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La
plaza es, en sí misma, un vacío; es lo no construido; es el espacio libre de
edificaciones. Y, al mismo tiempo, como fuerte contraste, se encuentra rodeada de buen
número de fachadas que la aportan carácter y una mayor o menor coherencia estética. Son
sus fachadas la que la definen, en base a su peculiaridad, disposición y estilo. Además,
urbanísticamente, casi siempre, la Plaza Mayor se convierte en lo más relevante
de una población y en el conjunto estilístico capaz de definirla.
La Plaza Mayor siempre es la más
amplia de la localidad, clara jerarquía con respecto al resto de plazas o plazuelas, y
está más regulada arquitectónicamente. Su origen se debe a dos factores importantes y
para los que fue creada. Por un lado, como unidad urbanística, se concibe para servir a
la sociedad local, pues se convierte en el centro comercial y lúdico de la población.
Por otro, para representar a la localidad, siendo centro de la misma. De este modo, la Plaza
Mayor fue fundada con el único fin de ser útil a una sociedad, algo que continúa
prevaleciendo aunque su utilidad haya variado con los años, la moda, los gustos u otros
factores.
Con el tiempo, la Plaza Mayor se ha
convertido en el signo representativo del pueblo y orgullo de su sociedad. El mercado fue
casi siempre la principal razón de estas plazas, pues en su delimitado espacio se
instaló el comercio para abastecerse de todo lo cotidiano y la feria donde adquirir
productos más exclusivos. En ellas, se compró y vendió el ganado y se contrataron pastores, jornaleros y peones. En ellas,
los cambistas hicieron sus principales negocios, los menestrales vendieron los productos
realizados con sus manos y los mesoneros, bodegueros y estanqueros, ubicados bajo los
soportales, hicieron más llevadera la dura vida de los mortales.
Pero no sólo se comerció. La plaza
también sirvió de escenario en el devenir histórico de la sociedad local. En ellas, se
representaron los autos sacramentales y los más fastuosos actos religiosos. En ellas,
protestó el pueblo ante la injusticia o el hambre y se alegró en los días de fiesta y
bodas. En ellas, se dió el último adiós a un rey muerto y la bienvenida al nuevo. En
ellas, se anunció un fuego, el nacimiento de un infante o la proclamación de una
república. En ellas, se vivió lo dulce y lo amargo de la vida.
De Sanchos y
Quijotes
Los mismos Reyes Católicos
impulsaron la construcción de las plazas mayores, pues, con la idea de ennoblecer las
ciudades y las villas de su reino y de que "tengan cosa grande y bien hecha en que
hagan sus ayuntamientos y concejos y en que se ayunten las justicias y regidores y
oficiales", dictaron en Toledo, en el año 1480, la citada pragmática en
la que obligaban a la construcción de plazas bajo la amenaza de derogar el título de ciudad
o de villa. Este fue el motivo por el que muchas villas de La Mancha
levantaron sus casas grandes, que no ha de ser término despectivo, como señal del
poder que los concejos tenían sobre bienes comunes y una, cada vez mayor, autonomía
jurisdiccional.
En este sentido, no se debe obivar que el viejo
concejo municipal castellano tiene su origen del latín "comun", de donde
toma nombre lo administrado. Los bienes comunales se identifican, de este modo. con la
plaza, los caminos, los montes y las dehesas propias para el uso de todos los vecinos y
que administra el concejo. La reunión de dichos concejos, de donde nace la palabra concejal,
tenía lugar en la puerta o en los atrios de las iglesias y en el ayuntamiento, donde
hecho raíces el pleno municipal.
El espacio vacío se rellena, además, con
otras construcciones que lo rodean y que prestan sus fachadas como particulares
vestimentas. La principal es, sin duda, la de la parroquia, por lo que, al compartir el
mismo lugar, lo civil y lo eclesiástico cobraban el mismo significado. Una sola parroquia
en una circunscripción demostraba que institución y territorio iban ligados. Y la
iglesia se utilizaba también como lugar de encuentro de los vecinos, pues, a campana
tañida, se reunía el pueblo en sus atrios para dirimir asuntos civiles.
Mientras las más postreras, aquellas que
nacieron durante la época borbónica de la Ilustración, desean transmitir
felicidad y bienestar, características que han impregnado las últimas reformas de viejas
plazas.
Plaza Mayores de La Mancha,
fiel reflejo de una tierra y de sus gentes, gentes honestas que trabajan en diversos
oficios. Gentes que en algo son Sanchos y en algo Quijotes.
Gentes que, en sus plazas, han creado juegos infantiles y han guiñado el ojo a la que,
más tarde, fue madre de sus hijos. Plazas de viejos de cuerpos cansados de vida trabajo
al sol de otoño. Plazas de La Mancha llenas de historia y esperanza de futuro.
