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La
bella estampa de la iglesia de Santa María, "la catedral" como la
conocen los vecinos de Castelló, parece dominar, desde una pequeña loma,
el paisaje de esta villa gerundense. Ella es testigo del florecimiento y de
la caída de esta villa, que parece haberse anclado en la Edad Media. Un
lugar que ha sabido estar con los tiempos futuros, sin dejar de lado su rico
pasado.
Aún es posible viajar en el tiempo y convertirse en un pícaro trovador que
entraba a la villa condal por la Portal de la Gallarda. Y es que, tras la
destrucción de Empúries, Castelló pasó a ser capital del Condado, con el
traslado a la villa de los Condes de Empúries. Así, el lugar se convirtió
en una zona estratégicamente defensiva rodeada de murallas. Todavía es
posible ver algunos lienzos cercanos al Portal de la Gallarda, el único
acceso que se conserva de las siete puertas que permitían la entrada al
recinto.
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La
bella estampa de la iglesia de Santa María, "la catedral" como la
conocen los vecinos de Castelló, parece dominar, desde una pequeña loma,
el paisaje de esta villa gerundense. |
Posiblemente,
el pícaro trovador se dirigiría a la Plaza de los Hombres, centro
neurálgico de la ciudad y ,allá por el siglo XIII, vería, al pasar
por la Plaza Mossèn Cinto Verdaguer, cómo se encontraban las obras, de la
Iglesia Concatedralicia de Santa María, emplazada en el mismo lugar que un
templo románico anterior, del que todavía se conservan algunas
estructuras. Se hallaba en el Barrio de Puig Salner, en el centro de
Castelló y sus descendientes, al paso de los siglos, no debían de caminar
mucho para pasar por la Casa Grande (Casa Gran), un buen ejemplo de
arquitectura gótica civil; y andar apresurado por la Curia-Prisión o
contemplar las vistas de la Sierra de Rodes desde el Pont Vell. Era la etapa
de mayor esplendor de Castelló.
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La iglesia de
Santa María |
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La iglesia de
Santa María se comenzó a construir en el siglo XIII,
aprovechando el lugar de una iglesia románica consagrada. Los
Condes de Castelló quisieron que la villa albergase la sede
episcopal del Empordà, de ahí su monumentalidad.
Claro exponente del gótico
catalán, su planta la forman tres naves, una central más ancha
y dos laterales. Estas últimas presentan la particularidad de
que su altura es distinta a la central en algunos tramos.
Destaca la belleza de la fachada principal formada por seis
arquivoltas que delimitan el tímpano y el frontón, rematadas
por doce hornacinas que "guardan" a los doce
apóstoles. Bajo las hornacinas, un zócalo con ventanas ciegas
descansan en un banco. En el interior destaca el altar mayor de
piedra y el retablo del mismo realizado en alabastro, así como
la original pila bautismal del siglo XI. |
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El núcleo fue extendiéndose tras la Edad Media formando el otro punto más
interesante de la villa condal, junto con el Puig Salner: el Puig del
Mercaldal. Un barrio en el que se concentraron gran cantidad de artesanos y
mercaderes, encontrando lugares como la Calle del Vino, de la lana, del
Burdel, etc. Destaca la estructura de la calles, especialmente la de Prat de
la Riba, que dicen es la calle más estrecha de Castelló y las Plazas de
los Hombres y del Gra (del Grano). Tan angosta, que cuentan que en las
antiguas fiestas del pueblo "el terrible Garrigues" saltaba de
lado a lado por los tejados de la calle. Pero el cariz artesano perdió
importancia a partir del siglo XVII en favor del sector agrario. Muestra de
ello es la fábrica
de harina que todavía existe a las afueras del pueblo.
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Al atardecer los barrios de Puig Salner y Puig del Mercaldal susurran el
trajinar de centurias anteriores, el ruido de la fragua, el trasiego de los
carros, el sonido de la rueca o el regusto a vino. |
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Los denominados
cortals, casa o masía con terrenos dedicados a la agricultura o a la
ganadería, conformaban la estructura económica de la ciudad. De las
últimas centurias del anterior milenio son los conventos de San Agustí hoy
casa particular y San Domènec, que acoge en la actualidad al ayuntamiento.
Y también el lavadero público, lugar que no hay que marcharse sin visitar,
y la torre dels Carlins.
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El núcleo fue extendiéndose tras la Edad Media formando el otro punto más
interesante de la villa condal, junto con el Puig Salner: el Puig del
Mercaldal. Un barrio en el que se concentraron gran cantidad de artesanos y
mercaderes, encontrando lugares como la Calle del Vino, de la lana, del
Burdel, etc. |
A pesar de la construcción en el siglo XX de Empuriabrava, 35 kilómetros
repartidos en un canal principal y 35 afluentes con lujosas casas a los
lados, Castelló ha sabido mantener intacto su pasado, buscando nuevas ideas
para un próspero futuro, combinando la tradición, con el turismo y la
naturaleza, gracias al Parque Natural de Aiguamolls, de una forma
envidiable.
Al atardecer los barrios de Puig Salner y Puig del Mercaldal susurran el
trajinar de centurias anteriores, el ruido de la fragua, el trasiego de los
carros, el sonido de la rueca o el regusto a vino. Y también se escucha
voces de señores y damiselas, de centinelas y mercaderes que aún perviven
entre las medievales piedras de la denominada "villa vieja".
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Las fotografías en blanco y negro pertenecen a la colección de Castelló
d'Empúries.
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