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Viajes,
Rutas y destinos en Castilla y León
Tras las huellas de los vettones
Un recorrido por la provincia de Ávila permite
desvelar algunos de los misterios de esta cultura |
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Los romanos bautizaron a esta tierra como Abula y también Oppídum o ciudad de los vettones. Una escapada a Ávila permite disfrutar de todos los encantos de esta ciudad Patrimonio de la Humanidad y penetrar en los secretos de una cultura casi desconocida.
Por Enrique Sancho© revistaiberica
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Hace 2.500 años vivían en las tierras que hoy ocupan Ávila y Salamanca y
también parcelas de terreno de Zamora, Toledo, Cáceres y zonas de
Portugal, un pueblo al que los romanos, siglos más tarde, denominaron
vettones. Formaban parte de la gran familia de los celtas que ocupaban
buena parte de la Europa de aquellos tiempos y que, según Herodoto
cubrían "desde las fuentes del Alto Danubio a más allá de las Columnas
de Hércules". Sus primos hermanos más próximos, según Estrabón y Plinio,
eran los célticos y lusitanos, y también los carpetanos, oretanos,
vacceos...
Pero sobre los vettones y su cultura, sobre su tierra La Vetona, sobre
sus ritos y modos de vida poco se ha sabido. Sus símbolos más populares
son esas esculturas en piedra que representan toros y cerdos, conocidos
como verracos y cuyos más ilustres representantes son los populares
toros de Guisando. Tal vez la falta de información sobre esta cultura, y
el carácter entre mágico, religioso e incluso esotérico de los verracos
ha hecho que el mundo de los vettones haya permanecido durante mucho
tiempo en las tinieblas de la ignorancia.
Ahora, la muestra "El descubrimiento de los vettones" que se presenta en
el Torreón de los Guzmanes de Ávila, sede de su Diputación Provincial,
pretende arrojar un poco de luz sobre esta misteriosa cultura. La
exposición reúne los fondos que ha cedido el Museo Arqueológico Nacional
y se une a la muestra permanente "Vetona, cultura y naturaleza" que
explica a los abulenses y a los visitantes de otros lugares, los
secretos de sus más lejanos tatarabuelos. De este modo se sigue el
camino iniciado con el espectacular montaje "Celtas y Vettones" que
organizó Ávila en 2001 y que fue acogida como una de las más grandes
exposiciones internacionales dedicadas al mundo celta.
La muestra rinde también homenaje a quienes participaron en la
definición de la cultura vettona desde finales del siglo XIX hasta
mediados del XX y cómo lo hicieron. Los materiales seleccionados
proceden, unos pocos, de las colecciones decimonónicas de Rodríguez y
Rotondo, y la mayoría, de las excavaciones que realizó Juan Cabré Aguiló
con la ayuda de su hija Encarnación, y otros expertos como García
Cernuda o Molinero.
A través de una cuidada selección de objetos, con sus decoraciones y
manufacturas de caracteres originales, se puede identificar una de las
importantes culturas prerromanas y diferenciarla de otras coetáneas. Una
cultura cuyo momento de máximo esplendor se desarrolló entre los siglos
IV y II a.C. en el entorno del valle medio del Tajo.
Se han distribuido las piezas, que superan el centenar, en nueve
apartados temáticos referidos a los protagonistas del descubrimiento y
los primeros materiales que conocieron; a los pobladores que
antecedieron a los vettones en el mismo área geográfica y a datos de la
vida cotidiana, económica, social y religiosa de los vettones.
Los vettones vivían en ciudades que recibían el nombre de castros,
estaban amuralladas y situadas en zonas de fácil defensa. Las casas del
castro eran de piedra, de una sola planta, con techos de ramas, madera o
barro. Era un pueblo guerrero, amante de la independencia y austero. Se
dedicaban a la ganadería y a cultivar de cereales los campos que
rodeaban el castro. Los vettones adoraban al sol y a la luna; y algunos
historiadores creen que también rendían culto a los animales, sobre todo
al toro. Incineraban a los muertos antes de enterrarlos es sus
necrópolis, junto a algunos elementos vinculados a su vida: vasijas,
armas, adornos, objetos de los hogares...
Turismo arqueológico
Pero el conocimiento de esta cultura no
sería completo sin visitar "in situ" los lugares en que vivieron y los
restos que han dejado. Los organizadores de la muestra han creado varios
interesantes itinerarios por los principales castros vettones de la
provincia de Ávila que permiten ver uno o varios castros seleccionados
entre los de mayor interés y mejor señalizados y acondicionados: Las
Cogotas, Ulaca, La Mesa de Miranda, El Raso... Junto a ellos, cabe
recomendar la visita a algunos "verracos" o esculturas de toros y cerdos
que marcaban y protegían los poblados y prados de los vettones, entre
los que destacan los conocidos "Toros de Guisado".
La finalidad de esta idea es que la exposición "El dscubrimiento de los
vettones", además de ofrecer una completa visión de los más diversos
aspectos de su mundo y su cultura, permita conocer y familiarizarse con
los castros y los paisajes celtas originarios, conservados en parajes de
singular belleza. Este turismo arqueológico, unido al disfrute del medio
ambiente natural y a la buena gastronomía y la hospitalidad de las áreas
rurales, constituye un trinomio que permite disfrutar de un turismo
cultural de la más alta calidad.
Un buen comienzo de la ruta puede ser el antiguo castro de Ulaca (Villaviciosa-Solosancho),
que debió ser uno de los más importantes. Según el historiador Gutiérrez
Palacios, Ulaca habría sido "la mayor ciudad celta conocida de Europa".