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Daimiel
Armoniosa plaza de Daimiel. Tu, la antigua de Los Portales
Blancos, un día levantada, en los ya lejanos años del siglo XVI, sobre otra más
antigua, eres bella y elegante. Aquellas viejas columnas de madera que soportaban zapatas
y correas te fueron sustituidas, en el pasado siglo, por éstas erguidas de forja al
entonces gusto modernista.
Tienes perfecta planta rectangular y tus soportales, abigarrados de
comercio, constituyen el pulmón comercial de la ciudad. Años ha que tenías la parte
superior adintelada y, en ella, se abrían galerías y corredores desde donde ver tardes
de toros y mogigangas carnavalescas. Mas la codicia humana, que no cesa, fue cerrando tus
corredores y te nos presentas con huecos de ventanas bien definidos y armoniosa fachada.
Plaza de Daimiel, la de las muchas aguas, por la que un día pasearon
aquellos tipos tan de la tierra que Juan D'Opazo plasmó en sus óleos. Tu, que
tantas veces oíste decir a un daimileño al dirigirse a una joven:
"Ya sé que te has hecho novia
con un chico forastero.
El día que tu te cases
Será tu boda y mi entierro".
Que bella estás ahora con ese viejo olivo. Viejo, por sus mil años.
Nuevo, por su emplazamiento. |
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Almagro
Suntuosa plaza mayor con ese peculiar verde que debería de llamarse "verde
Almagro". Dispuesta como uno de los ejemplares más relevantes de las plazas
mayores medievales.
Tu cobijaste el mercado más importante de las tierras de Calatrava.
Tu fuiste centro del poder jurídico y eclesiástico de tan poderosa Orden, como
prueban, en ti, las huellas del palacio, con armas del siglo XIV, del que fue Gran
Maestre Gonzalo Nuñez de Guzmán. En tu memoria permanecen la que, un día, fue
parroquia de San Bartolomé y, cerrando la cuadratura, las Casas Consistoriales
donde se levantaron los muros del antiguo edificio del concejo.
Todo en ti es sobrecogedor. Tu mesón de la Plaza, con su Corral
de Comedias, donde, desde el siglo XVII, compañías de ambulantes cómicos
interpretan a Lope, Calderón, Tirso de Molina... O el callejón del Toril,
por donde se accedía a las balconadas para ver juegos de cañas y toros.
Por tus amplios espacios han pululado sotaneros clérigos, guapas y
atractivas cómicas, caballeros cruzados de Calatrava, financieros extranjeros como
los Fúcares, estudiantes de tu universidad, nobles, jornaleros, encajeros y un sin
más que hacen, de ti, una estampa única y viva.
En la alzada reglamentaria, la piedra debe ir del tablado al hombro,
por la parte frontal del forzudo. Este puede usar una faja o gerriko en la cintura,
para apoyar una arista de la roca. En el hombro, debe lograr la horizontalidad de la
arista inferior de la piedra o su punto más bajo y debe parar un instante para demostrar
la intención de dejarla caer, obligatoriamente, por la parte frontal y a los sacos de
arena que amortiguan el impacto en el tablado. El ayudante podrá tocar la piedra al
comenzar el descenso. |
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San Carlos del Valle
Todo en ti es quietud. Quietud de sol que mueve las sombras lentamente.
Quietud en el silencio recoleto que casi angustia. Quietud que produce la ausencia de
roces humanos. Sólo un galgo flaco y de lento andar hace pensar que estás habitada.
Que casualidad de la vida fue, a principios del siglo XVIII, cuando el
arquitecto Olavide fue a diseñarte y fundarte, con el espíritu ilustrado de hacer
una ordenada colonización en el viejo camino hacia Andalucía, Carlos III
decidiese abrir un nuevo camino al sur por Despeñaperros. Tal vez, éste sea el
motivo por el que tu pueblo ha permanecido recoleto y tu, invariable.
Sólo hay en ti algo que inquieta y es esa fachada barroca, de
exhuberantes formas y pronunciada cúpula, de tu templo. Ambas distraen el sosiego que
produces, mientras el ayuntamiento se difumina entre balcones y maderas bien tratadas. |
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Villarrobledo
Plaza vieja de Villarrobledo eres, en sí, la cúspide de las
plazas mayores de Castilla. Todo en ti es ancestral orden nacido en el
medievo.
Orden de evolución lúcida y armoniosa. Cuán lejos queda aquella plaza de mercado,
razón de tu creación.
