viajero puede encontrar.
Manuel y María José en su taller Silex elaboran
diferentes piezas que ellos mismos decoran a
mano, rematadas con esmaltes y engobes a base de
cobre, estaño, plata, sílice o cuarzo,
ofreciendo una cerámica de vivos reflejos y
atractivas texturas. Angel Jiménez Serrado
domina el arte de la talla en madera. Se
caracteriza por ser uno de los pocos artesanos
veratos que aún fabrica rabeles, de gran
importancia para el folclore verato. Muy
distinto es el trabajo de Ana Martín. De su
telar de bajo lizo salen chales, fulares,
faldas, alfombras o bolsos.
Diversos son los premios que han obtenido
Avelino y Angie por su trabajo en el taller de
Madrigal de La Vera. Platos, esculturas, vasijas
y murales, son algunas de sus obras.
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