El castro de Ulaca está situado sobre una pequeña colina que presenta
dificultades para ser atacada; tiene cerca un arroyo que le permite
abastecerse de agua y los ricos pastos del Valle Amblés para el ganado.
Ocupa un alto monte granítico a más de 1.500 m de altura, cuyo acceso
exige una hora de marcha por un camino de montaña en ocasiones empinado.
Desde su cumbre se divisan amplias vistas en todas las direcciones, en
especial hacia el norte, pues domina todo el Valle Amblés cruzado por el
río Adaja, y hacia el sur, donde se alza la majestuosa mole de la Sierra
Paramera. Seguramente sería un santuario colectivo que, ante la presión
romana, se fortificó y convirtió en una impresionante ciudad
fortificada, que parece haberse abandonado hacia el 72 a.C.,
probablemente a consecuencia de las Guerras Sertorianas.
Ofrece más de 60 hectáreas de superficie, con diversos recintos cerrados
por importantes murallas de más de 3.000 metros de perímetro, aunque
bastante arrasadas. Su interior conserva cimientos de numerosas casas y
algunos monumentos muy singulares, como el "Altar",labrado en un canchal
de granito con escalones orientados hacia la Sierra de la Paramera, la
"Fragua", seguramente restos de una sauna ritual tallada en la roca, el
"Torreón", conjunto de grandes sillares pertenecientes a un gran
edificio público levantado junto a la fuente principal del poblado, y
varias canteras prerromanas que todavía conservan in situ parte de los
sillares tal como fueron arrancados.
El castro de "La Mesa de Miranda", está situado en Chamartín de la
Sierra, en cuya plaza se conserva un hermoso verraco. Se encuentra a 22
km por la carretera AV-110, que parte de Ávila hacia el oeste paralela a
la Sierra de Ávila por su vertiente norte. A este castro se llega por un
camino de unos 4 km que se dirige hacia el norte. De todos los castros
de Ávila, es el que mejor conserva sus murallas, de más de 2.800 m de
perímetro, que forman un triple recinto de unas 30 hectáreas de
superficie y, además, ha sido recientemente organizado para su visita.
Es impresionante el acceso al tercer recinto, desde donde se puede
caminar hasta la puerta sureste del Recinto I, ante la que se conserva
el foso semienterrado y magníficas áreas de piedras hincadas para
dificultar los ataques. El recorrido hasta el extremo norte del castro
permite apreciar su estratégica situación protegido por dos profundos
valles y controlando el paso a la sierra desde las llanuras del Duero.
Los toros de Guisando
Las
esculturas de animales en piedra, popularmente conocidas como
"verracos", aunque tanto pueden ser cerdos como toros, constituyen una
de las más originales creaciones del arte celta. De ellas se conocen más
de 400 ejemplares extendidos por Ávila, Salamanca, Zamora, Cáceres y el
norte de Portugal. El conjunto más famoso, ya citado en El Quijote, es
el de los "Toros de Guisando". Lo forman cuatro bellas esculturas de
toro de dimensiones considerables, pues miden más de 2,5m de largo,
situadas en un amplio prado en el camino natural de Ávila a Toledo, en
el término de El Tiemblo.
Las esculturas, labradas en granito, aparecen alineadas con sus cabezas
hacia el oeste, ofreciendo alguna de ellas agujeros para insertar los
cuernos y suaves surcos paralelos para indicar los pliegues del cuello.
Seguramente serían imágenes indicadoras y protectoras mágicas de los
prados situados en sus contornos. Su cronología puede establecerse en
los siglos IV-III a.C., aunque una de ellas muestra en el lomo una
inscripción romana.
Para reponer
fuerzas
La ruta de los
vettones y todos los otros itinerarios que pueden emprenderse en Ávila y
su provincia abren el apetito. Pero no hay que preocuparse, se está en
una tierra que tiene tradición de alimentar el espíritu, siguiendo a sus
santos místicos, pero también el cuerpo con su variada gastronomía.
Basada fundamentalmente en los productos agrícolas y ganaderos que le
aporta una provincia caracterizada por la diversidad geográfica y
climática, la cocina abulense debe mucho al legado heredado de la
convivencia de las tres culturas: islámica, hebrea y cristiana. Así
Ávila ofrece al buen yantar un nutrido grupo de platos típicos de enorme
prestigio.
Como entrante de una buena comida nada mejor que un buen plato de
entremeses con productos de la matanza como el lomo y el chorizo de
olla, para continuar con las afamadas judías de el Barco de Ávila, con
denominación de origen, o los garbanzos de la Moraña, origen y
fundamento del apreciado cocido moragueño. Un primer plato más ligero
puede conseguirse con las posibilidades que ofrecen verduras y
hortalizas, ya sean judías verdes, cebollas rellenas, repollo al ajo
arriero o pimientos rellenos. Típicas son también las patatas "revolconas",
cocidas y machacadas que se aderezan con pimentón y torreznillos.
Carnes asadas, fritas, a la plancha o a la brasa constituyen buena parte
de la cocina abulense. La ternera de Ávila de raza Avileña, con
denominación de origen, ofrece la posibilidad de degustar el afamado
chuletón. Pero en el menú también tiene cabida el cochinillo o tostón
asado, el cabrito y el cochinillo cochifrito, el cordero asado y la
caza.
Quienes prefieran pescado, el Alberche y el Tormes aportan la riqueza de
sus truchas, que fritas, al horno o escabeche colmarán el paladar más
exquisito. La repostería es también rica y variada, de todos los postres
el más conocido son las yemas, pero no hay que olvidarse de las
torrijas, amarguillos, huesitos, natillas, empiñonados o las diferentes
tartas.
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