Tu iglesia de San Blas se levanta sobre otra más antigua, bajo
la misma advocación del santo protector de las gargantas. Y si algunos pueblos de Castilla-La
Mancha carecen de palacios, castillos y restos de culturas antiguas y todos cuentan
con bellas iglesias, la tuya goza de los aires de Vandelvira, los mismos que
dejaron su impronta en Alcaraz, su tierra, Ubeda, Baeza y Granada.
Tu ayuntamiento, con claustro incluido, es fiel reflejo de lo pedido
desde Toledo, en 1480, por los Reyes Católicos a sus villas de Castilla:
levantar grandes y fuertes casas que acogieran dignamente a los representantes del concejo
y administradores del común, bajo la pena de quitarles los títulos de villa, si
así no lo hicieran.
La casa señorial de los López-Muñoz pone de manifiesto la
importancia de la nobleza local en la España del Renacimiento. |
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Tembleque
No eres la más antigua, ni la más grande, ni la más lujosa. Pero sí
eres la señora de las plazas de La Mancha. Airosa, elegante, majestuosa y coqueta,
eres, sobre todo, plaza de representatividad. Con que talante, casi cortesano, verían los
vecinos de tu villa las fiestas de toros, los días de comedias y las exaltaciones
patrias.
Lejano queda aquel 1693 en que fuiste inaugurada, más para servir
dignamente de centro administrativo, lúdico y festivo que para trasiego de ganados y
mercaderes. Del histórico pasado de tu villa queda en ti la grandeza de una rica villa y
la profusa decoración de cruces de malta, recuerdo del paso de los caballeros de la Orden
de San Juan de Jerusalén, aquellos que heredaron las propiedades de los legendarios
templarios.
Todo en ti es armonía y la sensación que produce una plaza cerrada a
modo de coso o gran corral de comedias la rompes con esos airosos accesos capces de hacer
que la plaza no termine en su propio espacio. |
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Valdepeñas
Vieja plaza del pequeño poblado llamado Val de Peñas, habitado
con gentes de los pueblos vecinos. Quién podía adivinar, entonces, que serías el centro
de un pueblo popular y trabajador, que sabe de sí y de sus vinos. Tu, que vistes
pertenecer tu villa a la Mesa Maestral de Calatrava. Tu, que fuíste plaza capital
del señorío de don Alvaro de Bazán. Tú, que vistes con orgullo el heroísmo de
tus vecinos ante el francés invasor y a aquel humilde vecino Francisco Abad
convertirse en genuino guerrillero apodado Chaleco.
Señera y soberana, te corona,
¡oh, plaza!, la majestuosa parroquia de
la Asunción de Nuestra Señora del Templo, tal vez, en su día, mezquita de
mahometanos. Las inscripciones en lengua árabe que en ti hay así lo manifiestan. Una de
ellas dice, lacónicamente: "Unidos, juntos moriremos". Triste destino
para un pueblo también español.
Tu eres el disfrute del vecino y del pasajero, que contemplarán, en la amplitud de tus
fachadas, el blanco y el azul del que habría de ser bandera de La Mancha. |
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La Solana
En el altozano de un montículo, dominando los ricos Campos de Montiel,
te levantaron un día, ya lejano, los pastores sorianos que un día te poblaron. Fuíste
creciendo por el tesón de tus vecinos y el impulso santiaguista te configuró como villa
ya en el siglo XV.
Con todo lo que tienes de majestuosa, nunca quisiste renunciar a tu
encantado sabor popular. Ese que te dio la impronta que sólo tienen las cosas bien
hechas, aunque el que las haga no sepa de estilos. Tienes portales adintelados y arcos de
medio punto, preciosa y singular Casa de la Posada, la que tal vez ocuparon quienes
hasta aquí venían a comprar hoces y azafrán. Tienes magnífico templo, de muchas
épocas y estilos, bajo la advocación de la mártir Santa Catalina.
Todo en ti es gracia y sabor popular. Por eso, te permites anunciar tu
presencia a todo el paisaje de los Campos de Montiel con esa torre alta, altísima,
de formas manieristas y porte andaluz. |
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San
Clemente
Cómo serías, Plaza Mayor de San Clemente, en aquellos
lejanos días cuando te gobernaron los Villena, poderosos, caprichosos e
intrigantes príncipes renacentistas. Seguro que ya estabas configurada, pero aún tenía
que llegarte el año de buen recuerdo de 1445, cuando alcanzaste el título de villa.
Entonces, nació otra época, culminada en 1476 con la concesión del mercado franco los
jueves.
En el siglo XVI, levantaron en tu solar magníficas casas de
ayuntamiento, para que tu concejo no tuviera que reunirse en el pórtico de la iglesia de Santiago.
Y, junto al ayuntamiento, de imponente traza renacentista, nació el pósito, esa
institución de origen árabe-español destinada a reservar las semillas más habituales
de la zona para prestar, a bajo interés, a los agricultores que perdían cosechas por el
fuego o por las inclemencias del tiempo.
Que antigua eres, Plaza Mayor de San Clemente, pues, ya en época de
templarios, en ti se levantaba una fortaleza de los Caballeros del Templo de Jerusalén
que, luego y ahora, sería, y es, bella Colegiata de Santiago. |
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Villanueva de la Jara
Plaza Mayor
del concejo, entre tus fachadas no sobresale la iglesia,
la cual se levantó junto al hastial defensivo en época de los Villenas. Mas,
conservas de las viejas plazas el paso cubierto de una fachada, donde, tal vez, un día,
reposó una santa andariega y abulense de nombre Teresa, cuando vino a fundar el
cenobio carmelitano.
Te preside, plaza, el ayuntamiento renacentista de suaves y pulcras
líneas, de doble orden dórico, de arcadas de medio punto, junto al que se encuentra el
viejo pósito y la torre de campanas. Y, para hacerte presente, se levantó, en el pasado
siglo, ese edificio neomudéjar que es el palacio de Cánovas. |
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El Toboso
Vieja plaza del mítico El Toboso, eres de piedra blanda, fiel
reflejo del origen de tu nombre "tobas" o piedras blandas. Eres plaza de
uno de los poblados más antiguos de La Mancha y fuiste Mayor de una
población de cerca de veinte mil vecinos, en el siglo XVI.
Mas, con toda tu belleza y monumentalidad, eres, plaza de El Toboso, símbolo
del amor. Pues, vecina tuya fue la doncella llamada Dulcinea, española que obtuvo
los más bellos y altos deseos de justicia y amor de un caballero, como fue don Quijote,
quién por las plazas manchegas anduvo y que de alguna de ellas sería. Aunque Cide
Homete Benengeli no lo dispuso puntualmente "por dejar que todas las villas y
lugares de La Mancha contendiesen entre sí por ahijárselo y tenérselo por suyo, como
contendieron las siete ciudades de Grecia por Homero". |
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Datos prácticos
Desde Ciudad Real, se puede acceder, por la carretera C-415,
las ciudades de Almagro y Valdepeñas. También desde Ciudad Real,
pero por la carretera N-430, se puede alcanzar Daimiel y La Solana.
Desde aquí, por la carretera C-644, se llega a San Carlos del Valle.
Desde Daimiel, es posible seguir por la carretera N-430
hasta Manzanares, lugar desde donde habría que desviarse, por la N-310 en
dirección a Tomelloso y, finalmente, Villarrobledo y San Clemente.
Siguiendo por la misma vía, a unos cincuenta kilómetros, se encuentra Villanueva de
La Jara.
También desde Daimiel, subiendo por la carretera n-420,
se puede alcanzar la N-IV, donde se sitúa Tembleque. Desde aquí,
desviándose por la C-402, se llega a Quintanar de la Orden y, por la TO-100,
en apenas diez kilómetros, a El Toboso.
YANTAR
Casa de la Torre.
C/ Antonio Machado, 16. El Toboso.
Tel.- 925
56 80 06.
El Bodegón. C/ Lucha, 20. Daimiel. Tel.- 926 85 26 52.
La Aguzadera. Autovía de Andalucía, kilómetro 197,400. Valdepeñas.
El Quijote. Ctra. Alhambra, 35. La Solana. Tel.- 926 63 16 35.
Confortel Almagro. Ctra. de Bolaños, s/n. Almagro. Tel.- 926 86 00 11.
Mesón El Queso. Ctra. de Madrid, kilómetro 102. Tembleque. Tel.- 925 14 50 63.
Jamaica. Ctra. de Cuenca-Albacete, kilómetro 56. Villanueva de la Jara. Tel.- 967
49 30 01.
Casa Angel. C/ Clavel, 37. Villarrobledo. Tel.- 967 14 38 32.
PERNOCTAR
Casa de la Torre. C/ Antonio Machado, 16. El Toboso. Tel.- 925
56 80 06.
Hostal Las Brujas. Ctra. Nacional 420. Daimiel. Tel.- 926 85 22 89.
Hostal Valdepeñas. Avda. Gregorio Prieto, 47. Valdepeñas. Tel.- 926 32 23 28.
Convento de la Asunción. C/ Ejido de Calatrava, s/n. Almagro. Tel.- 926 88 20 87.
La Purísima. Ctra. Madrid-Cádiz, kilómetro 94. Tembleque. Tel.- 92514 50 78.
Jamaica II. Ctra. de Cuenca-Albacete, kilómetro 56. Villanueva de La Jara. Tel.-
967 49 30 01.
Casa Lorenzo. Ctra. N-301, kilómetro 137,8. Villarrobledo. Tel.- 967 14 54 44.
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